Humor y política: “Disculpe, señor”

Alejandro Rojo Vivot

“El contrasentido es empleado muchas veces en la técnica del chiste, sin que su fin sea la revelación de otro diferente desatino”. [1]

Sigmund Freud (1856-1939)

El humor envuelve y desata lo que quiere expresar, apelando a la inteligente atención; a veces cuenta historias que pueden ser crónicas del presente, lo que las reviste de particular trascendencia y vitalidad. El sarcasmo [2] contribuye en mucho en tal sentido.

El eximio poeta, músico y cantor español Juan Manuel Serrat Teresa (1943), ha generado, desde 1965, profusas obras de cabal enjundia, recibiendo numerosos premios y nueve doctorados Honoris Causa.

En ciertas oportunidades apela a la ironía en sus textos políticos, de gran belleza.

También debemos subrayar que genera, en algunos, interpretaciones dispares, inclusive atribuyéndole intensiones que jamás puntualizó.

En este sentido, la concentración de la riqueza en unos pocos es frecuente tanto en sociedades democráticas como en las regidas por partidos únicos o imperios sin monarcas; la cabal prevalencia de la libertad contribuye a la movilidad social y la corrupción generalizada la limita.

También es creciente la centralización de las fortunas personales en cada vez menos individuos aumentando las brechas de desigualdades económicas y de posibilidades de desarrollo individual y comunitario; la pobreza en el siglo XXI sigue siendo una afrenta a los derechos humanos.

“Disculpe el señor/ [3] si le interrumpo, pero en el recibidor/ hay un par de pobres que/ preguntan insistentemente por usted.

No piden limosnas, no…/ Ni venden alfombras de lana,/ tampoco elefantes de ébano./ Son pobres que no tienen nada de nada.

No entendí muy bien/ sin nada que vender o nada que perder,/ pero por lo que parece/ tiene usted alguna cosa que les pertenece.

¿Quiere que les diga que el señor salió…?/ ¿Que vuelvan mañana, en horas de visita…?¿O mejor les digo como el señor dice: ʻSanta Rita, Rita, Rita,/ lo que se da, no se quita…?ʼ.

Disculpe el señor, / se nos llenó de pobres el recibidor/ y no paran de llegar,/ desde la retaguardia, por tierra y por mar.

Y como el señor dice que salió/ y tratándose de una urgencia,/ me han pedido que les indique yo/ por dónde se va a la despensa,/ y que Dios, se lo pagará.

¿Me da las llaves o los echo? Usted verá/ que mientras estamos hablando/ llegan más y más pobres y siguen llegando.

¿Quiere usted que llame a un guardia y que revise/ si tienen en regla sus papeles de pobre…?/ ¿O mejor les digo como el señor dice:/ ʻBien me quieres, bien te quiero,/ no me toques el dinero…?ʼ.

Disculpe el señor/ pero este asunto va de mal en peor./ Vienen a millones y curiosamente, vienen todos hacia aquí.

Traté de contenerles pero ya ve, / han dado con su paradero.

Estos son los pobres de los que le hablé… / Le dejo con los caballeros / y entiéndase usted…/ Si no manda otra cosa, me retiraré./ Si me necesita, llame…/ Que Dios le inspire o que Dios le ampare,/ que esos no se han enterado/ que Carlos Marx está muerto y enterrado”.

El autor es representante titular de la Municipalidad de Ushuaia ante el Consejo Consultivo para la Promoción y Fomento de la Innovación Tecnológica. (1996).

[1] Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo I. Página 1060. Madrid, España. 1973.

[2] Pesimista, áspero, incisivo.

[3] Compuesta en 1991 e incluida en el álbum Utopía de 1992.

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