Excepciones y privilegios

El gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez enfrenta una nueva semana de negociaciones por el precio del barril criollo. Foto: Diario Río Negro.

Jalenska Zurakoski Luparelli.

En la situación recesiva en la que se halla la economía argentina, la discusión política en reiteradas oportunidades pasa por lo insostenible. Diversos sectores, sea de gobierno o de oposición, demandan condiciones que solamente pueden mantenerse de una manera muy breve en un marco de excepcionalidad, que de ninguna manera pueden hacerse generales.

En el orden de la ficción, encaja a la perfección la Ley de la Emergencia Social que supone que la creación de un millón de puestos de trabajo y el aumento de un 15% de las asignaciones universales y por embarazo depende de la voluntad del gobierno de turno. Claramente esta ley plantea una discusión que abusa del malestar social y de la demagogia electoralista.

Por su parte, cuando el gobierno neuquino discute ante Nación el precio de un barril criollo a medida, con un piso disociado de los valores internacionales vigentes pero sin tope, nos encontramos frente a esa situación de excepcionalidad. A tal punto que el presupuesto 2017 que se está debatiendo en la Legislatura provincial se hizo en base a un precio del crudo que es un 30% más caro en comparación con el valor internacional del Brent que se usa como referencia. Queremos sostener mediante subsidios precios que no corresponden a la realidad. Mientras tanto, el líder sindical y senador por Neuquén, Pereyra busca derogar en el Congreso la importación de combustibles.

La contra cara de sostener una ficción pasa por afrontar los costos que ello implica, de allí la pregunta que rara vez nos formulamos, ¿quién paga los costos?, ¿quién asume los aumentos del combustible? Vale lo mismo cuando hablamos de la ley de emergencia social, ¿quién se hará cargo del asistencialismo disfrazado de “trabajo”? Los beneficios son sectoriales, pero los costos se diluyen en el conjunto social, en términos de una baja en el poder adquisitivo.

Con duras advertencias y amenazas de “salir a las calles en diciembre”, organizaciones sociales y la CGT se manifestaron frente al Congreso por la ley de emergencia social, el viernes 18/11.
Organizaciones sociales y la CGT se manifestaron frente al Congreso por la Ley de Emergencia Social en un acto multitudinario el viernes 18/11. Foto: INFOBAE.

Forma parte de la herencia que nos dejó el kirchnerismo la creencia de que las diversas problemáticas pueden trabajarse de manera aislada, como si no se tratara de un mismo sistema las variables se encaran de manera disociada. Entonces las medidas tienden a negociarse por separado. Por ejemplo, este tipo de pensamiento induce a creer que un dato fuerte y concreto de la realidad conocido la semana pasada, como que en la Argentina el 35,6% de los jóvenes pobres son “ni-ni”: 1 de cada 3 no estudian ni trabajan; es un debate aparte de aquél que refiere a la legislación laboral o a los costos de emprender, o bien al aumento de la marginalidad.

También la idea de que la riqueza es en cierta medida estática, es decir, que se trata de una torta que ha de consumirse y que la mejora económica de la sociedad pasa por la puja sectorial ante el Estado Nacional por obtener la porción más grande en desmedro de otros grupos o individuos sin poder de lobby. Un concepto que lleva a la depredación de los bienes y del capital existente y a la rivalidad permanente entre los agentes económicos por hacerse de dicha porción, los unos a costa de los otros. Se trata de una disputa entre distintos sectores para ver quién se lleva la parte más grande de una masa de recursos que es cada vez más chica.

Subyace cierto matiz mercantilista en estas creencias que pasan por estructurar un esquema “mendicante”, donde unos piden a otros por su sustento. A la vez resulta ser improductivo, porque descree de la creación de riqueza y hace de la actividad económica una lucha permanente por privilegios. Como los recursos eventualmente se agotan, como la producción tiende a detenerse y como cada vez son más los grupos que encuentran mayores beneficios en la puja política por la dádiva y la prebenda, antes que en las actividades productivas; los gobiernos tienden a aumentar los impuestos, a llevar a cabo una política inflacionaria y a endeudarse para sostener un gasto en constante aumento.

Las circunstancias pasan a ser ficticias desde el momento en el cual la realidad per se no puede crear las condiciones para que esas cuestiones deseables -un barril criollo con un precio a medida para las cuentas provinciales, una economía que no expulse a la gente a la informalidad o que disminuya drásticamente la cifra de desocupados y sub-ocupados- sean un hecho. El debate por el sinceramiento de las tarifas demuestra justamente que la ficción no sirve, desguaza a los sectores productivos y los lleva a la ruina, tal es la situación que nos interpela constantemente.

El Ministro de Economía de Neuquén presentando el presupuesto gasífero. Foto: diario Río Negro
El Ministro de Economía de Neuquén presentando el presupuesto gasífero. Foto: diario Río Negro

Cada negociación y logro sectorial beneficia el statu quo en desmedro del crecimiento y la diversificación económica. Neuquén difícilmente pueda salir de su situación de “monocultivo” en relación con los hidrocarburos, si en lugar de permitir que los agentes económicos reaccionen ante los incentivos del mercado dirigiendo sus esfuerzos hacia actividades que les sean más redituables cuando el precio del crudo baja, negocia reglas de excepción que impactan en mayores costos para el conjunto social.

Argentina tiene riqueza, pero es un capital que necesita ser trabajado trascendiendo el cortoplacismo al que nos hemos habituado. Cuando se habla de explotar debidamente Vaca Muerta, un especialista de fuste como Emilio Apud reflexiona: En diez años, la Argentina podría abastecer la demanda interna de energía y convertirse en un exportador de gran importancia. Mientras se sigan depredando recursos para sostener con prebendas el poder, no se podrá consolidar un proyecto de desarrollo a largo plazo”.  Cuando discurre sobre energías renovables –que representan el futuro de la energía a nivel global- para sacar provecho a las ventajas naturales argentinas de largas extensiones de sol y viento, Apud habla de proyecciones que superan largamente el término de un gobierno, o de dos consecutivos. Se trata de planes que requieren pensar un futuro para las generaciones venideras. Se necesita grandeza, se requiere una mente puesta en el largo plazo y, fundamentalmente, asumir que la realidad objetivamente como la vivimos no nos puede dar esas condiciones excepcionales que pretendemos a demanda de tal o cual sector.

Gasoductos-1De hecho un reconocimiento tácito de que la realidad no genera el espacio propicio para el clima de inversiones y de bonanza que el país necesita, en términos de llegada de capitales para que nos sea posible comenzar a crecer, es que se esté conversando una revisión del convenio colectivo de trabajo del sector petrolero, que supone bajar los costos laborales para dicha industria.

Por extensión, si nos damos cuenta que se tiene que crear un marco regulatorio y administrativo distinto para la actividad petrolera, implica que somos conscientes en alguna medida de que se precisa de un esquema normativo diferente para acicatear la inversión a nivel país. Si se escucha a los posibles inversores, la demanda pasa por disminuir la burocracia y las regulaciones. Dificultades de larga data en lo laboral, impositivo y normativo le quitan productividad a la industria y la hacen poco competitiva. De hecho en el mercado en negro trabajan y llevan a cabo su actividad comercial muchos que han sido expulsados por el sistema, puesto que no podían enfrentar los costos impuestos por el Estado.

¿Está bien querer vivir por encima de nuestras posibilidades? Por supuesto. Pero dentro de un plan productivo que aliente la creación de riqueza sostenible a largo plazo, al contrario de uno que se base exclusivamente en el consumo, en la estrangulación de los sectores productivos, y que apele a la inflación y al endeudamiento como únicas herramientas para aliviar la recesión.

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