La retirada de EEUU del Acuerdo Transpacífico: un desafío para Argentina

Jalenska Zurakoski Luparelli.

Desde que asumió la presidencia Mauricio Macri se propuso aprovechar las interdependencias que vinculan a Argentina con el mundo, a los fines de ubicarnos en una posición favorable para crecer. Dentro de los nuevos lineamientos de la cancillería argentina, la incorporación del país a la Alianza del Pacífico prometía grandes cambios a mediano y largo plazo, facilitando abrirnos al mundo y estimular la economía interna, ayudando a descomprimir la situación económica doméstica.

Con la necesidad de impulsar de manera decidida el crecimiento económico argentino pasada la fiesta populista, aprovechando la crisis brasilera y el colapso del Socialismo del S XXI, el país comenzó a orientarse al Pacífico, acercándose a México, Chile, Perú y Colombia, países de mayor éxito en los negocios dada su habilidad para integrarse con el mundo. El optimismo creció alrededor de esta posibilidad, cuando a principios de año dichos países se hallaban estrechando sus lazos con Asia en medio de las negociaciones del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, según sus siglas en inglés), un proyecto ambicioso que impulsaba el presidente estadounidense Obama antes de finalizar su mandato.

Firmado en 2015, el TPP surgió con el objetivo de crear un área de libre comercio entre las economías parte, limitando, a su vez, la presencia de China en la región. La alianza incluye 12 países con cuenca en el Pacífico, cuya sumatoria de economías representa casi la mitad de la escala mundial y además equivale al 35 por ciento del comercio internacional.

No obstante, los pronósticos respecto a las elecciones presidenciales en los EEUU fueron equivocados y el líder conservador Donald Trump ganó con un discurso profundamente proteccionista. Peor aún, según se dio a conocer esta semana, Trump manifestó en un video dirigido a sus electores, que en cuanto asuma su nuevo rol, una de las primeras medidas que tomará será iniciar los pasos para retirar al país del Acuerdo Transpacífico y concentrarse en acuerdos bilaterales “justos”. En el mismo mensaje, el magnate dijo que el TPP es “un potencial desastre” para su país.

Entre las primeras reacciones, se expresó el primer mandatario chino. Aprovechando el nuevo escenario, el presidente Xi Jinping señaló que buscarán “acelerar la construcción del área de Libre Comercio Asia-Pacífico, añadiendo una nueva fuerza motriz al desarrollo económico mundial, manifestando la intención del gigante asiático de imponer su acuerdo: la Asociación Económica Regional Amplia (RCEP, por sus siglas en inglés). El cual se trata de un acuerdo menos aperturista en comparación con el TPP, que desde el comienzo excluyó a los EEUU. Con el RCEP, el objetivo pasa por reducir los aranceles más que abrir economías y fijar estándares laborales y medioambientales. Al mismo tiempo tiene una intencionalidad política clara, el Pacífico para China.

Si bien Chile, Perú y Australia, países que habían avanzado a paso firme en las negociaciones con Obama, expresaron su voluntad para seguir adelante con el acuerdo a pesar de la baja estadounidense; el portavoz del Ejecutivo japonés planteó que el tratado “no tiene sentido sin Estados Unidos”. Japón fue uno de los Estados líderes del acuerdo junto a los EEUU. “El equilibrio fundamental de ventajas comerciales se vendría abajo, y renegociarlo de la misma manera resulta imposible”, dijo Yoshihide Suga.

Para alivio de la región, el canciller chileno Heraldo Muñoz expresó que su país no va a permanecer pasivo, según reproduce Ámbito Financiero. “Vamos a continuar con nuestra apertura al mundo, con la integración con quienes estén dispuestos, evidentemente, a seguir en este curso de integración y de desechar el proteccionismo. En eso creemos que vamos a estar muy bien acompañados por muchos países”, afirmó.

Por su parte, Perú afirmó que “la continuidad del TPP es una propuesta que debemos discutir y pidió que “las once economías restantes nos juntemos y analicemos el panorama”.

La estrechez que implica la política antiglobalización expresada en los movimientos conservadores que crecen en Europa reflejados en el Brexit y en el programa de gobierno de Donald Trump, suponen un desafío. Aunque esta vez, diferente a otras épocas, el relacionamiento argentino con el mundo pasa por establecer la mayor cantidad de lazos posibles sin alinearse de manera cerrada con ningún Estado.

Con una mirada interdependiente y pensando en una configuración multipolar de las relaciones internacionales, la cancillería argentina expresa pragmatismo. De esta manera, la retirada de los EEUU del Acuerdo Transpacífico perjudica las expectativas locales pero no bloquea las posibilidades de relacionamiento, sea a través de acuerdos bilaterales con los EEUU como mediante la incorporación a otras alianzas comerciales.

 

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