Audiencias públicas: una penosa fotografía del estado de la democracia argentina

Jalenska Zurakoski Luparelli.

En el contexto de las audiencias públicas por las tarifas del gas, la experiencia en general y la de Neuquén en particular, han ilustrado una vez más la inmadurez de la democracia argentina signada por la incapacidad de crear consensos y respetar la ley, aquella que iguala (isonomia) y pone en valor la palabra (isegoria).

La democracia en Argentina ha sido una excepción que marcó breves momentos de nuestra vida política, mientras que la regla ha sido la puja corporativa por el poder que actúa marginando a la sociedad civil del debate público. A lo largo de nuestra historia, la dinámica política ha sido atravesada por la lógica “amigo-enemigo” descripta por el filósofo y jurista alemán Carl Schmitt y revivida en tiempos más recientes por el intelectual Ernesto Laclau. En dicha pugna el peronismo logró imponerse por sobre sus contendientes con la lógica de un partido hegemónico que estructura un sistema político corporativo, con un liderazgo personalista ubicado por encima de la ley. Así se ha estimulado una política de permanente confrontación.

Dentro de este esquema, la democracia ha sido rutinizada y restringida al mero sufragio. Ha promovido una ciudadanía pasiva, provocando un vaciamiento de lo político puesto que el debate en la sociedad civil ha sido marginado y deslegitimado por medio de un mensaje de censura implícita: si un grupo representa a la patria, toda alternancia, todo cuestionamiento se transforma en antisistema y debe ser repudiado. Insertos en esta lógica surgieron y se consolidaron las fuerzas sindicales en el país. De la mano de una legislación de tradición fascista, las asociaciones gremiales coparon espacios de poder haciendo del conflicto y la agitación permanente una estrategia para obtener rédito político y financiero.

El Ministro de Energía, Aranguren presenciando las audiencias.
El Ministro de Energía, Aranguren presenciando las audiencias.

Entre el viernes 16 y el domingo 18 de septiembre, fueron 9 las provincias que tuvieron la oportunidad de llevar a cabo las audiencias públicas por el esquema tarifario del gas en sus principales ciudades: Concordia, en la provincia de Entre Ríos; la ciudad de Córdoba; la ciudad de Mendoza; la ciudad de Neuquén; Río Grande, en la provincia de Tierra del Fuego; Rosario, en la provincia de Santa Fe; la ciudad de Salta y Santa Rosa, en la provincia de La Pampa.

En el transcurrir de las audiencias se puso en evidencia el escaso interés de la ciudadanía en participar de estos espacios ya que los auditorios lucieron vacíos y fueron cientos los oradores ausentes. Las exposiciones en numerosos casos se destacaron por su tono altamente politizado e incendiario, de hecho las propuestas sobre aspectos técnicos fueron escasas. Más aún, la falta de interés en el intercambio de ideas se puso de relieve cada vez que los expositores abandonaban la sala al terminar su presentación. Muy probablemente la única excepción haya sido la actuación del Ministro de Energía, Juan José Aranguren, que permaneció desde el inicio hasta el final de cada jornada.

Si bien cabe preguntarse acerca de los incentivos para participar de un evento de carácter no vinculante con 400 oradores inscriptos, la celebración de audiencias fue demandada en nombre de la democracia desde que surgió en la escena política el debate por las tarifas de los servicios.

De las provincias convocadas para dar su opinión, Neuquén fue la única que tuvo que suspender las actividades una vez comenzado el primer encuentro por la violencia de Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) en las puertas del Concejo Deliberante. El desprecio por la palabra libre y la construcción de consensos se puso en escena, primero, alrededor de las 10 de la mañana del viernes, las exposiciones fueron interrumpidas por el ruido de la protesta de aproximadamente 50 manifestantes de Barrios de Pie que se hacían oír golpeando bombos afuera del edificio, denunciando el “tarifazo del gas” y “la negativa de Nación a aceptar a los oradores del movimiento”. Luego, la brutalidad entró en escena cuando los manifestantes más tempraneros se fueron del lugar dejándole el paso a la columna de la ATE.
incidentesDirigidos por Carlos Quintriqueo, secretario de la CTA neuquina, los manifestantes con pechera verde embistieron contra el edificio y agredieron a policías, gendarmes y a un fotógrafo, a quien le asestaron un piedrazo en la cabeza que requirió asistencia de inmediato por personal médico y posterior traslado al Hospital. La videoconferencia de la audiencia pública debió suspenderse y las exposiciones previstas postergarse para el día siguiente. Los asistentes a la audiencia debieron salir escoltados por fuerzas de seguridad, en un marco de bombas de estruendo, piedras y heridos. Así, los intereses creados de grupos habituados a vivir de la confrontación permanente obstaculizaron el normal desarrollo de la primera jornada de audiencias en la ciudad.

Mientras, la justicia brilló por su ausencia. Al respecto, el secretario de Coordinación, Marcelo Bermúdez expresó “¿Dónde está el jefe de fiscales?”, “¿No debería actuar de oficio? Había 100 personas encerradas y gente tirándoles piedras, rompieron bienes del Estado, hirieron a un periodista y a un policía… ¿No vio ningún delito?”, planteó en referencia a José Jerez en LU5.

Al día siguiente la audiencia continuó con la presencia de un fuerte operativo policial y escasos 15 asistentes en el SUM del Concejo.

De esta manera, las audiencias públicas han sido una fotografía penosa del actual estado de situación del sistema democrático argentino. Han exhibido la manipulación que llevan a cabo de las instituciones e instancias de participación diferentes grupos políticos para lograr sus objetivos al tiempo que dejaron al descubierto el escaso, por no decir prácticamente nulo, interés de la población en participar en el debate sobre los asuntos públicos.

Claramente esta imagen es un resultado de nuestro devenir institucional y pone de manifiesto que la transición política en Argentina que comenzó en el 2015, exige una conversión profunda de las estructuras de poder y un renacer de la vida democrática. La única manera en la cual la “grieta” entre los argentinos podrá cerrarse será en un marco de respeto continuado por las instituciones republicanas y democráticas que paulatinamente deberán ser reconstruidas.

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