Humor y política: Macedonio Fernández

Alejandro Rojo Vivot

“El chiste dice lo que ha de decir; no siempre con pocas palabras, pero sí en menos de las necesarias; esto es, en palabras que conforme a una estricta lógica o a la corriente manera de pensar y expresarse no son las suficientes. Por último, puede también decir todo lo que se propone silenciándolo totalmente”.

Theodor Lipps (1851-1814)

Jorge Francisco Luis Borges (1899-1986), que tuvo un muy desarrollado sentido del humor, aunque rara vez lo aplicó en sus magistrales escritos, definió al teatro como “Ese lugar donde los que están arriba del escenario fingen ser quienes no son. Y donde los que están abajo fingen creerles”. Parafraseándolo lo podemos aplicar a la política sin el menor reparo.

Macedonio Fernández (1874-1952), el eximio intelectual argentino, relativamente poco frecuentado en el siglo XXI, aun por los que hubieran coincidido plenamente con él en las primeras décadas del siglo XX, se propuso lograr que varios de sus proyectos tildados de utópicos por sus detractores, fueran posibles a través del accionar político y muchas veces, ejerciendo el humor inteligente en sus presentaciones.

Algunas de sus ideas se las transmitió en sendas cartas al escritor y político Gabriel Del Mazo (1898-1969), también poco recordado ni leído a pesar de sus numerosos libros útiles para comprender la actualidad.

Aquí una de sus reflexiones con su característico gracejo: “Ya que el 95% de los votantes del país no tienen convicción ni compromiso, cien hombres talentosos y decididos, si multiplican su prédica, pueden orientar a una ciudad; habría, pues, que apalabrar a cien amigos y que cada uno se esfuerce en obtener diez adhesiones en dos meses. De esa forma, en tres meses serían ya 3.000 y podrían formar una plataforma y plan de trabajos con gran esperanza”.

Por otro lado, vale recordar que el que habla por boca de ganso es el que repite sin análisis crítico ni citando la fuente, lo que cree dócilmente que desean lo que ejercen alguna autoridad sobre su persona aunque sea un representante del pueblo y los levanta manos que, sin necesidad de opinar públicamente, votan en los parlamentos obedeciendo órdenes de sus autoridades políticas que nunca son el pueblo de donde emana el poder.

Entrados en el siglo XXI aspectos culturales ajenos al interés de los que desarrollan políticas públicas atinentes en tal sentido, están presentes influyendo significativamente en el desarrollo individual de cada persona y de las comunidades. Por suerte que también existen quienes, con capacidad, procuran la generalización del desarrollo sustentable.

Carlos Santiago Nino (1943-1993) puntualizó “Hay anomia boba sólo cuando la acción colectiva en cuestión se caracteriza por la inobservancia de normas y hay al menos una cierta norma que conducirá a una acción colectiva más eficiente en la misma situación”. De ahí que la ciudadanía debe estar alerta y activa, inclusive ejerciendo el humor.

El cómico argentino de dilatada trayectoria José Pepito Carlos Marrone (1915-1990) frecuentemente reiteraba con respecto a su trabajo, que también lo podríamos aplicar aquí: “Palabras más, palabras menos, un tanto en broma y mucho en serio” y a algunas voluntaristas declaraciones políticas, supinas en cuanto a sus posibilidades de concreción: “me saco el saco, me pongo el pongo”.

Que cada uno se coloque el sayo que le quepa.

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