Humor y política: Carnavales

Alejandro Rojo Vivot

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Julius Henry Groucho Marx (1890-1977)

La eximia actividad humana, la política, puede ser evaluada cómo se la ejerce: autoritaria o democráticamente, aunque, sobre todo en cuanto a qué impactos genera y si los mismos trascienden a las gestiones o son circunstanciales. La política siempre es importante.

Asimismo la podemos justipreciar en si favorece el involucramiento ciudadano o si busca establecer principalmente el ejercicio sin permitir disensos de ninguna naturaleza. Desde luego que las variantes son muchas y las consecuencias también.

Con frecuencia la política interviene en cuestiones trascendentales con mayor o menor capacidad técnica y coherencia partidaria, aunque, en otras oportunidades se focaliza en asuntos, quizá, menos sustanciales como de qué manera los individuos se divierten cada tanto.

Las festividades carnavalescas es un buen ejemplo de este tipo de injerencias ya que se remonta a sus orígenes y se mantiene en el Siglo XXI, siendo intervenidas con frecuencia por la política; las exteriorizaciones humorísticas de los que participan son de particular atención por los poderes públicos.

Generalmente, el carnaval es una fiesta laica anual que inicia su celebración tres días antes de la Cuaresma Cristiana, sobre la cual la política algunas veces se expide, habiendo algunos casos notables.

Es de origen pagano y se remonta a unos 5.000 años, con distintos períodos de esplendor y formas de desarrollarse que, actualmente, en muchos países se lleva delante inclusive en disímiles fechas y modalidades.

Por lo menos una parte de la Iglesia Católica virreinal, en el Río de la Plata, excomulgaba a los que participaban de los festejos (1773), en consonancia con el Cabildo de Buenos Aires, que buscó que se olvidaran para siempre pues los consideraba “un negro borrón para los dignos moradores de Buenos Aires perpetuar entre las costumbres reprensibles que supo tolerar por pura debilidad el Gobierno antiguo la bárbara del carnaval” y Juan Manuel de Rosas los prohibió “para siempre” aunque poco duró tal medida (1848).

Quien fue Presidente en Argentina, además de haber ocupado otros diversos cargos relevantes, Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874) fue un gran impulsor del carnaval en los que se divertía activamente, inclusive cuando ocupó la Primera Magistratura; estableciendo el Corso Oficial en 1869.

En 2016 el canal de noticias de Brasil Globonews empleó imágenes de Mauricio Macri bailando para promocionar sus transmisiones del Carnaval.

También varios políticos repentinamente participan de algunas fiestas populares siempre con las cámaras televisivas bien instaladas, a diferencia del político sanjuanino que lo hacía en el anonimato que le permitía un largo poncho y un muy amplio sobrero.

En el mismo sentido, recordemos, por caso, al entonces presidente de Brasil (1992-1994) Itamar Franco (1930-2011), en el palco oficial de la Pasarela de la Samba (Río de Janeiro,1994), que fue acompañado por la fotogénica modelo Lilian Ramos (ex playboy), con poca ropa y nada debajo de su breve vestido, que irrumpió sin haber sido invitada pero que fue aceptada sin más protocolo.

En Argentina los feriados por los carnavales también han sido motivo de controversia: suprimidos por la dictadura de ese entonces (Decreto N° 21.329/1976) y repuestos en democracia (decretos 1584 y 1585/10).

Un botón bien sirve de muestra.

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