Cambios y tribulaciones en la política nacional en salud

Javier Vilosio

En horas de escribir esta columna se produjo la renuncia del Superintendente de Servicios de Salud. Quizás haya sido esperado por algunos, pero para la mayoría de los interesados en el devenir del sector fue una sorpresa.

En política algunas veces los hechos hablan por sí mismos: pocas horas después de una multitudinaria marcha convocada por el sindicalismo cegetista, pero animada por diversos grupos políticos e ideológicos, debieron presentar sus renuncias Luis Scervino y el Vice Ministro de Trabajo. Ambos vinculados por la prensa con sectores del poder sindical.

Sorpresa, porque hasta hace pocos días se comentaba la avanzada del poder del hoy renunciado sobre el Ministerio del cual dependía, al designarse como Secretario de Salud de la Nación a un funcionario de su mayor confianza. Hoy no sabemos cómo terminará el episodio, porque el Secretario en cuestión no había asumido formalmente. Así que quizás se haga de cuenta que nada pasó. O no. (En cualquier caso, la de Promoción, Programas Sanitarios y Salud Comunitaria es una Secretaría con problemas: hasta enero de este año estuvo ocupada por el polémico Perez Baliño –ex Radical porteño, convertido al credo PRO-, que fue reemplazado por el ex Jefe de Gabinete del Ministerio de Salud de la Provincia, Andrés Scarsi –un hombre del riñón delPRO- luego de haberse difundido extraoficialmente otro nombre para el puesto. Scarsi se fué seis meses después, pero ascendido a Ministro en la Provincia de Buenos Aires).

También hace poco tiempo, y con casi un año de demora, se había constituido la unidad ejecutora establecida por el Decreto 908/16, integrada por dos funcionarios del Ministerio,dos de la Superintendencia y dos de la CGT (en una curiosa experiencia de privatización de la política pública), que tendrían a cargo la responsabilidad de definir los proyectos a ser financiados por un fideicomiso de 8.000 millones de pesos, con el objeto de desarrollar la estrategia de Cobertura Universal de Salud, una política central del Ministerio de Salud Nacional -aunque hasta ahora más consistente en los anuncios y promesas que en cuestiones concretas de su instrumentación-.

Si las renuncias solicitadas a los ahora ex funcionarios van en línea con un endurecimiento en el vínculo entre el gobierno y la dirigencia sindical, también se podría poner en riesgo el efectivo funcionamiento de esa unidad. O no. Y, por lo tanto, el futuro de la tan mentada estrategia. O no.

Por su parte el Superintendente -que se definió como un “técnico”-, al irse deslizó una frase que no le hace ningún favor al habitualmente poco presente Ministro de Salud: “me dijeron que te pida la renuncia”. Lo cierto es que tanto el Ministro como el ex Superintendente formaban parte del mismo “think tank”, que ocupó en diciembre de 2016 dos de los tres lugares centrales de la conducción del Sector Salud: el ya también desplazado Carlos Regazzoni fué al PAMI.

De paso: buena parte del primer gabinete Ministerial, adherente al mismo grupo, estaba integrado por ex funcionarios de gestiones anteriores, incluyendo el Menemismo. Varios continúan.

Al reemplazante del Superintendente se lo describe como “hombre del Ministro de Trabajo”. Se decía que Triaca (cuya esposa ocupa una relevante Subsecretaria en el Ministerio de Salud) había sentido menoscabada su influencia con el ascenso del hasta ahora no asumido Secretario de Promoción, y etcéteras, el mencionado “hombre de Scervino”. Ahora se habrían emparejado los tantos.

En fin, se suceden las tribulaciones en la conducción de un Ministerio complejo y cuyo liderazgo –hacia adentro y “hacia afuera” de su propia estructura- es, al menos, muy débil. Claro que los conflictos en el fondo de la cuestión tienen poco que ver con debates sociales o pujas en el contexto de medidas de reorganización del sistema de salud argentino. Hasta ahora, casi en la mitad del mandato de la administración en turno, la conflictividad interna parece ser definida por las consecuencias del juego de intereses y necesidades relacionados con las necesidades fiscales, la relación política con la dirigencia sindical, y el posicionamiento de sectores intra gubernamentales. En un ámbito institucional que lo permite, claro.

En la visión de algunos experimentados observadores es previsible que las necesidades de campaña hasta octubre, y la campaña por las presidenciales en 2019, reduzcan a una parte del año próximo las posibilidades de que el Ministerio de Salud pueda llevar adelante medidas de fondo que fortalezcan y modernicen, por ejemplo, el alicaído subsector Público de la Salud en función de objetivos sanitarios y algún programa político serio y consensuado para el mediano y largo plazo. En todo caso, las mayores novedades vendrían por el lado de las reformas fiscales o laborales, que repercutirían especialmente sobre la seguridad social, y la medicina prepaga, como grandes financiadores. Y sobre las Pymes de Salud, siempre en riesgo.

Claro que la responsabilidad no será solo del Gobierno: nuestra dirigencia política en su mayoría asumió el dato de que salud “no es un problema para la gente”, y que la agenda política la impone el marketing y no la voluntad de liderar transformaciones para más allá de cuatro años.

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