La tradición política de los radicales K

Cristina Kirchner en el acto en conmemoración del centenario del inicio del primer gobierno de Yrigoyen, Foto archivo La Nación, Rodrigo Néspolo.

Jalenska Zurakoski Luparelli.

Mirar al pasado buscando claves para explicar el presente tiene su complejidad, porque ese pasado es, a la vez, interpretado partiendo de los códigos del presente, con lo cual se cae en un círculo vicioso. Razones suficientes para atenerse a las fuentes y evitar la opinología, puesto que en la construcción de relatos los personajes reales se transfiguran con tal de lograr el fervor del público y manipular su sentir; transformándose en representaciones de ideas y símbolos, muchas veces opuestos entre sí y distantes de lo que realmente aconteció.

La semana pasada se celebró el centenario del primer gobierno del líder radical Hipólito Yrigoyen. Entre los principales oradores estuvo la ex presidente Cristina Kirchner. Lo cual generó un gran revuelo entre los radicales que representan la línea más liberal-institucionalista dentro de la UCR.

El presidente de la UCR, José Corral. Foto: Daniel Jayo, Archivo La Nación.
El presidente de la UCR, José Corral. Foto: Daniel Jayo, Archivo La Nación.

Sin ir más lejos, el presidente del partido, quien es al mismo tiempo el intendente de Santa Fe, José Corral acusó a la ex presidenta de intentar “apropiarse” del capital simbólico de la UCR. “No podemos más que repudiar el uso de nuestros símbolos partidarios por parte de un grupo de indecentes que quieren apropiarse ilegítimamente de nuestra historia”, arremetió Corral a través de un comunicado. Además, expresó: “La UCR que nos legó Yrigoyen está en las antípodas de la corrupción y el desprecio por la República con las que actuó esta facción política [el kirchnerismo] durante más de una década”.

Sin embargo, es posible encontrar elementos dentro del yrigoyenismo que caracterizan a una tradición política ajena al respeto por las instituciones republicanas, a la pluralidad y a la idea de progreso, que a comienzos del siglo pasado sembró las primeras semillas del populismo nacionalista en el país. Elementos con los que probablemente se identifiquen los radicales que aplaudieron con fervor el discurso de Cristina Kirchner en el microestadio de Atlanta.

Siguiendo la lectura de la obra “Crítica de las ideas políticas argentinas” de Juan José Sebreli (Ed. Sudamericana, Bs. As., 2002), haremos repaso de algunos aspectos poco difundidos de los gobiernos de Hipólito de Yrigoyen, que forman parte de la historia política y del capital simbólico del radicalismo yrigoyenista, en su perfil más controvertido.

Populismo paternalista conservador

Hipólito Yrigoyen
Hipólito Yrigoyen

Contrario al mito que formaron de Yrigoyen los ideólogos populistas, en su origen, la dirigencia radical que lo acompañaba pertenecía a las clases altas, terratenientes y ganaderos. Se encontraban familias patricias de las provincias agro-ganaderas que por su antigua filiación federal no pudieron integrarse a la élite dirigente liberal de gobiernos anteriores, entre los cuales había ganaderos del interior y numerosos adherentes a la Sociedad Rural y al Jockey Club.

El populismo yrigoyenista, con sus fidelidades personales, favoritismo y clientelismo, explica Sebreli, tenía todas las características del populismo paternalista de los conservadores. De hecho, Yrigoyen, como patrón de estancia que era, tenía una relación de tipo patriarcal con sus peones.

Relación con las clases populares

Su visión de las clases populares era la del proletariado rural, antes que los obreros mayormente inmigrantes. De hecho, en su gobierno alternaba entre paternalismo con los pobres de zonas rurales y represión a la clase obrera sindicalizada, haciendo uso de las leyes de Residencia y Defensa social, practicando numerosas detenciones y deportaciones de extranjeros.

Para darle respuesta a la cuestión obrera, en 1919 llegó a proponer en el Congreso la organización sindical bajo la tutela del Estado, que solo se llevaría a la práctica años más tarde, con el impulso de Perón. Los radicales no llegaron a dirigir un sindicato.

Idealización del pasado y rechazo al progreso

El anticapitalismo romántico era otro rasgo de su nacionalismo. Desde su origen la UCR (1890) encarnaba una activa idealización del pasado y un ferviente rechazo por las novedades introducidas por Roca. Se anteponía a la modernidad y al progreso, ideas propias de la dirigencia liberal decimonónica, y desdeñaba lo que llamaban “afán desmedido de riqueza”, haciendo una condena moralista al “materialismo mercantil”, en contraste con la vieja sociedad, supuestamente, más virtuosa y ascética. La crítica era espiritualista antes que económica, puesto que el radicalismo en sus orígenes se inclinó hacia el liberalismo económico sin intervenir demasiado en los mercados. De hecho, Yrigoyen manifestaba un desdén por la economía, desplazándola por el predominio de la política y de los sentimientos.

La consagración del petróleo como símbolo de soberanía nacional fue obra de los yrigoyenistas entre 1928 y 1930: “(…) la ‘revolución con olor a petróleo’ creaba un mito destinado a perdurar: el ‘complot internacional’ como causa de todos nuestros males”. Si bien el antiimperialismo se limitaba a una postura antiyanqui, puesto que había gran interés en preservar el vínculo especial con Gran Bretaña.

Liderazgo carismático, propaganda y culto a la personalidad

Una de las características de la forma de gobernar de Yrigoyen era el vínculo directo con las masas, heredado de los caudillos federales como Rosas. El liderazgo carismático que ejercía Yrigoyen era a puerta cerrada, seduciendo a su interlocutor cara a cara. Esta ausencia de grandes convocatorias públicas era compensada por un uso abusivo de la propaganda política y el culto a la personalidad. A este punto, Sebreli describe: “El liderazgo carismático no se avenía tampoco con la división republicana de poderes, implicaba necesariamente el predominio del poder central sobre el federal y del Ejecutivo sobre el Legislativo y el Judicial. (…) El desdén por las formas republicanas y la deslegitimación antidemocrática del adversario dejaron al radicalismo sin autoridad moral cuando sus oponentes liquidaron el sistema democrático y suspendieron el orden constitucional”

Movimientismo antipartido e intolerancia

El radicalismo yrigoyenista se consideraba a sí mismo como un movimiento totalizador que expresaba al pueblo y a la nacionalidad. El manifiesto del partido, cuando éste llegó al poder, decía textualmente que “La UCR es la nación misma”.

Arturo Jauretche, en 1942 siendo radical y en 1945 cuando trataba de sumar radicalismo al peronismo, defendía concepciones movimientistas y antipartido del radicalismo. “(…) la UCR no es un partido político (…) En reiterados documentos (Yrigoyen) había establecido y desarrollado el concepto de que (la UCR) era la unión civil de los argentinos para realizar la Nación radicalmente, y no un partido de disputa del poder. Por eso pudo decir que el radicalismo era la Nación misma” (Jauretche, La Víspera, Bs. As., 1945)

La identificación de la mayoría con la verdad implicó la intolerancia con las minorías y el desdén por el pluralismo. Al respecto subraya Sebreli: “La dicotomía inconscientemente schmittiana amigo-enemigo estaba en contraposición excluyente entre radicales y conservadores, gobierno y oposición, y terminaría por aniquilar pronto el incipiente sistema de democrático de partidos”. Coherente con ello, a los fines de perturbar los actos de opositores, durante la segunda presidencia de Yrigoyen, sus seguidores organizaron su propia fuerza de choque, el Klan Radical.

Yrigoyen y Perón

Abrazo histórico entre el líder radical Balbín y Perón
Abrazo histórico entre el líder radical Balbín y Perón

Juan Domingo Perón llegó al poder de la mano de nacionalistas católicos que eran impopulares y hasta anti-políticos, que significaban una pesada carga para el General. Por esta razón, Perón buscó legitimarse transformando a Yrigoyen en su precursor, una filiación histórica que lo ayudaba a lograr apoyo político y a investir a su movimiento de un antecedente político con un pasado prestigioso.

Sebreli explica que tras la caída de Perón, la teoría de la línea que asociaba a los líderes populares Rosas-Yrigoyen-Perón se impuso como la orientación historiográfica predominante en todos los ámbitos. No obstante, nunca fue aceptada por los radicales ortodoxos, por entonces llamados UCR del Pueblo, fuerza radical que constituye el antecedente político y jurídico de la UCR actual.

Más tarde, “(…) en las décadas del sesenta y del setenta, la izquierda peronista enfatizó a Rosas y Perón, quedando algo olvidada la figura de Yrigoyen, demasiado ligada al radicalismo liberal, para el gusto de la época”

Para algunos, el abrazo de Perón y Balbín en el ’73 renovaba la línea Yrigoyen-Perón, pero el lazo fue efímero. En 1983, dentro de la Juventud Radical de la Capital Federal y la Junta Coordinadora Nacional, hubo quienes comenzaron a hablar de un Tercer Movimiento Histórico: Yrigoyen-Perón-Alfonsín. Sin embargo, “El colapso del alfonsinismo archivó ese proyecto que el menemismo, poco afecto al pasado, se encargó de enterrar”

Articulación con el relato K

dorregoMás cerca en el tiempo, en los años de la administración K, hubo una intención manifiesta por reconstruir la historia a la medida del relato oficial, estableciendo una línea histórica entre Rosas, Yrigoyen, Perón, Alfonsín, Néstor y Cristina, posicionando a la ex mandataria como el liderazgo popular en vigencia, continuador de aquellos referentes de la historia nacional.

A través del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, creado por el decreto 1880/2011 firmado por Cristina Kirchner, cerrado en 2015 por decisión del presidente Mauricio Macri, establecía como algunos de sus objetivos la reivindicación de las figuras históricas apoyadas por el revisionismo histórico argentino. Desde este ámbito se buscó difundir en el conjunto de la sociedad, empezando por las escuelas, “la reivindicación de todas y todos aquellos que, como él, defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante de quienes han sido, desde el principio de nuestra historia, sus adversarios, y que, en pro de sus intereses han pretendido oscurecerlos y relegarlos de la memoria colectiva del pueblo argentino”. 

 

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