El perdurable amor a Cristina

Opinión Publicada

Los liderazgos carismáticos despiertan en las masas un sentimiento casi amoroso. Lo señalaba Freud en “Psicología de las masas”, un ensayo donde tomaba muchas ideas de Gustavo Le Bon. Consideraba que a partir de fenómenos como el enamoramiento  se podían deducir conclusiones útiles para  describir los lazos afectivos que unen a las masas con un líder. Al igual que con el enamoramiento, el objeto amado queda sustraído a la crítica y se produce una intensificación de sus cualidades, que luego permanecen en el recuerdo.

Esta fijación amorosa de las masas puede explicar que Cristina Fernández de Kirchner mantenga todavía una imagen positiva en un importante sector de la población, de alrededor del 30 %. Operan, naturalmente, sentimientos tan humanos como el agradecimiento. La inmensa cantidad de pobres que han recibido planes sociales o jubilaciones sin aportes, deben estar sin duda agradecidos.

Que la abundante información periodística sobre casos de corrupción no dañe la imagen de Cristina, obedece a otro elemento que señala José Nun en una nota publicada en La Nación. Para el ex secretario de Cultura de Néstor Kirchner,  la analogía entre la religión y la política brinda una nueva explicación. Los creyentes, según Emmanuel Carrère  “no creen lo que ven, sino que ven lo que creen”. Y de igual modo, borran del recuerdo lo que no quieren ver.

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