Humor y política. El poder reside en el pueblo

Alejandro Rojo Vivot

“La fuerza de este chiste consiste en haber expresado tal idea, aunque con toda clase de rodeos”.

Sigmund Freud (1856-19399)(1)

Hay que tener en cuenta que gran parte de su fortuna el humor la encuentra al final, en el remate o última idea expresada, que genera sorpresa o reafirma notoriamente.

El humor es una construcción de la inteligencia, por más que pueda ser producto de una improvisación pues, siempre, está sustentado consciente o inconsciente, explícito o tácito, en una elaboración inmediata o con mayor proceso de maduración.

El célebre pensador chino Kuang-ming Wu (1933) escribió que “lo cómico reside en una yuxtaposición de elementos incongruentes, como una gran nariz y un sombrero pequeño, unos pantalones exiguos y unos grandes zapatos, etcétera. Puesto que la vida se nos aparece como una yuxtaposición de incongruencias, lo cómico podría ser muy bien un modo adecuado de aproximación a la misma”.

El humor político, casi siempre construye sus apreciaciones a partir de lo cotidiano y, en algunos casos, recurriendo a la historia o buscando entrever el futuro.

Parte de su gracia es que haya asiduas reiteraciones que, a la manera de una alegre melodía sincopada donde el conjunto adquiere las características humorísticas a resaltar.

Además, como en el ejemplo citado a continuación, una ficción ubicada en el siglo XIX, con ciertas pequeñas adecuaciones, bien podría ser parte de alguna crónica periodística del Siglo XXI.

“-Señores, ¿quieren ustedes designar el siguiente candidato? –preguntó el doctor.

-Por el doctor Trevexo, señores. Espero que todos me acompañarán a votar por él –vociferó don Pancho-. Por el doctor Trevexo (2), por el primer diplomático argentino.

El doctor Trevexo era en este momento objeto de toda mi admiración. ¡Con qué modestia aquel gran hombre, aquel espíritu lógico y concienzudo, que acababa de exponer tanta doctrina luminosa, recibía las aclamaciones unánimes de la distinguida sociedad que sabía aquilatar su talento superior!

El doctor Trevexo fue aclamado unánimemente, y con la misma unanimidad, sin que se suscitara divergencia alguna, en una perfecta armonía fueron proclamados candidatos don Benjamín, don Pancho, don Tobías Labao, don Narciso Bringas, don Policarpo, don Amador y don Hermenegildo Palenque, es decir todos los concurrentes menos mi tío Ramón.

El doctor Trevexo volvió a guardar los papeles en la levita y se levantó.
-Señora –dijo a mi tía-, pocas veces nos ha costado más trabajo que esta ocasión formar una lista. Pero contento. El jefe la proclamará mañana, y el partido la recibirá de sus manos consagrada como una bandera de lucha.

-¿Confía usted en la victoria?

-Señora, cuando se dispone, como disponemos nosotros, de las imaginaciones populares, los hombres desaparecen, surgen las muchedumbres: la muchedumbre es como el mar, el viento la agita y la calma, la atempera.
ʻMañana nuestros hombres serán aclamados por este pueblo que es un gran pueblo porque sabe escuchar sin preguntar nunca dónde lo llevan. ¡La victoria será nuestra!” (3).

(1) Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo I. Página 1091. Madrid, España. 1973.

(2) Podría ser Rufino Jacinto de Elizalde (1822-1887), que en las presidencias de Bartolomé Mitre y Nicolás Avellaneda fue ministro de relaciones exteriores.

(3) López, Lucio Vicente. La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Centro Editor de América latina. Página 33. Buenos Aires, Argentina. 1980.

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