Política, economía y riesgos en torno de la ampliación de la Ruta 22

Alicia Miller.

La ampliación y modernización de la Ruta Nacional 22 en el tramo del Alto Valle de Río Negro es indispensable. En choques, vuelcos o embestidas por vehículos, decenas de vidas se pierden cada año, con su secuela de heridos, familias destrozadas y millones de pesos en costos médicos y pérdidas económicas.

Los 90 kilómetros entre Villa Regina y Cipolletti son de los tramos con mayor índice de incidentes de tránsito del país. Su traza de un carril para cada mano con banquinas flanqueadas por canales o desagües, y más de un centenar de cruces de caminos rurales y accesos a ciudades crean el escenario perfecto para la tragedia cotidiana. Motos, camiones viejos, peatones, colectivos interurbanos y máquinas agrícolas se mezclan en la ruta con el veloz tránsito de turistas porteños apurados por llegar a los bucólicos paisajes cordilleranos. Escuelas, comercios, galpones de empaque, industrias y barrios pobres o de lujosas residencias tienen su frente hacia la Ruta 22.

Anunciada por todos los gobiernos durante décadas, la ampliación de la Ruta 22 comenzó hace diez años, y sólo exhibe un tramo terminado y otro a medio hacer, justo en el sector menos transitado del Alto Valle.

La promesa de campaña del excandidato a gobernador por el Frente para la Victoria, Miguel Pichetto, de que Cristina Fernández de Kirchner inauguraría la obra antes de dejar la Presidencia, quedó cubierta por la tierra de los desvíos, entre tambores pintados de color naranja, mientras los yuyos rompían los terraplenes en varios sectores entre Roca y Cipolletti.

Paredón sí o no

Hoy, el avance de las obras a la altura de Mainqué, Huergo y Godoy reaviva la polémica, en lugar de atenuarla. Paredones de cemento de seis metros de altura se levantan a plomo frente al acceso de los pueblos, encerrando estrechas colectoras junto a las chacras y mostrando las dificultades que tendrá cruzar la autopista o transitar un tramo por ella para el usuario local y regional.

Con una traza elevada en amplios sectores del trayecto y guardarrails para evitar los cruces norte-sur, la Ruta comenzó a ser -para pobladores, productores y políticos locales- una pesadilla en lugar de un sueño de progreso. Recién entonces se cayó en la cuenta de que nunca se había visto el proyecto de Vialidad Nacional con detalles de cómo se haría el ensanchamiento y qué consecuencias tendría para los usuarios locales.

«La Ruta se proyectó para el 12% del tránsito, que son los turistas que pasan por el Valle camino a la Cordillera, pero sin pensar en el 88% de los usuarios, que van de una chacra a otra, de un pueblo a otro, la cruzan para ir a la escuela o para llegar a su trabajo», dijo el intendente de Roca, Martín Soria, ante el salón colmado de vecinos, el pasado 26 de agosto. El día antes, la Cámara de Agricultura, Industria y Comercio de la ciudad había anticipado su negativa al proyecto tal como lo plantea Vialidad Nacional.

El encuentro en el Deliberante concluyó con todas las manos alzadas en favor de pedir al Ejecutivo Nacional que convoque a una audiencia pública para definir cómo se hará la ruta en el tramo que atraviesa por el ejido de General Roca.

Tormenta política

La Ruta 22 se constituyó para Soria en aquello que todo político desea: una hipótesis de conflicto que lo coloque como defensor de los intereses de sus votantes en un tema que él mismo no pueda resolver.

Por si fuera poco, el habitual enfrentamiento entre Martín Soria y el gobernador Alberto Weretilneck sumó a un nuevo protagonista: el Estado Nacional.

Ahora, macrismo y albertismo buscan desactivar la bomba política con el menor costo posible o, en el mejor de los casos, cambiar su funcionamiento para que trabaje a su favor.

«Soria no quiere resolver el problema de la ruta sino hacer política con el conflicto», afirman desde esos sectores.

Pero, mal que les pese, tienen mucha tarea por delante.

Políticamente, el intendente de Roca está feliz. Hace dos meses, comandaba un peronismo destrozado en la provincia y su violencia verbal le restaba apoyo cada día. Y hoy asegura que 17.000 vecinos de Roca firmaron el petitorio para que el Estado convoque a audiencia pública para definir el proyecto de la Ruta 22.

Hasta los concejales roquenses del PRO y del partido del gobernador -Gabriel Giayetto y Mario Álvarez- compartieron sus reparos ante el anunciado cese de algunos accesos, como el de calle Jujuy, y la elevación de la ruta en el tramo local. «Yo firmé la planilla»imagen-1-750x450, admite Álvarez, a quien desde Provincia hace tiempo que no tienen en cuenta. Para el concejal, «desde lo estético seguirá siendo un adefesio de cemento cortando como un tajo profundo el verde de un valle cada vez menos productivo», mientras que «queda claro que los Municipios involucrados, desde Chichinales hasta Cipolletti, han decidido de manera individual, despreciando la posibilidad de un consenso unificado que priorizara los intereses comunes alrededor de un solo proyecto». Parece aludir al presunto canje de avales comunales por cuadras de asfalto o embellecimiento de calles de acceso, como sucedió en Allen y en Huergo.

No todos esos avales implican un respaldo político a Soria, por supuesto. Pero él lleva cinco años diciendo lo mismo. Cuando Cristina Kirchner era presidenta, él ya mandaba cartas documento, pedidos de informes y quejas contra lo que llamaba «la muralla China para dividir el Valle».

«Es que acá los intendentes perdieron la memoria o se hacen los distraídos», dice al mostrar un Acta Acuerdo que en septiembre de 2004 firmó el gobierno de Río Negro con los jefes comunales de Allen, Cervantes, Cinco Saltos, Cipolletti, Cordero, Mainqué, Huergo, Roca -era su padre-, Fernández Oro, Godoy, Regina y Chichinales. Allí se pedía a Nación remodelar la Ruta 22 sin afectar la actividad productiva del Valle; no modificar la traza actual -lo que implicaba el rechazo a una ruta por la barda Norte-; consensuar los accesos a las ciudades con los intendentes; y la reconstrucción de la Ruta 65 -la destruida Ruta Chica-.

Como siempre, hay al menos dos campanas que suenan distinto para contar cada historia.

El gobernador Alberto Weretilneck, hace sonar la otra: hace unos días, dio a entender que ya nada podía hacerse para cambiar el proyecto y echó culpas hacia atrás. Dijo que mientras estaba al frente de Cipolletti, propuso el cambio de traza de la ruta pero “todos los otros intendentes, inclusive los que ahora protestan, dijeron que la ciudades se iban a morir si la ruta se iba a la barda”. Aunque es cierto que la ruta por la barda no solucionaría el colapso que la actual traza tiene, incluso si sus únicos usuarios fueran los pobladores del Alto Valle.

El fin y los medios

Para el Gobierno Nacional que conduce Mauricio Macri, el tema de la Ruta 22 es importante, pero tiene mucho más de qué ocuparse en un país complicado por donde lo mire. Sin embargo, la cuestión se vincula con dos de los ejes de acción que machaca el presidente a sus ministros y secretarios: reducir las víctimas por incidentes de tránsito y unir a los Argentinos. Hoy, la Ruta 22 es una vía que divide en lugar de unir.

Lo saben bien el diputado nacional Sergio Wisky, el representante del Ministerio del Interior para Río Negro, Juan Martín, y los técnicos de Vialidad Nacional y Obras Públicas de la Nación, que buscan la manera de desactivar una eventual «pueblada» roquense que complique las obras y termine dándole rédito político a quien no desean favorecer. Para empezar, cambiaron el eje geográfico de las reuniones y los interlocutores políticos.

La semana pasada, en Viedma, el ministro de Transportes de la Nación, Guillermo Dietrich, convocó a una instancia de diálogo de 30 días, de la que participarán entidades intermedias de Roca y técnicos de Vialidad, para encontrar una propuesta superadora. Además, dijo que “hay mucha información distorsionada”, puesto que » en el diseño actual no hay muros ni terraplenes previstos en Roca».

Dietrich puso a cargo del proceso de diálogo al gobernador Alberto Weretilneck. Lo acompañarán en esas gestiones los legisladores oficialistas Alejandro Palmieri y Tania Lastra, el ministro de Gobierno Luis Di Giácomo, el concejal macrista Gabriel Giayetto, y el vocero de la CAIC Aleardo Fuentes, todos roquenses.

Weretilneck: ¿Yo, señor?

Pero ¿hasta dónde llega la alianza de Weretilneck y el macrismo en este tema?

Desde el Gobierno nacional, delegar el diálogo en el gobernador es coherente con su argumento en favor de la institucionalidad y el federalismo, y -más aún- en la necesidad de ampliar la base territorial, asegurar gobernabilidad y una mejor relación en el Congreso de la Nación.

Para el gobernador, significa darle aire en un tema en el que se mantuvo bien al margen. Casi podría decirse que a Alberto Weretilneck, la misión de conducir el diálogo le cayó como un peludo de regalo: así se dice en el campo cuando se le asigna a alguien un trabajo que le dará más trabajo que beneficios. El cipoleño enseguida se sacó el sayo y envió a colaboradores a Roca a que, bajo cuerda, trataran de encontrar grietas en el aparente consenso contra la elevación de la ruta.

Es que Roca no le resulta fácil, al punto de que sus visitas suelen ser sorpresivas y breves, con la finalidad de evitar críticas o manifestaciones opositoras.

El viernes, desde el sector del gobernador se dialogaba en reserva con instituciones intermedias, con referentes sociales de Roca y con los consorcios de riego, convocándolos a participar de la reunión con técnicos de Transporte y Vialidad Nacional. Nadie admitía lo que parecía un hecho: que según el gobernador, Martín Soria no debía estar entre los convocados.

En cambio, desde el municipio se saludaba el inicio de una instancia de diálogo, expresando plena disposición a participar de cualquier diálogo con autoridades nacionales.

La oposición llevó a unos y a otros a mirar hacia Nación: los promotores macristas del acuerdo intentan caminar por la cornisa entre esas dos posiciones, sabiendo que es delgada como una hoja de papel.

Pero ¿cómo hablar de unir a los argentinos si se deja fuera de la reunión a quien más se interesó en el tema? y ¿cómo considerar que todos los sectores están representados si la selección se hace casi en secreto, desde una oficina provincial, sin considerar las firmas -sean 17.000 o algunas  menos- que reclaman que se tengan en cuenta sus intereses y puntos de vista?

El diputado nacional Sergio Wisky, de Cambiemos, es uno de los que cuida las palabras y los pasos, cuidando de no pisar la banquina. «La intención es buscar una solución real, que contemple en primer lugar la seguridad de los usuarios de la ruta; en segundo lugar una adecuada conectividad y recién en tercer lugar el aspecto estético», afirmó en diálogo con ConfluenciaDigital.com.ar. Cerca de su entorno son menos amables, y cuestionan el método de violencia verbal del intendente Soria  y la reticencia de Weretilneck como los principales obstáculos para una solución.

Puntos de fricción

Más allá de la política, algunas cuestiones técnicas siguen siendo un misterio para el común de las personas:

  • La ruta no sólo vincula ciudades, sino que es usada por gran cantidad de población suburbana o rural y por responsables de empresas agrícolas e industriales instaladas en todo el Valle. Esto implica necesidad de cruces entre pueblos y ciudades.
  • Miles de personas transitan cada día en colectivos interurbanos y urbanos que circulan por la ruta o la atraviesan para llegar a barrios ubicados al sur, como El Petróleo, La Ribera y Mosconi en Roca, La Costa Este y Oeste en Allen, entre otros. La voz de las empresas concesionarias y de los usuarios no ha sonado en este punto.
  • En amplios sectores, las colectoras serán de una sola mano. No hay lugar para más, dada la cercanía de las chacras o los desagües. Esto obligaría a la gente que vive de la margen sur de la ruta, en caso de tener que ir hacia el Oeste, a circular en auto, moto o colectivo hacia el Este hasta el próximo cruce, luego ir por la ruta hacia el Oeste y luego buscar un cruce para volver por la colectora hasta la escuela o el trabajo.
  • Las colectoras que ya están construidas en Huergo y Mainqué no tienen derivadores ni espacio para construirlos y la cercanía entre el paredón y el cruce producirá sin duda encontronazos con quienes salen del túnel ubicado bajo la ruta.
  • Los cruces peatonales ¿se harán por sobre la ruta elevada o por debajo de ella? En caso de no ser suficientes, es de suponer que las personas que necesitan cruzar la 22 lo harán como puedan, aun cuando eso implique subir el terraplén y exponerse a un riesgo sobre la cinta asfáltica.

Alternativas

Oficialmente, las alternativas a considerar no variarían en gran medida el proyecto original, los costos ni los tiempos de ejecución. Para algunos, los n1274_vialida_nacional_valeri_ruta_22uevos proyectos que se muestran ahora no son tan nuevos, sino los mismos que en 2013 Vialidad propuso como prenda de consenso a los comerciantes de la CAIC de Roca.

Según el administrador de Vialidad Nacional, Javier Iguacel, se prevé la finalización de la obra para el 2019 y un gasto pendiente de 5.000 millones de pesos.

En otro carril, Soria ratifica que presentará un amparo reclamando la audiencia pública, respaldado por miles de firmas de vecinos de la ciudad. Un mecanismo que, en el tema de los aumentos de tarifas, la Justicia ha ratificado como imprescindible para escuchar a quienes serán afectados por una decisión de gobierno.

En resumidas cuentas, el intendente de Roca viajará a Buenos Aires y será recibido por autoridades nacionales. Pero, al parecer, en una audiencia individual, por fuera del grupo convocado en torno a la figura del gobernador.

Como en una ruta, algunos van en una dirección. Otros en la contraria. Ojalá que el tránsito, en este caso, circule fluido y sin incidentes.

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