Weretilneck, las PASO, la ruta y la central nuclear

Alicia Miller.

El gobernador Alberto Weretilneck acaba de anunciar que envió una carta al presidente de la Nación, Mauricio Macri, informándole que no autoriza que se instale en Río Negro una central nuclear para la generación de energía eléctrica. Lo hizo, según manifestó en un video oficial, en respuesta a que “el rionegrino (sic) no está de acuerdo” con la instalación de tal usina y porque “escuché su mensaje”.

El anuncio llega pocos días después de que el partido de Weretilneck –Juntos Somos Río Negro- se ubicara tercero en las elecciones primarias del pasado 13 de agosto. Obtuvo 66.258 votos –el 18,13%- frente a los 148.987 votos logrados por el Frente para la Victoria –el 40,77%- y a los 70.414 de Cambiemos –el 19,27% del total-. Dos datos más: el 72,99% de los electores habilitados en Río Negro concurrió a votar ese domingo de invierno. Y, en 2015, el gobernador había sido reelecto con el 52% de los sufragios.

En lo personal, celebraría que los gobernantes o empresarios privados se decidieran a invertir en fuentes renovables y más limpias para la generación de electricidad, en especial la eólica y la solar. La Patagonia –en esta época del año es fácil recordarlo- es una de las regiones del planeta más ricas en vientos. O al menos así podría decirse si la constancia y la velocidad del aire que nos azota fuera aquí, como en otros lugares del mundo, un recurso explotado económicamente y no sólo una molestia o una amenaza para personas y bienes.

A pesar de mi opinión, la actitud del gobernador lejos está de dejarme tranquila y, por el contrario, me enoja y me preocupa.

¿Estaba de acuerdo Weretilneck antes de las elecciones con la instalación de la central nuclear? Su estilo sinuoso no permitiría decirlo a ciencia cierta. Nunca tuvo un “sí” indubitable. Como el personaje de Mr. Gardiner en la novela de Jerzy Kosinski “Desde el jardín”, el gobernador elude las frases claras, y prefiere el genérico e impreciso lenguaje de un predicador, que a nadie enoja.

Lo cierto es que, en mayo, viajó a China con el presidente Mauricio Macri, en cumplimiento y continuidad de los acuerdos firmados con ese país durante la anterior gestión presidencial de Cristina Fernández de Kirchner. Esos incluían la construcción por parte de China de la quinta central nuclear en la Argentina. Lo novedoso, en todo caso, era la ubicación ponderada en Sierra Grande.

Poco después, en junio, Weretilneck mismo viajó con 20 periodistas rionegrinos a Zárate, donde recorrió las instalaciones de las centrales de Atucha I y II junto con el subsecretario de Energía Nuclear de la Nación, Julián Gadano, en una gira que buscó mejorar la información y reducir el temor ante la perspectiva de la usina que se construiría en Río Negro.

Estos hechos permiten señalar que lo que verdaderamente hizo cambiar de actitud a Weretilneck no fue el pensamiento mayoritario sobre el tema –que no tiene manera de conocer porque no ha sido consultado en forma específica- sino la derrota electoral.

Al interpretar que cuatro de cada diez votantes no votaron la lista de JSRN en razón de una supuesta negativa a la planta nuclear, Weretilneck elige omitir otras posibles motivaciones electorales: fallas en la elección de los candidatos o en la estrategia de campaña, una evaluación negativa de su gestión, la nacionalización del comicio entre la opción Macrismo vs. Kirchnerismo, entre otras.

Y al anunciar el “no” a la central nuclear, Weretilneck busca cosechar para su fuerza política algún voto más en la elección de octubre; reducir la brecha que pone fin a su sueño re-reeleccionista y hace peligrar incluso la perspectiva de que JSRN tenga un horizonte de continuidad en 2019.

Sabe que el 40,77% de los votos logrados por María Emilia Soria el pasado domingo 13 alientan la ilusión del intendente de Roca –Martín Soria- de convertirse en el próximo gobernador de la provincia.

¿Por qué la preocupación? Porque entiendo que un gobernante debe tomar las decisiones –a favor o en contra de un proyecto cualquiera- en base a estudios serios y datos concretos, que se vinculen con el bien común más que con su propia conveniencia electoral. En el caso del “sí” o el “no” a una usina nuclear, en Río Negro existen personas y entidades que podrían argumentar con responsabilidad en uno o en otro sentido.

Weretilneck eligió, primero, la ventaja de respaldar el proyecto originado en la gestión de Cristina Kirchner y continuado por Mauricio Macri por la necesidad imperiosa de contar con ayuda nacional para sostener un Estado provincial sobredimensionado y deficitario. Y, ahora, con la misma liviandad, por negar lo que comprometió.

Las “murallas” de la 22

De un modo similar, otro tema de importancia estratégica no ha sido abordado con seriedad hasta ahora por Weretilneck: el proyecto de ampliación de la Ruta Nacional 22 elaborado por Vialidad Nacional y resistido especialmente por el intendente Soria y amplios sectores de General Roca.

El gobernador dejó que el jefe comunal trajinara solo la disputa desigual con una Vialidad Nacional que –como dicen de Dios- “está en todas partes pero atiende en Buenos Aires”.

Recién después de que la Justicia Federal fallara a favor del amparo presentado por Soria con el aval de más de 20.000 roquenses, puso a andar los mecanismos de intervención legal hacia la realización de la audiencia pública que se realizará mañana 31 de agosto.

Después de años de debate, recién esta semana el legislador de Juntos Somos Río Negro Alejandro Palmieri propuso la intervención de la cátedra de la Maestría en Ingeniería Vial, de la Universidad Nacional de San Juan. Esta opción no sólo implicaría nuevas demoras en una obra que hace años es urgente, sino que implica introducir –otra vez- a personas que no conocen la región ni sus necesidades particulares.

La ampliación de la ruta 22 es imprescindible, como lo es proyectar también la vinculación directa del Alto Valle con Bariloche por territorio rionegrino -a través de las rutas 6 y 23, pensar en la pavimentación de la ruta 7 que bordea el Valle por la margen Sur del río Negro, y otras muchas tareas pendientes.

Pero, atrapado en la estrechez de miras, el Estado se pierde la oportunidad de planificar y concretar obras pensadas con un futuro más alejado que la próxima contienda electoral.

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