Vaca Muerta, ¿la Dubai argentina?

Jalenska Zurakoski Luparelli.

Han transcurrido varios años desde que en junio de 2012 la Agencia de Información Energética de los Estados Unidos anunció que la Argentina era el tercer país con más recursos hidrocarburíferos no convencionales del mundo (detrás de EE.UU. y China). A partir de dicho momento todas las miradas apuntaron a Vaca Muerta, el reservorio de hidrocarburos no convencionales más grandes del país y uno de los más valorados del mundo, con 30.000 km2 y con poco más del 40% de los recursos totales del país. Dados los vaivenes políticos y económicos, en los últimos años se había dejado de hablar sobre el tema en Argentina–no tanto en Neuquén- y a partir de los últimos anuncios presidenciales volvió a ubicarse en el centro de la escena, al punto que las expectativas en la provincia son muy fuertes.

En 2011, a pocos meses de lograr la reelección con el 54% de los votos, la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner, tomó la decisión de expropiar Repsol-YPF, una maniobra que tuvo amplio respaldo de la población pero que fue controvertida dado el vaciamiento previo de la empresa y la desprolijidad jurídico-legal con la que se llevó a cabo. En medio de una marketinera gesta nacionalista, CFK llegó a hablar de “la Argentina como la nueva Arabia Saudita” en una visita a EEUU.

Mientras, atraídos por las nuevas posibilidades, el empleo en Añelo se disparó y el pueblo vivió una traumática explosión demográfica, recibiendo migrantes de distintos puntos del país, especialmente de Buenos Aires, Salta, Tucumán y Mendoza. Así, entre 2013 y 2016 la población pasó de 2.449 personas a 7 mil. No obstante, de cobrar sueldos de $60000 promedio por su labor vinculada al petróleo, hoy un escaso 10% tiene un trabajo en dicha industria y el pueblo apenas tiene agua potable y alguna cloaca.

En la actualidad, si bien el contexto político y la estrategia del gobierno nacional es muy diferente a la elegida por el kirchnerismo, con los anuncios para el desarrollo de nuevas inversiones en Vaca Muerta a raíz de un acuerdo fundado en bajar costos a cambio de mayor productividad, con el lanzamiento del Plan Patagonia y con la promesa de ingentes inversiones, nuevamente se instala la expectativa de que Añelo sea la Dubai Argentina. Renace el mito del crecimiento económico fundado en la redituable explotación del oro negro.

Al respecto es sumamente ilustrativa la crónica titulada “El pueblo de 7 mil habitantes que sueña con ser la Dubai argentina”, publicada en Viva-Clarín recientemente, en la cual la periodista Victoria de Masi relata: Adentro, en su oficina, el intendente del pueblo Darío Díaz –40 años, segundo mandato, ex chofer de camiones en una petrolera– describe a Viva el mapa que está contra la pared. El plano es grande y ambicioso: se trata del Plan Estratégico Añelo 2034. Una ciudad que crecerá ocho kilómetros en forma lineal y que intenta hacer propio el lema “la Dubai argentina”. Incluye un matadero, campo hípico, hectáreas destinadas al cultivo de olivo y frutas, barrios privados, 5 mil lotes para viviendas, cloacas. En 2011, el municipio recaudó un millón de pesos. En 2016, 40 millones. 

Sin embargo, y en réplica a dicho artículo, el jefe comunal de Añelo pidió cautela a la población, para que no se lance de manera masiva a la ciudad en busca de trabajo. “Hay que seguir trabajando. Se están firmando los acuerdos y luego hay que poner los planes en acción, que llevarán un tiempo”, dijo al portal Vaca Muerta News. En la misma entrevista, Díaz aclaró que el plan de inversiones y de trabajo anunciado llevará un tiempo. “Muchas veces estas noticias repercuten en todo el país y la gente, con la necesidad de buscar un nuevo horizonte y un bienestar para su familia, se abalanza sobre la región y luego se complica la cuestión social y la convivencia.”

Si bien es auspicioso que un pequeño pueblo comience a pensarse a futuro, con un plan a 17 años, la mera proyección municipal en materia infraestructura no termina de zanjar las diferencias entre Argentina y la realidad de los países integrantes de la OPEP reconocidos por su riqueza (con indiferencia del nivel de vida de su población).

Existe una distancia sideral entre nuestro país y Dubai, Arabia Saudita, Nigeria, Venezuela, Irán, Irak, Ecuador; solo por nombrar algunos de los integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Más aún, el contraste es impresionante, por mucho, con la experiencia del país modelo por excelencia en la materia: Noruega. La diferencia nodal entre cada Estado pasa por los marcos institucionales, los cuales resultan ser muy distintos si se realiza una comparación entre cada caso. No siempre la superabundancia de recursos naturales impacta en una mejora notable del nivel de vida en la población.

Sin ir más lejos, a partir de 1980 se comenzó a hablar en el mundo de la paradoja de la abundancia, conocida como “enfermedad holandesa”, según la cual países y regiones con una abundancia de recursos naturales, especialmente recursos no renovables, tienden a tener un menor crecimiento económico y resultados de desarrollo peores que los países con menos recursos naturales. 

Esta teoría -de sesgo determinista- trata de explicarse a raíz de diferentes fenómenos económicos basados en el predominio de la explotación de los recursos no renovables abundantes por sobre la diversificación económica, tales como una disminución de la competitividad de otros sectores económicos, la volatilidad de los ingresos provenientes de estos recursos naturales muy expuestos a los avatares de la economía mundial, etc. A los que agrega otros factores de tipo político institucional concentrados en la mala administración de los recursos que llevan a cabo los gobiernos y la presencia de instituciones deficientes, sea por su debilidad, corrupción, escasa calidad normativa, entre otros. Sucede que solo la calidad institucional es la base del buen desempeño económico que genera crecimiento a largo plazo, mejora la calidad de vida y favorece la existencia de un mayor número de oportunidades para las personas.

Yendo más atrás en el tiempo, en la Modernidad, un clásico de la ciencia del buen gobierno, Nicolás Maquiavelo en su obra “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” había expresado: “(…) es más prudente decisión -para una ciudad nueva- establecerse en lugar fértil, cuando esa fertilidad se restringe en debido término con las leyes”, aludiendo a la necesidad de instituciones que eviten el vicio y la corrupción como condición primera cuando la geografía es abundante en recursos.

Profundizando en algunos casos de referencia para valorar diferentes esquemas institucionales, a continuación analizamos brevemente la situación de Venezuela, Dubai, Arabia Saudita y Noruega. 

Venezuela se encuentra atravesada por la corrupción y clientelismo político, la principal estrategia del chavismo ha pasado por un uso voraz e improductivo de los recursos que consiste en la apropiación de la renta petrolera por algunos grupos estrechamente relacionados con el poder político. Gracias a la renta extraordinaria de la explotación hidrocarburífera en el país sudamericano se ha instalado una autocracia de corte populista, famosa por su ineptitud e ineficiencia, con una capacidad inaudita para generar miseria en una de las tierras más ricas del subcontinente americano.

Dubai suele ser descripta como una sociedad de enormes contrastes y contradicciones, partida al medio, donde la riqueza se halla concentrada en muy pocas manos y las libertades civiles y políticas se hallan severamente restringidas, mientras que su administración económica ha permitido que sea un verdadero centro de alto nivel para las inversiones, el comercio y la cultura a escala global. Según el World Economic Forum, el crecimiento y la capacidad de resiliencia de Dubái son atribuibles a su modelo denominado “modelo ABS”, que tiene como objetivos la atracción de negocios, la promoción de marcas y el desarrollo liderado por el Estado. En una nota para este foro de referencia, el periodista Yasser Al-Saleh describe: “Su sociedad sigue las tradiciones tribales que solventan y apoyan a su élite gobernante, encabezada por la familia real, que desempeña un papel paternal y omnipotente en la determinación de la dirección y la forma del desarrollo económico.” El foco de sus dificultades pasa por el subdesarrollo de su capital humano nacional, la dependencia de mano de obra y capitales extranjeros; así como por la inestabilidad política y la pobreza de la región.

Arabia Saudita combina un poco de cada caso, en una sociedad donde más de un tercio de la población es pobre y vive bajo normas que limitan en extremo las libertades individuales. Este país tiene la segunda reserva de petróleo del planeta, y es el primer exportador mundial. Las cuentas del petróleo generan más del 90% de las exportaciones y representa el 75% de los ingresos del país. Sin embargo, en palabras de Alejandro Bianchi, periodista autor del libro “Argentina Saudita”: “(…) los US$ 400.000 millones por año que le ingresan al país por la renta petrolera no significan más desarrollo. Cuando comenzó el auge petrolero en los 70, la población pasó de seis millones a 20 millones de habitantes. El problema son los 10 millones de extranjeros, más calificados, que viven y se quedan con los mejores trabajos. Según datos de la CIA, el 80% de la fuerza laboral del país es extranjero. El desempleo llega al 10,5% (estimado por falta de cifras oficiales) pero asciende al 35% entre los jóvenes de entre 18 y 25 años. Sucede que el gobierno no orientó la educación hacia el petróleo. Los saudíes prefieren estudiar religión e idiomas, donde hay menos demanda laboral. Alrededor de 1,8 millón de habitantes cobran un seguro de desempleo.” Si bien esta información es del 2014, continúa vigente en la actualidad.

Por su parte, Noruega, según explica Bianchi, en los años 70 se encuentra con su Vaca Muerta, descubre un gran yacimiento de petróleo y gas en el Mar del Norte, y no tenía ninguna experiencia petrolera. No era entonces el país que conocemos ahora, con este gran desarrollo y calidad de vida. La estrategia pasó por ir paso a paso, ahorrando antes que consumiendo. Hoy por hoy es uno de los principales productores de gas y petróleo del mundo, su empresa es la gran referente mundial. Mientras que, tras descubrir petróleo, otros países han derrochado los ingresos, Noruega ha seguido invirtiendo el dinero de la renta de su petróleo y gas en un gigantesco fondo soberano. Los gobiernos, independientemente de su signo político, están fuertemente limitados por la legislación de forma tal que sólo están autorizados a utilizar el rendimiento de los fondos, estimado en 4% anual. Así, este país ha ahorrado desde la década de 1990 la mayor parte de sus ingresos petroleros para perpetuar la financiación de su Estado, independientemente de la coyuntura. El fondo, invertido en valores y en el sector inmobiliario, se eleva actualmente unos 734,000 millones de euros. De esta manera, Noruega es el ejemplo por excelencia que ilustra la mejor inversión de una renta petrolera extraordinaria.

Según las estimaciones hechas por la Agencia de Información Energética de los EE.UU., las reservas de combustibles no convencionales como las de Vaca Muerta alcanzarían a abastecer el consumo nacional de unos 400 años. No obstante, el desafío es grande y los resultados aún están por verse. Lo que debería comenzar a tomar relevancia en el discurso, en el debate político, en las universidades, en las usinas de ideas y en el diseño de políticas públicas, es la calidad de nuestro esquema institucional: el número de normas y su calidad para garantizar la vigencia del derecho y la seguridad jurídica sostenibles en el largo plazo, tanto para atraer capitales como para crear riqueza. Es vital comprender que en Argentina, además de impulsar inversiones para la extracción del recurso, aún resta la reflexión acerca del uso que se le va a dar a esa renta extra. Superar las limitaciones descriptas por la paradoja de la abundacia implica ir más allá de la mera explotación del recurso, supone comenzar a pensar qué uso se le va a dar a los ingentes ingresos. Siempre teniendo presente que se trata de la administración de recursos no renovables, de manera que su stock es finito, y, por lo tanto, agotable. 

La puja sectorial que presenciamos hasta el momento sólo refiere a la apropiación de los millonarios ingresos que los anuncios anticipan, con escaso énfasis en la calidad del entorno institucional para producir, evitar el despilfarro y elevar la calidad de vida de los argentinos más allá de su posición relativa en el mapa político y socio económico. 

 

Comentarios

comentarios

Sé el primero en comentar

Deja un comentario