Ante la crisis de confianza

Opinión Publicada

Por José Antonio Llorente

(Infolatam).- Las victorias (y derrotas) electorales contra pronóstico se han convertido en una rutina más de nuestro tiempo. Desde el crac de Lehman Brothers en 2008, la crisis económica global ha disparado la desafección y el rechazo a las instituciones en medio mundo. Hay una general crisis de confianza y cierto sentido de orfandad que nos ha vuelto a casi todos mucho más impredecibles, airados, nihilistas y arbitrarios. Quizá sea pronto para determinar las razones y el verdadero alcance de esa sugestión o ataque de pánico masivo, pero reducirlo a simple populismo no nos va a ayudar a entenderlo ni mucho menos a solucionarlo.

Parece claro que el discurso electoral de Donald Trump ha sido la antítesis de los valores más universalmente aceptados en occidente, pero a la vez esa capacidad de epatar a los biempensantes también ha resultado tremendamente eficaz. Quizá el truco está en haber comprimido maniqueamente la realidad y buscar el estricto alineamiento a favor o en contra, lo que reduce la ética a la nada y nos devuelve a la condición de meros seguidores o enemigos.

En realidad, lo que parece estar ganando terreno es la eterna disyuntiva del o conmigo o contra mí. Una perspectiva demasiado decimonónica de la vida y de la historia que, desde luego, resulta inhábil para reflejar la riqueza de matices de una sociedad tan transparente, digitalizada, plural y participativa como la actual. Por eso resulta necesario, a mi juicio, romper con esa dialéctica frentista tan trasnochada como inútil. Hay una nueva realidad social, tecnológica y vital ahí fuera. Necesitamos nuevas formas de comunicación, nuevos espacios de diálogo y una nueva mentalidad para describirla. En esta nueva transición no valen los clichés del pensamiento analógico ni las añejas dialécticas del siglo XIX.

Una llamada a la reflexión y a la calma resulta doblemente urgente en lo que se refiere a la interacción entre Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. En estos días proliferan los alarmistas y los apocalípticos que claman por la autarquía y el repliegue del cada uno en su casa. Es un error de calado incalculable, que resultaría especialmente catastrófico para todos.

Es muy posible que la salida de este atolladero nos la proporcionen las empresas tendiendo puentes, espacios de colaboración e intercambio, compromisos de medio y largo plazo y todos esos valores cívicos y solidarios que la crisis ha puesto en el imaginario colectivo. Desde luego, las vías naturales de crecimiento y desarrollo van a seguir siendo a través de puentes entre  Latinoamérica, Estados Unidos y Europa.  Si caemos en la tentación y volvemos a adentrarnos en el laberinto de la soledad, perderemos todos. Octavio Paz planteaba hace demasiados años que los estadounidenses buscan comprender, mientras a los latinos nos basta con contemplar. Ya no es tiempo para esas disyuntivas. Es hora de contemplarnos, pero también de comunicarnos y de comprendernos de una vez, sin exclusiones ni maximalismos.

De ahí que la opción idónea sea encontrar esas conexiones interculturales, económicas y sociales que aseguren el progreso. Es tiempo de colaboración, porque en el mundo de hoy carece de sentido esconder la cabeza o ensimismarse en un enfrentamiento sin salida. Vuelvo a decirlo: es hora de contemplarnos, de comprendernos y de dialogar. Cómo no recordar las palabras de Gabriel García Márquez al recoger el Premio Nobel. “La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.

 

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