España no es Inglaterra, Puigdemont

Julio Rajneri

Las discusiones en torno a las razones históricas, culturales o económicas  que invoca Cataluña para sostener su derecho a la independencia y la argumentación opuesta que sostiene España, para defender la legalidad constitucional que impide alterar la integridad del territorio español, soslayan una cuestión de fondo.  Se trata de establecer un método adecuado para resolver los conflictos que se suscitan cuando una parte de un país desea ejercer el  derecho a segregarse y otra parte resiste o se opone a esa segregación.

La forma tradicional en dirimir esta cuestión ha sido la fuerza. Quienes deseaban separarse solamente lo lograban si sus ejércitos conseguían imponer su voluntad sobre las fuerzas del país dominante, defensor de la legalidad y del orden constitucional.

Prácticamente todos los países americanos lograron su independencia por la fuerza y  desde luego en forma ilegal para las metrópolis de quienes dependían. Los ejércitos españoles o ingleses  que defendían la  pertenencia de las colonias al dominio de la metrópoli fueron impotentes para impedir la emancipación americana. Así  nacieron Estados Unidos, la Argentina y los demás países de la región. La conducta de Portugal fue un tanto más atenuada. No hubo un esfuerzo militar que pueda considerarse equiparable y en 1824 ya había reconocido la independencia de Brasil en tanto que España peleó su batalla final en Cuba en 1901

A partir de la independencia de EEUU, las conductas de Inglaterra y España se bifurcan. Inglaterra accede pacíficamente a la independencia de Canadá.  Su parlamento aprobó en 1867 la “British North American Act” que reconoció los acuerdos de Quebec de 1864, por los que Canadá  decide proclamarse como estado federado independiente.

Australia determinó en 1901 convertirse en un Estado con las mismas características de Canadá, y Nueva Zelanda lo hizo en 1907. Todos mantienen la pertenencia simbólica a la corona británica. Desde entonces, esos países han sido los más fieles aliados del Reino Unido, tanto en la paz como en la guerra y forman parte de una comunidad de naciones que cooperan en el progreso común.

El más emblemático pero equívoco de los casos de derivaciones violentas, fue  la rebelión de los estados del sur de Estados Unidos, contrarios  a la abolición de la esclavitud en los estados del norte. Durante tres años la guerra de secesión desangró a Estados Unidos. El rasgo distintivo que hace de este episodio un caso aparte es que, en realidad, los estados rebeldes no querían separarse del resto de la confederación, sino preservar la explotación de los esclavos.

El uso del referéndum, como forma de establecer la voluntad de una parte de un país para segregarse del resto, aparece en las últimas décadas del siglo pasado y tiene relación con la forma incruenta en que Canadá, Australia y Nueva Zelanda se independizaron de Gran Bretaña. Y fue Canadá uno de los primeros en aplicarlo, permitiendo a Quebec de mayoría francófona y católica, decidir si seguir o no perteneciendo a un país de habla inglesa y religión mayoritariamente anglicana. El primero tuvo lugar en 1980, el segundo en 1995. A pesar  de que la población de origen francés era ampliamente mayoritaria, un 80% del total, ambos  fueron contrarios a la secesión.

En 1991, Eslovenia decide por amplia mayoría segregarse de la ahora extinta Yugoeslavia. Hubo sin embargo una corta guerra de diez días en que triunfó Eslovenia, quién contó con la simpatía y presumiblemente la discreta ayuda de Alemania.   

El divorcio de terciopelo entre los checos y los eslovacos responde a la misma tendencia de separación consensuada, aunque haya sido innecesario realizar un referéndum.

En 2006, Montenegro celebró un referéndum con el 55% de aprobación, que la separó de Macedonia.

 Y por último el más reciente convocado por Escocia para separarse del Reino Unido, que tuvo mayoría adversa a la propuesta.

Está claro que la secesión por métodos pacíficos es propia de una evolución de las prácticas democráticas y que, aún con sus dificultades, es preferible a los métodos violentos del pasado. La superioridad del uso del referéndum responde no solamente al espíritu de tolerancia propio de las sociedades maduras, sino que tiende a solucionar el problema, tanto si se gana como si se pierde, mientras que el uso de la fuerza mantiene indefinidamente las tensiones que se renuevan periódicamente, y que no terminan de extinguirse.

Las  encuestas realizadas en Quebec demuestran que el separatismo, que perdió el último referendum por algunas décimas, se ha reducido a un 37 % de la población. Los eslovacos, que se separaron de Chequia, muestran signos de que están a un paso de intentar recomponer la antigua Checoeslovaquia. Es de suponer que el separatismo de Escocia pierda intensidad en los próximos tiempos, pero aun si así no ocurriera asegura una convivencia pacífica entre ambas naciones.

Utilizar la fuerza para ocupar Cataluña, reemplazar a su gobierno, detener y enjuiciar a los “culpables” de ese delito, asegura un horizonte de turbulencias Inevitablemente se extenderá a la Unión Europea, donde  el uso del referéndum involucra a algunos países que lo aceptan.

Lo que fue un proceso legal y consentido entre Escocia y el Reino Unido es un delito gravísimo para las leyes españolas. Eslovenia, Eslovaquia, Montenegro, Croacia y Bosnia, nacidas por separaciones consensuadas o crueles conflictos bélicos, ingresaron y forman parte de  la Unión Europea.

Bélgica deberá resolver la extradición del líder catalán, por un delito cometido según las leyes españolas, que claramente  es aceptado como procedimiento normal  en varios de los países que integran la UE.

 

Comentarios

comentarios

Sé el primero en comentar

Deja un comentario