El espejo de Al Jazeera

Aleardo Laría.

La cadena de televisión Al Jazzera, situada en Qatar, ha calificado de «intento desesperado de silenciar los medios de comunicación libres» en Oriente Medio a la pretensión de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto de exigir el cierre de la cadena televisiva como condición para levantar el bloqueo con el que intentan aislar económica y políticamente al país qatarí. La alianza entre las petromonarquías árabes y la dictadura egipcia cuenta con el respaldo indirecto de Estados Unidos e Israel. Todos estos países coinciden en un objetivo: romper el espejo que ha reflejado las consecuencias de las tormentas bélicas que han desatado en Oriente Medio.

El grupo de comunicación qatarí ha divulgado una declaración escrita en la que se reafirma en su intención de “practicar un periodismo profesional haciendo caso omiso a las presiones ejercidas por los países de la región que tienen como objetivo silenciarla o cambiar su línea editorial independiente». Por su parte, el diario El País de España, en su columna editorial,  ha considerado que “el ultimátum dado por Arabia Saudí a Qatar constituye un vergonzoso ejemplo de presión ilegal contra un Estado soberano al que se pone ante unas condiciones que son inaceptables en unos casos e imposibles de cumplir en otros”. Añade que “la comunidad internacional no debería asistir de brazos cruzados a una escalada que puede originar un conflicto de consecuencias imprevisibles”.

En junio pasado, tres países del Golfo anunciaron unas medidas extraordinarias contra el Estado de Qatar: cortaron las relaciones diplomáticas, cerraron las conexiones por tierra, mar y aire, cancelaron los vuelos a y desde Doha, ordenaron a sus ciudadanos que no viajaran al país y exigieron a los cataríes que abandonaran sus territorios. La lista de peticiones de la alianza conservadora a Qatar incluye “poner fin a las relaciones diplomáticas con Irán y cerrar sus misiones diplomáticas allí”, “cortar todos los lazos con las organizaciones terroristas, especialmente los Hermanos Musulmanes, Estado Islámico (ISIS, es sus siglas inglés), Al Qaeda y el Hezbolá de Líbano”; terminar de forma inmediata la actual presencia militar turca en Qatar y poner fin a cualquier cooperación militar conjunta con Turquía dentro de Qatar, junto con la exigencia del cierre de Al Jazzera y “de los medios informativos que Qatar financia indirectamente, incluidos Arabi21, Rassd, Al Araby al Jadeed y Middle East Eye.

Es inevitable relacionar las exigencias de Arabia Saudí con la visita reciente del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien a través de Twitter apoyó el aislamiento de Qatar y se enorgulleció de que “fuera el resultado de sus esfuerzos personales en la lucha contra el terrorismo”. Como señala el ex vicecanciller argentino Roberto García Moritán, “la decisión de Washington de conformar una alianza del mundo musulmán sunita, no solo apunta a la lucha contra el extremismo fundamentalista. Está dirigida a frenar el avance de Irán en Medio Oriente, en particular en las fronteras con Israel. La masiva venta de armamento a Arabia Saudita, principal rival militar de Teherán, deja en claro las preferencias políticas de Estados Unidos”. Por otra parte, Arabia Saudí y el régimen israelí han renunciado a su tradicional política de mantener en secreto sus estrechos lazos. En los últimos meses, se ha revelado que desde 2014 ambas partes han celebrado encuentros en cinco ocasiones para aliarse en contra de Irán.

Es curiosa esta alianza de las consideradas “democracias ejemplares” con una  autocracia medieval que corta cabezas, y que ha invertido millones de petrodólares en propagar la doctrina religiosa wahabí, que ha sido el inspirador de todos los atentados cometidos en el nombre de Dios por los fanáticos del ISIS y de Al Qaeda, incluyendo los atentados terroristas en Nueva York y Washington de 2001. Amnistía Internacional cifra en un mínimo de 158 ejecuciones realizadas en Arabia Saudí en 2015, el último año del que se han hecho públicos los datos, que no ofrece el gobierno del país oficialmente. La principal forma de ejecución en el país es la decapitación, a la que se somete a los asesinos, blasfemos y homosexuales, es decir, a aquellas personas que, según la ley saudí, cometen los delitos más graves contra los dictados del Islam.

Por otra parte, según el Informe sobre el Desarrollo Humano en el Mundo Árabe, realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en los 22 países que conforman el llamado mundo árabe vive tan solo el 5% de la población global. Pero en esos países se produjeron el 68,5% de las muertes que hubo en el mundo por combates armados, y se originaron el 57,5% de los refugiados y el 45% de los ataques terroristas (cifras de 2014). El Informe no solo destaca el devastador impacto de los conflictos armados sobre los jóvenes, sino que también documenta las pocas oportunidades económicas que tienen, los muy defectuosos servicios de salud y educación que reciben, la discriminación contra las mujeres y las limitaciones que tienen los jóvenes para participar en política y canalizar sus deseos de cambio social y político. Este último es un factor que explica las frustraciones y la desesperanza que, según datos del reporte, reinan entre los jóvenes árabes y arroja a algunos a los brazos del terrorismo.

Al Jazeera ha sido el medio que ha expuesto con crudeza los problemas del mundo árabe y propiciado indirectamente la frustrada “primavera árabe”. Es el medio que ha reflejado los devastadores resultados de la guerra librada por Estados Unidos en Irak y develó los resultados de la “operación plomo fundido” por la que Israel arrasó con la infraestructura civil de la franja de Gaza. Por este motivo se quiere cerrar Al Jazeera. Simplemente porque como señala la cadena en su comunicado, “es un medio de comunicación que busca transmitir la imagen completa al espectador, resaltar los distintos puntos de vista y alinearse con las causas del ser humano y sus sufrimientos». Para continuar haciendo uso de los medios bélicos, sus promotores tienen que ocultar los resultados de sus políticas.  

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