La isla del día de antes

Alberto Weretilneck, gobernador de Río Negro

Alicia Miller.

Río Negro vuelve a ser una isla desde el punto de vista político. Y una que atrasa. Al estilo de la isla “del día de antes” que surgió de la imaginación de Umberto Eco.
Es isla la provincia cuando, bajo una endeble fachada de federalismo, el gobernador sigue sin inscribirse en alguno de los proyectos nacionales. Más que principios o fervor por la autonomía, la decisión de Alberto Weretilneck lleva a suponer la estrategia de quien elige surfear la ola de un lado al otro para conservar aliados en todos los flancos.

Alberto Weretilneck, gobernador de Río Negro
Alberto Weretilneck, gobernador de Río Negro

Así, rechaza un acuerdo con el radicalismo -partido al que le ha sacado una buena tajada de dirigentes vía contactos individuales-, reniega del peronismo -con quien integró el Frente para la Victoria que lo llevó al gobierno en 2011- y toma distancia del macrismo, que le tiende puentes a través de contactos institucionales. Un día les sonríe, al otro los mira con indiferencia.
Para el gobierno nacional, la motivación de sumar aliados en el interior se vincula con la sequía de referentes dispuestos a elogiar una gestión que atraviesa el período crítico de la reacción popular ante la primera etapa del reordenamiento de la economía, y especialmente del suspendido aumento de las tarifas de los servicios públicos.

Weretilneck aprovecha las oportunidades de celebrar convenios por obra pública, pero calla en relación con definiciones de estilos y programas de gobierno que no se condicen con los que aplica en la provincia.
La implosión del radicalismo y del peronismo y la endeblez de Cambiemos en la provincia lo han dejado prácticamente sin oposición. La desmesura con que el intendente de Roca busca ocupar un lugar en la opinión pública no logra contradecir la evidencia: Martín Soria carece de estructura política provincial y de paragua nacional, y el tono insultante que suele usar genera más rechazos que adhesiones.

Sintiéndose por ello un jugador casi solitario en la cancha de la política, Weretilneck gambetea con soltura, eludiendo lo que le molesta y enfilando al centro o hacia los flancos según convenga a sus fines.
Predicando aquello de ser “amo de las que calla y esclavo de las que dice”, elige las palabras o los silencios. En lugar de exponer ideas, proyectos o argumentos, alude a un apenas sugerido “proyecto provincial”, un magro poncho que apenas consigue ocultar su pretensión personal de aspirar en 2019 a ir por la re-reelección.
No son buenos momentos para promover el continuismo en el Estado. Sobre todo, porque la ola de denuncias por corrupción a nivel nacional -tras los tres períodos presidenciales en que se sucedieron Néstor y Cristina Kirchner- pone en tela de juicio aun la reelección simple.
El mandatario insiste, por ahora, en que su objetivo será “ganar las elecciones” de medio tiempo para renovar cargos parlamentarios nacionales. En 2017 renovarán su banca los diputados nacionales del Frente para la Victoria Luis Bardeggia y María Emilia Soria. Weretilneck aspira a lograr que Juntos Somos Río Negro inaugure una representación parlamentaria nacional propia. En su entorno, este objetivo es visto como una bisagra hacia la proyección de ese partido provincial con miras a la renovación gubernamental de 2019.
El gran escollo que el gobernador tiene en su intento de que JSRN siga en el gobierno una vez que termine su segundo mandato es que su estilo de conducción personalista ha impedido el crecimiento de otro dirigente en su sector.
Su vicegobernador Pedro Pesatti carece del carisma y de la confianza del núcleo duro del gobernador. Y no hay mucho más: la dinámica del gobierno hace que, si bien la imagen de Weretilneck es buena, la de su gabinete está varios pasos detrás en la consideración pública.
Así, de tanto mirarse al espejo de sus allegados, el gobernador se ha convencido de que no hay nada mejor para la Provincia que él mismo, por tercer período consecutivo.
Pero la Constitución de Río Negro pone un freno a su aspiración: el indubitable artículo 175 expresa: “El gobernador y el vicegobernador pueden ser reelectos o sucederse recíprocamente por un nuevo período y por una sola vez. Si han sido reelectos o se han sucedido recíprocamente, no pueden ser elegidos para ninguno de ambos cargos sino con un período de intervalo”.
Si en algún punto el verbalismo de los constituyentes pudo parecer exagerado, en este punto hay que agradecer tal exceso.
Aun así, el legislador albertista Facundo López, dijo días atrás que Weretilneck es “el líder natural de este espacio político” y que “no está inhabilitado” para competir por la gobernación nuevamente en 2019. “En todo caso es una cuestión de interpretación”, opinó, dando a entender que se pondría en manos del Tribunal Electoral o del Superior Tribunal de Justicia una definición sobre el tema. Lo mismo sugirió su par oficialista Marta Milesi, al descartar que se opte por el camino de una enmienda o reforma constitucional para abrir la puerta a un tercer período de Weretilneck.
Lo curioso es que el freno a esa ocurrente interpretación lo marcó el propio Weretilneck. Fue en 2002, cuando el dos veces vicegobernador Bautista Mendioroz se empeñaba en ser candidato a gobernador para 2003. En ese tiempo, el actual mandatario integraba el Frente Grande, y se opuso terminantemente. Como apoderado del partido, él mismo expuso ante el Tribunal Electoral el argumento, en el marco de la acción declarativa de certeza que había presentado Horacio Massaccesi.
“La reelección de los cargos de gobernador y vicegobernador sólo pueden darse en forma consecutiva por una sola vez, cuando la elección se haga para cualquiera de ambos cargos”, dijo entonces Weretilneck. Y anunció que denunciaría penalmente “por violación de los deberes de funcionario público, abuso de autoridad, prevaricato u otro delito” a cualquier funcionario que “intente sepultar una vez más la previsibilidad institucional bajo el aval de las peores formas de la corrupción política, como lo es la manipulación normativa para desviar el ejercicio del poder en beneficio propio o de una facción política”. También hizo reserva de recurrir a la Corte Suprema de Justicia de la Nación ante la posibilidad que se admitiera la postulación de Mendioroz.
Esclavo de sus palabras, el gobernador también estuvo en contra de que Miguel Saiz, en 2010, impulsara un plebiscito para promover una reforma constitucional que escondía su deseo de buscar la re-reelección como gobernador.
Weretilneck ha logrado construir poder y, a pesar de tener un equipo que no ha descollado por sus ideas ni proyectos, la administración tampoco ha tenido demasiados sobresaltos. Pero no puede ignorar que la Constitución y la ley existen precisamente como un freno a quienes gobiernan. Y que justamente aquellos artículos que marcan ese freno no pueden ser interpretados en forma amplia sino en forma restrictiva, por cuanto no garantizan derechos sino que, por el contrario, imponen límites a quien temporariamente asume el control y el manejo del Estado y los dineros públicos.

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