La postura de EEUU ante el conflicto palestino

Aleardo Laría.

La Comunidad Internacional intenta, desde hace años, forzar una solución de paz duradera en el conflicto israelí-palestino. Se basa en los seis principios que reiteró el secretario de Estado John Kerry en su reciente conferencia de prensa: respetar las fronteras de 1967, dos estados para dos pueblos, solución y compensaciones para los refugiados palestinos, Jerusalén como doble capital, garantizar la seguridad de Israel y normalización de relaciones entre los países implicados. Según el secretario de Estado norteamericano, el principio de los dos Estados «es la única solución para la región que puede garantizar el futuro de Israel y la dignidad de los palestinos».

Kerry ha acusado al gobierno de Netanyahu de ser el principal obstáculo para la paz, dado que mientras Israel retóricamente sostiene la política de dos estados, en la práctica alienta la formación de nuevas colonias judías en Cisjordania. Kerry ha denunciado que Israel se ha embarcado en «un proyecto exhaustivo» para acaparar tierras en Cisjordania, ocupada por los israelíes desde 1967. Por consiguiente, en la práctica, está llevando a que la solución de dos Estados para el conflicto palestino-israelí, que a su juicio es «la única vía posible para obtener una paz justa y duradera», se encuentre en «serio peligro». Ha añadido que las aspiraciones de los colonos judíos «están decidiendo el futuro de Israel. Su objetivo declarado es claro: creen en un solo Estado, el Gran Israel».

Cerca de seiscientos mil colonos judíos -de los 7,5 millones de israelíes- ocupan estos territorios en Cisjordania, alejados del estado de Israel. Viven entre los 2,4 millones de palestinos que tienen sus movimientos limitados debido a la política de asentamientos del gobierno israelí. Observar un mapa de Cisjordania es contemplar la piel de un leopardo, donde los puntos negros son las colonias judías construidas en zonas elevadas y en círculos, desde una posición que garantiza tanto el control territorial como el militar. El Estado Israelí ha construido una red de carreteras que une estas colonias y por las que solo pueden circular los colonos judíos. De modo que los territorios palestinos han quedado separados y aislados situación que dificulta su supervivencia. 

Los motivos que llevan a trasladarse a estas colonias son básicamente dos. Por un lado los colones obtienen viviendas subvencionadas y abonan alquileres más bajos que en Israel. Por el otro, muchos judíos ultra ortodoxos eligen vivir allí para apoyar la causa sionista y consolidar la conquista definitiva de estos territorios sagrados.  Se trata de hacer realidad el viejo mito del nacionalismo religioso sionista: la «redención» y el «retorno» a las tierras bíblicas que le habrían sido arrebatadas a los judíos hace 2.000 años.

La denuncia del secretario de Estado Kerry tiene el valor político de hacer público lo que era un secreto a voces: que la anexión de la totalidad de Cisjordania es el proyecto encubierto del gobierno de Netanyahu. Lo prueba también el hecho de que los asentamientos en Cisjordania aumentaran en los últimos años. Kerry afirmó que  Israel acumula «el mayor número de asentamientos de la historia», con casi 600.000 colonos, de los que 270.000 se han asentado durante el periodo del presidente Obama (2009-2017).

Por otra parte, este ha sido el objetivo histórico del movimiento sionista. “La creación de una mayoría judía…es el objetivo fundamental del sionismo, ya que la expresión “Estado judío” significa una mayoría judía”, afirmaba en los años 50 el líder sionista Vladimir Jabotinsky. La ocupación total de Cisjordania, que había formado parte del reino bíblico judío con Judea y Samaria, es el objetivo del denominado por Avi Shlaim  “sionismo religioso”.  Estos grupos político-religiosos son los socios en el Gabinete de Netanyahu: dos grupos ultraortodoxos judíos, el movimiento nacionalista religioso de los colonos y una formación reformista escindida del propio Likud.

Para los sionistas religiosos, la solución óptima ha sido siempre  provocar el éxodo masivo de la población árabe indígena. En la primera etapa del establecimiento de Israel, esto se logró por medio de la limpieza étnica, matando y aterrorizando a la población local. Alrededor de 500 aldeas palestinas fueron destruidas por la Haganah, el ejército de los primeros colonos judíos. Los trabajos de investigación de los nuevos historiadores judíos dan cuento de ello (“La limpieza étnica de palestina” de Ilan Pappé y “El muro de hierro” de Avi Shlam). Como señala Pappé, “el hecho de que los expulsores fueran recién llegados al país y formaran parte de  un proyecto de colonización hace que el caso de Palestina se asemeje a la historia colonialista de limpieza étnica de las Américas, África y Australia, donde los colonos blancos cometieron tales crímenes en forma rutinaria”.

En la actualidad, como sería muy difícil utilizar esos métodos, lo que se quiere es provocar el éxodo de modo indirecto, aumentando las dificultades de vida a los árabes que ocupan esos territorios. La labor de ocupación no se podría hacer de modo precipitado, por la resistencia de la Comunidad Internacional. Por lo tanto se ha optado por una estrategia de largo plazo, para obtener  finalmente una supremacía étnica y religiosa en esos territorios. La idea de aceptar un Estado palestino no está en la cabeza de los dirigentes ultraderechistas  del gobierno de Netanyahu.  El líder del Likud se comprometió, en vísperas de las elecciones del 17 de marzo de 2015, a impedir la creación de un Estado palestino si era reelegido. Luego de las elecciones matizó sus palabras, pero los hechos son elocuentes.

Como señala Ilan Pappé, “en tanto último enclave poscolonial europeo en el mundo árabe, Israel no tiene otra alternativa que transformarse voluntariamente un día en un Estado  civil y democrático”. Es difícil concebir soluciones que apoyen en el racismo y el fanatismo religioso. La presión internacional y el cambio de posición de Estados Unidos favorecerán los esfuerzos de tantos judíos laicos que en el interior de Israel y en el mundo también trabajan por la paz y aceptan la conformación de dos Estados en Palestina.

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