Mujer, familia y cuidado: “Hay mujeres que ‘masculinizaron’ sus vidas”

MARIANA RULLI Y LUCÍA GADANO

Confluencia Digital

Mariana Rulli y Lucía Gadano entrevistaron a Juliana Martínez Franzoni y a Natalia Gherardi para hablar sobre el imaginario social que asigna a las mujeres la función de responsables del cuidado y el impacto en la economía y en la autonomía de las personas. Martínez Franzoni es investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) y del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica y Gherardi dirige la ONG Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA). Es abogada y docente universitaria. 

¿Por qué aún está instalado en nuestras sociedades el rol de la mujer como las responsables del cuidado?

Juliana Martínez Franzoni: Primero, porque las sociedades no cambian de un día para otro. Segundo, porque la organización de los cuidados en torno a la especialización de tareas entre un hombre que provee ingresos y una mujer que organiza las tareas domésticas y de cuidados era, y en muchos casos sigue siendo, muy efectiva. ¡Resuelve muchas cosas!
Desde 1990 a la fecha, en toda América Latina se ha dado una transformación –para algunos, una “revolución silenciosa”– a partir del incremento masivo de mujeres que participación en el mercado laboral. Estas mujeres que trabajan por un ingreso, eran en promedio 3 de cada 10 en 1990 y son actualmente más de 5 de cada 10. Por cierto, una de las principales ocupaciones de estas mujeres es como trabajadoras domésticas, lo cual es su vez la principal estrategia familiar y femenina de las mujeres de mayores ingresos para poder trabajar por un ingreso.
Además de que las mujeres trabajen más, las familias se han vuelto mucho más diversas y ya aquellas con un hombre proveedor de ingresos y una mujer cuidadora no son la mayoría. Por decirlo de alguna manera, estas mujeres “masculinizaron” sus vidas. Pero lo contrario no ocurrió: los quehaceres domésticos y los cuidados siguen están en manos de mujeres. Esta situación se exacerba entre las mujeres con menor educación formal y con menores ingresos que tienen menos posibilidades de derivar cuidados contratando y que generalmente derivan cuidados, cuando pueden, a las hijas, madres u otras mujeres de la familia.

nina-domestica_38¿Qué son las políticas de cuidado y corresponsabilidad familiar?

J.M.F.: Producto de las profundas transformaciones del mercado laboral y la continuidad de la organización familiar de los cuidados, actualmente vivimos un cortocircuito entre vida familiar y laboral. Las políticas de cuidado y corresponsabilidad social buscan transformar la actual tensión en nuevas sinergias. Tanto a través de la corresponsabilidad estatal como de la responsabilidad paterna, dos caras de la corresponsabilidad social. La idea es simple: necesitamos más Estado y más hombres que ejerzan su derecho a cuidar, tanto como el Estado ejerza su obligación. 

¿Cuál es su evaluación de la situación de estas políticas en América Latina?

J.M.F.: Pensadas como de conciliación con corresponsabilidad social estas políticas son incipientes. Sin embargo, se apoyan y buscan extender y mejorar muchas medidas que ya existían. Básicamente hay tres tipos de esfuerzos: unos destinados a que las mujeres pero también los hombres puedan alternar el trabajo remunerado con los cuidados. Ejemplos son las licencias por maternidad, que deben llegar a todas las madres y no solo a las asalariadas.

¿Cuáles son las medidas que se pueden implementar en el diseño de los sistemas de protección social para promover la igualdad entre hombres y mujeres?

J.M.F.: Actualmente los sistemas de protección social de la región vienen, primero, impulsando una transformación de las licencias maternales, paternales y parentales. Por cierto, a nivel federal en Argentina se carece de una licencia por paternidad y las mujeres no asalariadas carecen de este derecho. Entiendo que desde 2012 hay una ley que cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados pero que aún no ha sido vista en el Senado que corrige limitaciones de la legislación actual. Segundo, para la población más vulnerable, de la mano de los programas de transferencias monetarias condicionadas –nos gusten o no, ¡estos actualmente alcanzan a 100 millones de personas de toda la región!-, varios países exploran maneras de relacionar estos programas con la inserción laboral femenina y, para lograrlo, es clave la expansión de servicios de cuidados. A la vez, estos servicios son fundamentales para democratizar las oportunidades de la niñez: actualmente, cuando niños y niñas ingresan al preescolar, las diferencias de acuerdo a su condición socioeconómica es muy marcada y difícil de revertir. Tercero, en la región se han comenzado a crear servicios de cuidado acordes a los horarios del mundo laboral. Este desarrollo es aún incipiente e insuficiente pero, en particular en materia de cuidados infantiles, se vienen dando pasos importantes.

img_sintomas_del_sindrome_de_la_cuidadora_1559_orig¿Cuáles son los países latinoamericanos más avanzados en estas políticas? Y ¿Qué tipo de medidas han tomado?

J.M.F.: Hay dos que destacan: Chile y Uruguay. Ambos han transformado licencias y expandido servicios. Sin embargo, si bien ambos representan avances, en términos del tipo de cambio promovido, tienen distinto énfasis: en términos relativos a la comparación, en Chile el énfasis de las medidas es maternalista –por ejemplo, con la creación de una licencia extensa posterior al nacimiento– y en Uruguay el énfasis ha estado en la corresponsabilidad. De todos modos, la investigación comparada es incipiente. Además, toda la región, Argentina incluida, viene dando pasos importantes para regular el trabajo doméstico remunerado. Esto es fundamental porque el contar con esta modalidad, generalmente informal, mal remunerado, sin protección social ni, por ejemplo, licencias por nacimiento, dificulta que la gente demande una mayor y mejor participación del Estado en los cuidados. Con Merike Blofield de la Universidad de Miami, estamos llevando a cabo una investigación comparada con la que esperamos aportar a este análisis sobre grado, tipo y causas de los cambios (¡y de los obstáculos al cambio!). Lo que hemos visto hasta la fecha es que tener una buena inversión social por habitante y Estados con capacidades de hacer cosas es condición necesaria pero no suficiente para avanzar. Queremos entender qué combinación de factores promueve mayor corresponsabilidad social, es decir, tanto corresponsabilidad paterna como estatal.

¿Cuál es el cambio necesario en las familias, la sociedad, el mercado laboral y el Estado para revertir/transformar ésta situación?

J.M.F.: Lo primero es que desde la política pública se tenga claro que abordar la organización de los cuidados es fundamental –no sólo para para mujeres– sino para reducir la desigualdad y la pobreza de los países; para mejorar la productividad de las empresas; y para garantizar derechos de quienes actualmente cuidan y de quienes con cuidados/as. Lo segundo es ver la solución como quien piensa en un rompecabezas en el que múltiples partes, combinadas, adquieren sentido. No hay una única medida (ni licencias ni servicios ni regulación laboral) que pueda, por sí sola, transformar la realidad. Lo tercero es matricular a los hombres en todo lo que se han venido perdiendo en materia de cuidar a los seres humanos que le rodean, y ganarlos como aliados para que el mercado laboral deje de estar organizado como si la principal prioridad de la humanidad fuera el trabajo remunerado. Los seres humanos vivimos vidas bastante cortas y necesitamos poder elegir cómo vivirla. Hoy, los mandatos de género nos obligan a cosas que parecen elección pero en realidad no lo son. El mundo ideal debería estar lleno de hombres y mujeres que definen cómo combinar vida familiar y laboral.

Democracia interna: las tareas de cuidado doméstico y su impacto en la autonomía de la mujer

¿Qué es el cuidado?

Natalia Gherardi: El cuidado se refiere a las actividades indispensables para satisfacer las necesidades básicas de la existencia y reproducción de las personas, brindándoles los elementos físicos y simbólicos que nos permiten vivir en sociedad. Incluye el cuidado directo (la actividad interpersonal de brindar cuidado), la provisión de las precondiciones en que se realiza el cuidado (la limpieza de la casa, la compra y preparación de alimentos) y la gestión del cuidado, cuando éste se delega en otros (coordinar horarios, realizar traslados a centros educativos y a otras instituciones, supervisar el trabajo de la cuidadora remunerada si la hubiera). Son las tareas de cuidado las que permiten atender las necesidades de las personas con diverso grado de dependencia de los hogares (niños y niñas, personas mayores, enfermas o con ciertas discapacidades) y también de las personas que podrían auto-proveerse dicho cuidado.

¿Cómo resuelven las familias las tareas de cuidado? ¿Qué impacto tiene esta organización entre los integrantes de la misma?

N.G.: En general, los recursos y la oferta pública para el cuidado de niños son escasos, tanto a nivel público como privado. Por eso, la mayoría de los hogares resuelve el cuidado cotidiano en base a dos opciones: accediendo a instituciones o contratando servicios de cuidado de manera privada, y a través de las redes de parentesco. Esto tiene un impacto desigual tanto en términos de género como de sector socioeconómico. En general, son las mujeres quienes mayormente asumen la responsabilidad de resolver el tema del cuidado y limitan su autonomía en función de las estrategias que logran implementar y sostener. A esto se agrega que el nivel socioeconómico de las familias y la disponibilidad de recursos por parte de las mujeres limita las opciones a las que pueden tener acceso (contratar una persona, recurrir a instituciones privadas). Por eso, para muchas familias, la disponibilidad de cuidado suele limitarse a las redes de parentesco o a la escasísima oferta pública.

Existe la creencia extendida que son las mujeres las que “naturalmente” son más idóneas para estas tareas, ¿esto es así? ¿Cuál es el rol de los varones? ¿Qué elementos favorecen u obstaculizan el necesario cambio cultural para una redistribución de las tareas al interior de los hogares?

N.G.: Son las costumbres afianzadas en la cultura las que llevan a muchas personas a pensar que las mujeres están “naturalmente” más capacitadas para las tareas de cuidar. Pero la capacidad biológica para gestar, parir o amamantar, claramente no las convierte en particularmente más aptas para preparar la comida, hacer las compras, realizar traslados a la escuela. Por otra parte, las transformaciones ocurridas en las familias y la incorporación sostenida de las mujeres en el empleo, nos obliga a pensar en distribuciones más justas de las tareas de cuidado y por lo tanto, una distribución más justa del tiempo. Las políticas públicas de cuidado podrían contribuir a una mejor comprensión de las aristas complejas del tema del cuidado, y la necesidad de su mejor distribución entre varones y mujeres.

¿Es una cuestión privada de las familias o de interés público?

N.G.: En la medida en que el cuidado es lo que nos permite sostener nuestras vidas, se trata de un problema que nos atraviesa a todas las personas a lo largo de nuestro ciclo vital y que se aborda de un modo interrelacionado involucrando a las familias, al Estado, al mercado y las organizaciones comunitarias. No sólo son todos estos actores los que tienen responsabilidades en materia de cuidado, sino también en las relaciones que se establecen entre ellos. Por ejemplo, el Estado no sólo es proveedor de servicios, sino que también es regulador de las actividades privadas (como en la determinación de las obligaciones de las empresas).

¿Qué es la conciliación familia y trabajo? ¿Qué medidas se pueden adoptar para cambiar esta situación?

N.G.: A través de la idea de conciliación trabajo/familia se hace referencia al conjunto de acciones que se implementan para favorecer la articulación entre las responsabilidades en esas dos esferas de la vida. Algunas de estas acciones se derivan de las leyes, como las licencias de maternidad, paternidad o parentales. En otros casos, se trata de políticas acordadas en las negociaciones sindicales o que se establecen por prácticas empresarias (como los horarios flexibles, la compatibilización del horario de trabajo con los horarios escolares, la extensión de las licencias más allá de las previsiones legales, entre varias otras). Se trata de medidas que un número aún pequeño pero interesante de empresas están adoptando por diversos motivos, entre otros, buscar maneras de retener talentos femeninos que de otras maneras pierden en ocasión de la maternidad.

Lucía Gadano es politóloga, Magister en Desarrollo y Política Social, y Mariana Rulli es politóloga e investigadora de la UNRN (Universidad Nacional de Río Negro).

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