La cultura del piquete

Aleardo Laría.

“Paciencia” es lo que  pidió el vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, a los automovilistas porteños que sufren los reiterados piquetes que generan caos de tránsito en las calles de la Ciudad de Buenos Aires. Al explicar los constantes cortes del tránsito, Santilli argumentó que hay una «cultura de piquetera» que viene de años anteriores. Es la mitad de la verdad. La otra mitad obliga a explicar por qué persiste en Argentina una cultura que se basa en el incumplimiento sistemático de la ley.

La “cultura del piquete”, instalada en Argentina con motivo de los fenómenos de desocupación a que dieron lugar las políticas neoliberales del peronismo menemista, se conservan actualmente porque ha sido incorporada como metodología de lucha por grupos trotskistas o de extrema izquierda, que  cultivan la ilusión de que es posible acabar con el capitalismo. Es decir que de una metodología espontánea adoptada por trabajadores que habían perdido el empleo ha pasado a ser una metodología utilizada por grupos profesionalizados de izquierda radical que alientan  la gimnasia revolucionaria para luchar contra el capitalismo.

«No se puede vivir con todo el día cortando. Así como existe el derecho de manifestarse existe el derecho del otro a circular», consideró Santilli y aseguró que el gobierno del PRO está «trabajando para cambiar la cultura del piquete». «En muchos años la Argentina se acostumbró al piquete como mecanismos para que la dirigencia escuche y nosotros trabajamos para empezar a normalizar la situación», expresó.»Esto no se hace de la noche a la mañana», se justificó Santilli. Y agregó: «No podemos resolver en ocho meses la cultura de piquetear de 20 años».

Santilli cuenta la mitad de la verdad. Es cierto todo lo que dice. Pero le falta completar  el mensaje asumiendo que  aquello que se toleraba en el kirchnerismo por  demagogia o incapacidad, no puede ser aceptado por un gobierno  que se declara respetuoso de la ley y de las instituciones. La “cultura piquetera” que persiste en Argentina no existe en ningún lugar del mundo. No hay ningún país ni gobierno que haya tolerado la infracción permanente de las leyes y adopte la estrategia de la resignación frente a los grupos que por motivos ideológicos se ufanan de violarla sistemáticamente. Ningún Estado de derecho tolera la acción sistemática de grupos ideologizados que sólo buscan implantar el caos para perseguir ventajas económicas o simplemente alterar la paz ciudadana.

Un gobierno basado en el respeto a la ley y a los derechos de los ciudadanos no se puede limitar a pedir paciencia. Tiene que demostrar que está haciendo algo más para erradicar esta prácticaque daña la convivencia democrática. No se trata de dar palos de ciego. Se trata de que se identifique a los perturbadores y se los ponga a disposición de los tribunales para que reciban el  castigo previsto por la ley. De lo contrario serán los nietos de nuestros nietos los que sigan pidiendo “paciencia”.

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