La obsesión de Occidente con “el otro”

Opinión Publicada

El profesor Juan Gabriel Tokatlian, opina en La Nación, que “en algún sentido la Guerra Fría no ha terminado para Occidente; parece enraizada, va mutando, se amplía y adquiere contornos cada vez más complejos y contradictorios”. Sostiene que persisten  cuatro pilares fundamentales que  caracterizaron al período entre 1945-1990: “una lógica binaria (“nosotros versus ellos”) para aproximarse a la dinámica mundial; la existencia de un dilema de seguridad (la autoprotección de los Estados genera inseguridad en los demás) en clave Este-Oeste; la vigencia de una amenaza existencial (en su momento ejemplificada por la Unión Soviética); y la preferencia por una diplomacia coercitiva (recurso persistente a la fuerza directa, indirecta o clandestina)”.

Añade que un conjunto de elementos dispersos, pero constantes,  caracteriza la política internacional de Estados Unidos y en Europa. Aparece siempre  la “excepcionalidad” basada en dos suposiciones: la distinción -ser diferente respecto a otros- y la superioridad -ser mejores en relación a otros-. También está presente  la idea de “misión”: “hay una perpetua convicción respecto a transformar y mejorar el orden global, ya sea combatiendo, en distintos momentos, a los comunistas, los terroristas, los retardatarios, los tiranos, los retadores, los indisciplinados”. El resultado es una  suerte de pureza moral frente a los diversos enemigos que van surgiendo.

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