Las insinuaciones xenófobas del Senador y sindicalista Guillermo Pereyra

Jalenska Zurakoski Luparelli.

Las posibilidades de un pacto federal petrolero han quedado supeditadas a la negociación con las fuerzas sindicales del sector, con lo cual no se tendrán novedades hasta después de la reunión de conciliación obligatoria que se realizará el martes 03 de enero en Buenos Aires. Refiriéndose a este tema, el viernes 30 de diciembre el titular de Petroleros Privados, Guillermo Pereyra hizo declaraciones al respecto, en las cuales retomó la idea del titular de Petroleros Jerárquicos y Profesionales del Petróleo y el Gas, Manuel Arévalo, de señalar a los extranjeros como parte de los problemas que deben resolverse para paliar la crítica situación que atraviesa el sector.  

A comienzos de diciembre, Arévalo había arremetido contra las empresas de la industria que, según el dirigente, contratan personal extranjero al mismo tiempo que anuncian recortes destinados a perjudicar a los operarios locales. “Esto no es nuevo, pero las compañías nunca nos escucharon. No queremos que las familias argentinas se queden sin empleo”, había declarado el sindicalista.

Llamativamente Arévalo se despachó de esta manera cuando la opinión pública se hallaba todavía consternada por la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de EEUU. En aquellos días sobraban analistas en todos los medios locales preocupados por dilucidar cómo había podido imponerse electoralmente un candidato con un discurso xenófobo, que no dudaba en acusar a los latinos inmigrantes de quitarle trabajo a los obreros estadounidenses, señalándolos como parte responsable de la crítica situación económica que padecen los sectores de ingresos medios del país del norte.

Lamentablemente, en el brindis con dirigentes de su línea política y militantes del partido provincial (MPN), en el camping del sindicato de petroleros privados, Pereyra habló de priorizar los despidos de extranjeros. “Estamos muy preocupados por la gente que viene de afuera. Constitucionalmente tienen derecho, no hay ningún delito, pero la legitimidad la tienen los neuquinos. Si viene gente del norte, de otras partes del país o de otros lugares de América Latina, se debe empezar por despedir a esa gente y los neuquinos que queden trabajando”

Pereyra el viernes 30/12 pronunciando su discurso. Foto: diario Río Negro

De esta forma, Guillermo Pereyra se acerca con sutileza a un discurso xenófobo que no puede ni debe ser tolerado bajo ningún argumento. Peligrosamente y en primer lugar, distingue en sus palabras a los de “afuera” que no son neuquinos, que provienen de otros puntos del país, aquí señala con astucia a los ciudadanos argentinos del norte. Luego habla directamente de los extranjeros de “otros lugares de América Latina”.

Guillermo Pereyra es un dirigente político de vasta trayectoria dentro de las primeras líneas del MPN, a la vez que es líder sindical de manera ininterrumpida desde 1984 y Senador Nacional, representando a la provincia de Neuquén en el Congreso Nacional. Tiene el conocimiento suficiente fundado en su experiencia para suponer el impacto de sus discursos en la militancia que lo acompaña y en los trabajadores que representa en particular, y en la sociedad en general. Como líder, como político, como funcionario público y como adulto mayor tiene la responsabilidad legal y moral sobre sus palabras, más cuando éstas estimulan acciones violentas.

En una república democrática y federal, como lo es Argentina, son inadmisibles las diferencias que se pretendan imponer entre las personas, distinguiendo categorías de ciudadanos, estableciendo regulaciones que impongan privilegios entre los mismos connacionales, y entre éstos y los extranjeros. Es propio de un ordenamiento fascista atribuir “derechos” a los distintos grupos según le resulte conveniente a los intereses y/o ideología del planificador (funcionario público, líder sindical, legislador, etc.).

Siendo representante en el Congreso Nacional, Pereyra a la única legitimidad a la que debe ceñirse es a la del orden jurídico argentino, que se funda en el respeto irrestricto por los pactos, convenios y tratados internacionales de Derechos Humanos, que gozan de jerarquía constitucional según el Artículo 75 de nuestra Carta Magna. De esta forma, la Constitución Nacional Argentina no establece distinciones entre los seres humanos, puesto que la noción primera es la plena vigencia de los Derechos Humanos, que se fundan en criterios de universalidad contrarios a los localismos, nacionalismos, e ideologías que pretenden diferenciar a las personas por hechos azarosos e inevitables, tales como el lugar de nacimiento.

Quizá el líder sindical neuquino pueda recordar el Preámbulo de la Constitución Nacional, ley suprema de todo nuestro ordenamiento jurídico, sobre la cual juró al asumir como Senador de la Nación, que enuncia casi hacia el final la voluntad de los constituyentes de 1853 de “(…) promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino (…)”

Además de ello, Pereyra puede continuar en la lectura de la Constitución Nacional que en el Artículo 14 establece que “Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.” A continuación el Artículo 14 bis, que todo dirigente sindical debe conocer de memoria, reza en su primer línea: “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor (…)”

Como líder gremial, Guillermo Pereyra debe velar por los derechos de los trabajadores vinculados al sindicato de petroleros privados, donde toda prerrogativa para los agremiados proviene de su trabajo en el sector, el cual debe ser acorde a la legislación vigente. Tema ajeno al lugar de nacimiento del trabajador.

Por si le quedaran dudas relativas a la posibilidad de establecer distinciones entre personas, el Senador podría seguir con el Artículo 16:La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.”

Respecto a la situación particular de los extranjeros, la lectura apropiada pasa por el Artículo 20 que comienza así: Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión (…)” También el Artículo 25 que abraza la llegada de inmigrantes a nuestro país, subrayando que el Gobierno federal “(…) no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias (…)”

Dado que la preocupación primera de Pereyra pareciera ser preservar los intereses de la provincia y de su gremio por sobre lo demás, puede consultar la Constitución de la Provincia de Neuquén que establece de manera categórica en su Artículo 29. Ninguna ley o reglamento podrá hacer distinción entre el extranjero o el nativo en el ejercicio de los derechos civiles y gremiales.

Guillermo Pereyra debería cuidarse de no predicar la violencia en sus discursos públicos y en sus acciones, evitando caer en la tentación demagógica de agitar a sus seguidores con consignas que lejos ayudar a comprender y solucionar temas complejos, estimulan la confusión, el odio y el resentimiento. Es abusivo por parte de un líder aprovechar la angustia que provoca en sus seguidores un contexto económico recesivo para transmitir mensajes que distorsionan la realidad al tiempo que apuntan a un enemigo en común, para aunar a los propios contra los foráneos, sumergiendo a su militancia en una lógica violenta, que, según enseña la historia, puede tener resultados catastróficos para la humanidad.

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