#1A, un nuevo actor irrumpe en la contienda política

Jalenska Zurakoski Luparelli.

Un nuevo actor ha comenzado a asomar a paso firme en la contienda política argentina, se trata de una ciudadanía “participativa”. Desde el primero de abril (#1A), sus integrantes aparecieron en las calles de todo el país, actuando con autonomía por fuera de los partidos y de las demás corporaciones tradicionales.

Voces que habitualmente resuenan en las redes sociales, de manera espontánea, han decidido manifestarse en actos individuales y colectivos que trascienden el mundo virtual, concretándose en prácticas de características específicas. Se trata de acciones heroicas en el sentido de que son realizadas por personas que han decidido por propia voluntad salir del rol de testigos para pasar a ser protagonistas decisivos del debate político.

Los años del régimen K impusieron el silencio en vastos sectores, especialmente en aquellos no organizados bajo ninguna estructura corporativa, que quedaban al margen de la disputa política. Vapuleados por cadena nacional y por un sinfín de medidas de gobierno, pero sin representación política concreta. Se trataba de una parte significativa del electorado, no ideologizado, no organizado y, por ende, sin representación en los espacios legislativos.

En la carrera electoral de 2015, la coalición CAMBIEMOS y el Frente Renovador pujaron por lograr conquistar a este ingente grupo de indignados argentinos que se había hecho notar en multitudinarias movilizaciones auto-convocadas contra el gobierno de la presidente Cristina Fernández, pero que no se hallaban organizados bajo ningún líder, color o símbolo. Fue en el espacio cibernético donde Mauricio Macri y su equipo pudieron acercarse y lograr con mucho esfuerzo su apoyo en la dura batalla electoral.

Claramente la emergencia de esta ciudadanía tiene que ver con la irrupción en la política de la clase media global, la cual exige el derecho a participar en la toma de las decisiones que afectan a la ciudadanía desde lugares diferentes de aquellos ámbitos políticos tradicionales pugnando por formas democráticas participativas. A este fin, internet resulta crucial ya que ha acercado la política al ciudadano, en un espacio en el cual éste tiene un rol activo, resignificando el activismo en general y la militancia política tradicional en particular.

Se trata de un electorado que no sigue líderes carismáticos, que no está acostumbrado a llenar una plaza cuando se lo exigen y que está cansado del clima de anomia y alta tensión política que se vive en el país desde hace varios años. Es un grupo heterogéneo, con innumerables divisiones internas que usualmente se conduce por fuera de los canales tradicionales. De hecho, muchas veces lo que los moviliza es el espanto frente a los mecanismos habituales de la política.

Muchos de estos ciudadanos votaron a Mauricio Macri por representar una novedad en el sistema político, pero dejando en claro que su voto no es un cheque en blanco. Con lo cual su voz es crítica y su fidelidad es ambigua. Su coraje tiene mucho que ver con el clima de mayor distensión, libertad y diálogo inaugurado tras las últimas elecciones presidenciales, circunstancias propiciadas por un gobierno nacional conformado por una coalición política tripartita y obligado a gobernar siendo minoría en ambas cámaras del Congreso Nacional. 

Fundamentalmente es un electorado que se manifiesta hastiado y demanda medidas concretas para la transformación del país que, tras observar durante estos primeros meses del año cómo los espacios públicos eran tomados por corporaciones de distinta índole con un discurso virulento y muchas veces antidemocrático, decidió hacerse oír elevando su voz con consignas republicanas y democráticas el #1A. La ciudadanía participativa se movilizó orgullosa de no haber sido convocada por ningún gobernante ni referente político de primera línea. Con los colores de la bandera argentina, procurando dejar en las calles un carril liberado para la libre circulación de transeúntes y automovilistas ajenos a la movilización, estos ciudadanos se congregaron en distintos puntos del país un día sábado por la tarde, al finalizar su semana laboral.

Dándole un espaldarazo de legitimidad al gobierno nacional, con demandas concretas en materia seguridad, exigiendo mayor firmeza en el control del espacio público y en la protección de los derechos individuales por sobre los comportamientos abusivos de las corporaciones tradicionales y grupos de presión habituados tomar la calle por la fuerza, tuvieron una respuesta pronta de las autoridades nacionales.

Sin ir más lejos, esta semana fue protagónico a nivel país el rol del Ministerio de Seguridad de la Nación que por primera vez pudo implementar el operativo antipiquetes que había sido anunciado en 2016 sin mayor éxito en su aplicación. En el Alto Valle pudimos observar cómo personal de Gendarmería Nacional y Prefectura mantuvo despejado el Puente carretero que separa Neuquén de Cipolletti, a pesar de que, como es habitual, se movilizaron distintos grupos con el fin de impedir el paso de automovilistas. Durante el paro nacional convocado por la CGT-CTA en Neuquén, marcharon los gremios docente ATEN, estatales de ATE, ceramistas,  textiles, y la UOCRA, sin lograr concretar el bloqueo de los puentes, gracias a la presencia de aproximadamente 200 uniformados enviados por Nación.

El jueves pasado, llevando a cabo acciones concretas e implementando distintas estrategias, la ciudadanía participativa y autonvocada decidió actuar bajo la consigna #YoNoParo y a través de las redes infundieron ánimos entre quienes elegían no hacer huelga ni dejarse presionar por los grupos de interés que convocaron al paro de actividades. Con valor defendieron su libertad de elegir y procuraron trabajar, creando redes espontáneas de ayuda mutua para resistir a la medida de fuerza gremial. Algunos pusieron sus vehículos a disposición para llevar a su trabajo a quienes dependen exclusivamente del transporte público, filmaron y registraron actos de violencia, elevaron denuncias, felicitaron a los comerciantes que decidieron abrir sus negocios desde temprano; en Buenos Aires acompañaron a las tres hermanas de Lomas de Zamora que defendían su fuente de trabajo manteniendo las puertas de su estación de servicio abiertas -a pesar de la violencia de patotas que, identificadas con el gremio que lidera el cegetista Acuña, las hostigaban.

Una vez más ha quedado demostrado que internet ofrece el espacio para el desarrollo de estrategias que permiten el armado de redes que actúan como movilizadores de ciudadanos por fuera de las estructuras políticas habituales, que pueden pasar desde un uso pasivo, a activismo en una causa. Las redes sociales llaman al diálogo entre pares, mientras que con internet aumenta el control ciudadano y la exigencia de transparencia de la función pública.

Es de prever que a medida que mejore la situación económica del país y crezcan los estratos medios, con un mayor nivel adquisitivo, con mejor acceso a la educación y comunicación vía internet y dispositivos tecnológicos, estos sectores ciudadanos crezcan en número y en peso político. Se trata del ascenso de la clase media global que se da a la par de las posibilidades infinitas que ofrece el desarrollo tecnológico.

Es un verdadero desafío para los sistemas políticos, que emerge como una oportunidad para la pluralidad y la ampliación de las instancias de participación en los asuntos públicos, de la mano del acceso de nuevos grupos a la política. Si bien en el debate político argentino se insiste con una retórica en clave tradicional, la ciudadanía participativa ha llegado para quedarse dando muestras de poder concretas en pleno año electoral.

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