Humor y política: Alberdi, el humorista

Alejandro Rojo Vivot

“La brevedad no es en sí chistosa; si no, toda sentencia lacónica constituiría un chiste. La brevedad del chiste tiene que ser de una especial naturaleza”.  (1)

Sigmund Freud (1856-1939)

 

Un buen indicador de desarrollo humano es observar cuan generalizado está el sentido del humor en la sociedad y, de manera particular, en los intelectuales, dirigentes, políticos, medios de comunicación, predicadores, docentes, etcétera.

También es válido analizar, si como componente relevante el humor está incluido en los programas educativos y en la formación personal de los individuos. Los conocimientos abreviados o sesgados, casi siempre velan mucho, inclusive lo sustancial y, en otros casos desfiguran lo que fueron de, por caso, importantes personajes de la historia.

Juan Bautista Alberdi (1810-1884) fue un político de dilatada trayectoria, inspirador principal de la Constitución de Argentina, con plena vigencia y objeto de debates en el siglo XXI, prolífero escritor, etcétera. Pero, por caso, sus interesantes aportes como compositor infrecuentemente son conocidos y reconocidos. Otro tanto sucede con su destacada labor como escritor costumbrista y humorista.

Su burlesca obra de teatro “El gigante Amapolas y sus formidables enemigos o sea fastos (2) dramáticos de una guerra memorable”, (1842), es una inteligente crítica al militarismo y al autoritarismo que bien conoció; la denomina “Peti-pieza cómica en un acto”.

Y agrega “Dedicada respetuosamente a SS.EE los SS. Presidentes y generales Rivera, Bulnes y Ballivián”. (Uruguay, Chile y Bolivia).

Continúa con epígrafes (3) como prefacio: “Que me ahorquen si digo que no esté lleno de verdad en el fondo. Cansado de hacer concesiones estériles a los hombres públicos, hoy quiero hacerlas a la verdad, que también es princesa del mundo y gusta de homenajes. Para reanimar la fe, para alentar a los que desmayan, para abrir esperanzas de victoria y libertad. A ver si enseñando a conocer la verdad de las cosas sucedidas, se aprende a despreciar el poder quimérico de la opresión”. Queda en claro que lejos estaba de ser oficialista por lo que vivió mucho tiempo en el exilio (1838-1853).

Empleaba asiduamente su seudónimo “Figarillo”, aunque poco le servía para escapar de la mazorca o la policía secreta del que era particularmente seguido, aunque se animaba a expresar: “los clamores cotidianos de la tiranía no podrán contra los progresos fatales de la libertad”; también sufrió con las medidas mitristas cuando fueron poder.

El Gigante Amapola es una suerte de escultura efímera “con un puñal de hoja de lata, de dimensión enorme, bañado en sangre”. Todo es sorna: el ejército está conformado por tres divisiones con sus respectivas vestimentas: Mosquito (amarillo), Guitarra (verde) y Mentirola (turquí); Amapola y los colores, hacen alusión indirecta, por la censura imperante, a la divisa punzó obligatoria de usar por toda la población como símbolo de acatamiento al Gobierno.

La pieza mantiene el tono burlesco, inclusive cuando, por opinar, un soldado recibe una reprimenda por parte de su oficial tratándolo de “traidor infame a la patria”, manteniendo el criterio del pensamiento único que se buscaba establecer, inclusive con la violencia desde los poderes públicos militarizados.

Finaliza venciendo el pueblo anónimo sin la conducción de “generales y hombres de estado”, pues fueron “los verdaderos triunfos de la libertad”.

“Telón”.

(1) Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Página 1041. Madrid, España. 1973.

(2) Expresión de la antigua Roma para señalar a determinados días festivos, positivos, etcétera; lo contrario eran los nefastos.

(3) Breve sentencia o idea expresada que antecede a un texto más extenso.

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