La crisis frutícola sigue. CAME detalla las razones en un crudo diagnóstico

Alicia Miller.

El complicado panorama de la fruticultura incluye precios en algunos casos por debajo de los costos de producción, baja calidad de la fruta recolectada, alta producción fiscal, dificultades para exportar a Brasil, escaso financiamiento y alta conflictividad laboral, entre otras cuestiones.

Así le expresó la Confederación de la Pequeña y Mediana Industria de Argentina -Came- en un documento difundido este fin de semana a través de su página web. “Comenzó la cosecha de peras y manzanas y el panorama para los productores, que desde hace años viene perdiendo sistemáticamente competitividad, no es el mejor”, señala la entidad. Dijo que los problemas “que arrastra la actividad desde hace tiempo, lejos de resolverse, se agravan año tras año”.

Para Came, las medidas adoptadas por el gobierno de Mauricio Macri -la eliminación del 5% en retenciones, ni los reembolsos por puerto patagónico del 7%- no han sido suficientes para revertir el ciclo de crisis del sector.

4.000 hectáreas perdidas y 15.000 abandonadas

“Para dimensionar el problema, en cinco años se perdieron 4.000 hectáreas de superficie plantada (se estima además que hay otras 15 mil en estado de abandono), se perdieron 2 millones de jornales, las exportaciones cayeron 36%, la producción se retrajo 42%, y se estima que el sector se descapitalizó en más de US$ 787 millones. Con estos números, se posiciona con un fuerte déficit en capital de trabajo y sin recursos para invertir en tecnología.

Toda esta crisis ocurre en un contexto de incremento en la demanda mundial de peras y manzanas, que a diferencia de la Argentina, está permitiendo que países como Chile y Sudáfrica ganen mercados desplazando al productor local.

Ante esta situación, la cosecha 2017 ya está en marcha, aunque con perspectivas bastantes malas para las peras y moderadas para la manzana. En ambos cultivos se observa la pérdida de calidad como consecuencia de las heladas y los granizos que afectaron a la zona del Alto Valle de Neuquén y Río Negro. Se prevé que sólo entre un 30 y 35 % de lo producido llegará en óptimas condiciones comerciales al galpón de empaque.

En el caso de la pera, la recolección la encuentra con precios por debajo de los costos de producción y a la industria con altos niveles de stock de la temporada pasada, con dos tercios de la cosecha de baja calidad y un Brasil muy exigente en materia sanitaria.

Para la manzana las perspectivas son algo más alentadoras, simplemente porque se espera que los precios se mantengan en los mismos niveles del año pasado, con una producción levemente por encima.

Pero los problemas que acarrean los agricultores son numerosos; la mayoría vinculados a distorsiones macroeconómicas o estructurales internas.

Los problemas, uno por uno

La actividad atraviesa así uno de los peores periodos de la historia. A saber:

  • Falta de financiamiento. Por la difícil situación de las empresas del sector los bancos son reticentes a otorgar préstamos. Justo cuando se necesita implementar líneas de financiamiento a tasas subsidiadas para capital de trabajo para la temporada, inversión para mejora productiva y prefinanciación de exportaciones
  • Altos costos internacionales. Frente a competidores como Chile y Sudáfrica que dejan al productor local fuera de mercado y explican la baja en las exportaciones.
  • Baja productividad. Mientras en la Argentina se producen 34 toneladas por hectárea promedio, tanto de peras y manzanas, en Sudáfrica la cosecha promedio es de 45 toneladas por hectárea para peras y 57 para manzanas, y en Chile de 49 y 59 respectivamente.
  • Baja tasa de inversión. Falta innovación en toda la cadena de valor y calidad en la inversión tecnológica que se realiza. Hay baja modernización en toda la cadena, tanto en plantas de empaque como en la producción o en el campo.
  • Presión tributaria. La carga impositiva en la fruticultura es muy superior a otros países competidores. Aun eliminando las contribuciones patronales no se lograría tener un costo para competir con Chile y Sudáfrica
  • Alto ausentismo. Con fuerte conflictividad laboral, se plantean limitaciones en la programación y productividad del sistema.
  • Alto costo para importar tecnología. Permitiría mejorar la productividad tanto a nivel productivo como en el proceso de la fruta para comercializarse en fresco.

La fruticultura es la principal ocupación económica en el Alto Valle de Río Negro y una de las más importantes también para la provincia de Neuquén. Por ahora, ni la eliminación del 5% en retenciones, ni los reembolsos por puerto patagónico del 7% ayudaron a mejorar la rentabilidad de la actividad. El aumento de los costos en dólares desde 2009 ha sido muy fuerte, y se suma a la caída de los precios, poniendo al sector en jaque.

Luego de años sin rentabilidad, pérdidas de mercados y donde muchos productores fueron dejando la actividad, se necesitan acciones combinadas entre el sector público, las instituciones intermedias y los mismos productores para salir de la crisis actual. El reclamo es generalizado por parte de las distintas cámaras del sector en la necesidad de una reconversión estructural.

 

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