Donald Trump: culpar al periodismo por informar

Foto: CLARIN

Opinión Publicada

El periodista Miguel Wiñazki analiza los recientes embistes del presidente electo de los EEUU Donald Trump a los medios de comunicación de su país, en una nota titulada «Una extraña obsesión populista: culpar al periodismo por informar» publicada en el diario Clarín.

El lunes pasado Trump atacó con virulencia a los editores de las más grandes cadenas de su país.

“Entro a una habitación llena de mentirosos. Son todos unos mentirosos” habría expresado el líder republicano al iniciar el encuentro con unos 40 periodistas y managers de las cadenas CNN, NBC, CBS y Fox.

Según el diario The New York Post, uno de los principales objetivos de su bronca fue la cadena CNN. Trump le dijo directamente a su presidente Jeff Zucker: “Odio tu cadena de televisión, debería darles vergüenza, son todos unos mentirosos. No se salva ni uno solo de los periodistas de tu cadena”.

Al respecto Wiñazki reflexiona: «Es extraña la obsesión populista con los medios de comunicación. Donald Trump encarna hoy la máxima expresión de esa manía: culpar al periodismo por informar. Difamar y maltratar a los hombres de prensa. Chivos emisarios de todos lo males.

Una cantinela que aquí conocemos muy bien. La Noticia Deseada por Trump es la utopía de la comunicación tutelada y regimentada por él mismo. La Noticia Deseada es, entre otras cosas, aquella que los gobiernos, con buenos o malos modales, pretenden que se difunda de sí mismos. Por eso suelen preferir el contacto directo que ofrecen las redes sociales a la mediación crítica del periodismo. Será un boomerang para Trump. Le está haciendo un inmenso favor a la prensa autónoma intentando enmudecerla con bravatas.

Llega un gran momento para The New York Times y los demás. Se vuelven más urgentes las investigaciones, los columnistas, los periodistas. De hecho, desde que Trump ganó The New York Times aumentó exponencialmente su audiencia. La prensa norteamericana se expone al magnífico desafío de desobedecer los deseos presidenciales. Hay dos campanas. Trump y los periodistas. Y Trump no es el más creíble. Aunque por el momento su estilo temperamental persuade emocionalmente a muchos millones, esa gravitación vibrante que ejerce sobre sus votantes no necesariamente se articula con verdades.»

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