El legado cultural del populismo

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Existe un cierto consenso acerca de los rasgos culturales que predominan en Argentina. La “viveza criolla”, el individualismo exacerbado y la falta de apego a la ley, son algunos de los datos registrados por muchos observadores. El problema se plantea a la hora de revertir esos comportamientos. ¿Están inscriptos en nuestro ADN, o es posible cambiarlos?

 Daniel Montamat, en La Nación, se pliega a la tesis de Acemoglu y Robinson en su libro ¿Por qué fracasan los países?  Las instituciones son las responsables de ese fracaso. “Ni las teorías basadas en la geografía, ni en la cultura ni en la ignorancia ayudan a explicar la situación en la que estamos inmersos”.

El gobierno actual de Mauricio Macri parece participar de la misma opinión. Como señala Montamat “hay una reforma política, una judicial y una del Estado en curso. Se está profesionalizando y devolviendo autonomía a los organismos de regulación y control. La provincia de Buenos Aires sancionó una ley para limitar las reelecciones en las intendencias. Ejemplo a seguir en otras jurisdicciones y organizaciones, como las gremiales. El respeto a los mecanismos de elección y recambio, la transparencia electoral y la previsibilidad que dan los límites a los mandatos afianzan la alternancia y despersonalizan el poder”.

Pero, según Montamat, “los primeros brotes verdes empezarán a verse cuando el cortoplacismo dominante ceda lugar a políticas y planes de largo plazo. Si es posible, a grandes consensos que forjen políticas de Estado. Entonces, además de reconciliarnos con el futuro, empezaremos a transformar la herencia cultural de la saga populista”.

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