Humor y política: Un guapo del 900

Caras y Caretas. Julio de 1901.

Alejandro Rojo Vivot

“Continuando la investigación de nuestro material, creemos describir una nueva subdivisión de la representación indirecta, fácilmente caracterizable, pero de la que sólo poseemos escasos ejemplos. Es éste el de la representación por una minucia, técnica que resuelve el problema de lograr por medio de un insignificante detalle la total expresión de un carácter. La agregación de este grupo a la alusión queda facilitada por la circunstancia de que tal minucia se halla en conexión con lo que de representar se trata, derivándose de ello como una consecuencia”. (*)

Sigmund Freud (1856-1939)

 

Cuando en una obra dramática se incluye, con cierta asiduidad, el humor, produce una serie de fenómenos como, por caso, equilibrio en la tensión generada por el texto provocando mediante algunos clímax y anticlímax, de gran valor expositivo. También, por ejemplo, apela a una dinámica que contribuye a la atención.

Samuel Eichelbaum (1894-1967) fue crítico, director y autor teatral, que innovó, revalorizó y popularizó la escena con notorio sentido localista, como con inteligente crítica a ciertas prácticas políticas partidarias bastantes generalizadas.

“Un guapo del 900” (1940), que transcurre a inicios del siglo XX, con algunas adecuaciones, podría ser ambientada en el siglo XXI.

Las referencias son explícitas:

“PUENTES.- (Violento) ¡Ése fue otro hombre, mi amigo! ¡Qué va a comparar! Ése fue un ciudadano como la gente. En vida de Alén la concencia (2) ciudadana tenía su amparo. ¡Qué va a comparar con estos otros de ahura!

GUALBERTO.- ¿Si acaso don Hipólito Irigoyen no sigue las güeyas de don Leandro?

PUENTES.- ¡Qué va a seguir, mi amigo! Además, no se trata de seguir güeyas, sino de otra cosa. Hay que tener carácter, meoyo, y, sobre todo, saber cómo se ha de mover la lengua, pa ser como aquel viejo. Y usté me sale con don Hipóliyo. ¡Linda comparación! Yo me volqué pal otro lao en cuanto murió el gran viejo”.

Los guapos eran, en este contexto, machistas, sin trabajo fijo para tener libertad de acción, afiliados a los partidos políticos, amparados por algún dirigente, que cumplían funciones violentas con gran lealtad a quienes recibían las órdenes: “Usté sabe que no soy una taba, que puede caer de un lado o de otro. Yo caigo en lo que caen los hombres, ni aunque me espere el degüeyo a la vuelta de una esquina”.

Podían ser amenazas, destrucción de bienes, brutales golpizas y, llegado el caso, el asesinato, siempre en defensa de la causa partidaria, aunque a veces por intereses privados de sus respectivos jefes.

Eventualmente recibían favores personales y retribuciones ocultas, en un contexto que predominaba la corrupción y connivencia entre parte de los poderes públicos, la política, algunos grupos económicos y periodísticos, etcétera.

A esas fuerzas de choque partidarias nadie las reconocía públicamente como tales y eran activadas frecuentemente, inclusive como custodias personales de los caudillos.

“ECUMÉNICO.- Soy hombre de don Alejo desde hace muchos años. Usté lo sabe. Y como le cuido la espalda, tengo que ver las traiciones que se le hacen y castigarlas a mi modo. No voy nada en el asunto. Yo jamás voy nada más que la lealtá”. (3)

(1) Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Página 1072. Madrid, España. 1973.

(2) Ortografía del original, que busca recrear una forma de expresión.

(3) Eichelbaum, Samuel. Un guapo del 900. Kapeluz. Páginas 44, 45, 62 y 111. Buenos Aires, Argentina. febrero de 1996.

Caras y Caretas. Julio de 1901.

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