La novela policial del juez Ercolini

Aleardo Laría.

La novela policial moderna es un género literario que se inicia a partir de varios relatos que escribe el norteamericano Edgar Allan Poe entre los años 1841 y 1844. El personaje de Poe es el detective Auguste Dupin, que servirá de arquetipo para el más famoso personaje de ficción del género, el detective Sherlock Holmes, creado por el escritor inglés Sir Arthur Conan Doyle. Desde entonces, las narraciones policiales de la denominada escuela inglesa se caracterizan por el rigor analítico y las deducciones lógicas, de modo tal que la resolución del enigma debe ser la consecuencia de encajar todas las piezas de un modo razonable, sin que queden espacios vacíos carentes de explicación o absolutamente contrarios al resto de las evidencias.  Se ha señalado en alguna ocasión, que la “solución del misterio no debe escapar a un lector razonablemente inteligente y es necesaria una cierta honestidad del autor, en el sentido de que el lector puede aceptar que lo engañen, pero no con cualquier tontería”. Como intentaremos demostrar a continuación, los argumentos que han llevado al juez federal Julián Ercolini a imputarle al informático Diego Lagomarsino su participación necesaria en el “crimen” del fiscal Natalio Alberto Nisman no satisface la demanda razonablemente exigente de un atento lector de novelas policiales.

El juez federal Julián Ercolini ha dictado una resolución extensa, de 656 páginas (aunque 340 están destinadas a la enumeración de los medios de prueba), que adopta un  estilo novelado para llegar a la conclusión de que la muerte del fiscal Natalio Alberto Nisman fue un homicidio simple, agravado por el uso de arma de fuego. El juez considera además que el informático Diego Angel Lagomarsino ha prestado colaboración necesaria en “el hecho ocurrido entre las 20 del sábado 17 de enero  y las 10 del domingo 18 de enero de 2015 cuando una o más personas no identificadas entraron en el departamento del fiscal Nisman y luego de reducirlo lo trasladaron al baño donde se le habría dado muerte a través de un disparo en la cabeza con una pistola Bersa 22 registrada a nombre del imputado”.

El juez también dicta el procesamiento de cuatro de los policías federales  considerados custodios de Nisman por incumplimiento de los deberes de funcionarios públicos dado que, según el juez, se comprobó que los policías en cuestión “violaron los deberes que tenían a su cargo al haber incurrido en distintas conductas omisivas consistentes en no realizar el acto de la forma en la que estaba prescripto por la norma; rehusar hacer un acto propio del oficio y/o retardarlo en el tiempo fijado legalmente violando lo estipulado en el Protocolo de Actuación n° 7 para la Custodia de Funcionarios”. En el caso de tres de ellos –los policías federales Rubén Fabián Benítez; Luis Ismael Miño y Armando Niz –añade la calificación de “encubrimiento agravado” porque  entiende el juez que “junto con la colaboración activa de Lagomarsino  ayudaron a la instalación de la versión del suicidio por parte de Nisman para esconder con ello, lo que verdaderamente había tenido lugar con anterioridad: el homicidio”.

El análisis de un texto de tanta extensión como el dictado por Ercolini no se puede hacer en forma exhaustiva en el breve formato de una nota periodística, pero es posible elegir algunos nudos de la trama narrativa del juez para someterlos a un primer análisis crítico a efectos de  apreciar si alcanzan los niveles requeridos por la narrativa policial inglesa, es decir que en la resolución del enigma encajen todas las piezas de un modo razonable, sin que queden espacios vacíos carentes de explicación o absolutamente contrarios al resto de las evidencias. A estos efectos, para conseguir un debido contraste entre las opiniones que generan los hechos más controvertidos, utilizaremos como criterio de verdad la denominada ley de la navaja de Occam, que señala que “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”.

Informe periciales contradictorios

El mayor obstáculo para aceptar la tesis de que el fiscal Nisman fue asesinado es sin duda el informe pericial del Cuerpo Médico Forense (CMF) de la Corte Suprema que a partir de numerosas evidencias –entre ellas las microscópicas manchas de la sangre proyectadas en el baño y la falta de rastros de ADN de otras personas- ha dictaminado que en la muerte de Nisman no han intervenido terceros. No puede perderse de vista que esa informe fue producido por una junta integrada por 16 profesionales considerados los máximos expertos con que cuenta el país en la materia. El dictamen posterior de Gendarmería, que lanza la hipótesis de la intervención de dos personas en la muerte de Nisman, no anula el de los forenses de la Corte Suprema y ambos informes tienen el mismo valor jurídico. El juez Ercolini, a la vista de dos dictámenes periciales contradictorios, debió convocar a una reunión conjunta de todos los expertos para dar lugar a un debate y hacer explícitas las divergencias. Pero en vez de adoptar este camino, el juez prefirió tomar como dogma de fe el dictamen de Gendarmería, probablemente porque ya había tomado partido por esa tesis y, como se verá a continuación, esta preferencia  lo llevaba inevitablemente a ignorar las evidencias que cuestionaran la hipótesis previamente elegida.

El acceso al domicilio del fiscal 

            El cadáver del fiscal fue descubierto por su madre, Sara Garfunkel,  el 18 de enero de 2015, cuando eran las 22.30 horas, en el baño de su dormitorio, en medio de un charco de sangre, cuando luego de frustrados intentos, pudo finalmente entrar en el domicilio de Nisman. El cuerpo del fiscal estaba en el suelo y su cabeza estaba apoyada sobre la puerta, de modo que solo permitía una apertura reducida, que posibilitó que los observadores introdujeran solo la cabeza para ver la escena. Pocos minutos más tarde, ni el médico de Swiss Médical –convocado por Sara Garfunkel- ni la enfermera que lo acompañaba pudieron tampoco abrir la puerta del baño. A lado del cuerpo de Nisman se alcanzaba a ver una pistola, de modo que todos quienes presenciaron esa escena, entre ellos uno de los policías federales que hacían de custodios, se llevaron la impresión de que el fiscal se había suicidado. Para los seguidores de la ley de Occam, como la explicación más sencilla suele ser la más probable, era lógico considerar que si toda la escena era la propia de un suicidio, la más verosímil era la hipótesis del suicidio. El juez, en cambio, atribuye esta conclusión a la insidiosa labor de unos conspiradores:  “No obstante, desde el primer momento que cobró notoriedad la aparición sin vida del Fiscal Nisman, por razones diversas vinculadas con la coyuntura y la vida pública en nuestro país; de defensa; de coartadas; por pormenores muy particulares del caso, comenzó a impulsarse públicamente la idea del suicidio, la que quedó instalada rápidamente con una serie de situaciones que se multiplicaron y que cimentaron con el tiempo una cuasi unívoca certidumbre pública de que Nisman se había quitado la vida”.

            La hipótesis central de Ercolini es que la escena fue preparada para simular un suicidio. Afirma en su resolución que existió una conspiración para esta simulación en la que Diego Lagomarsino tuvo un rol protagónico: “Asimismo, a efectos de su consumación, al ser un hombre de extrema confianza de Natalio Alberto Nisman -situación que le franqueó el acceso tanto a la vivienda del Fiscal como a sobrepasar a su custodia-, en virtud de un plan previamente acordado -que consistía, precisamente, en que Lagomarsino proveyera un “arma amiga que permitiera posteriormente una simulación de un suicidio”, facilitó el ingreso al domicilio de la víctima de la pistola marca Bersa de su propiedad, con el objeto de que luego fuera utilizada por las personas que ingresaron a la vivienda y le quitaron la vida al Fiscal Nisman”. En otro tramo de su resolución, sin señalar los estudios en los que basa su conclusión, añade que “debe afirmarse que se encuentra descartado que el Fiscal Nisman hubiera tenido una tendencia de personalidad suicida, ni tampoco existen indicadores que lleven a conjeturar en este proceso que hubiera sobrevenido en aquellos momentos una inclinación a quitarse la vida”. Cabe añadir aquí que no existe ningún estudio científico que avale la idea de una “personalidad suicida”. Las causas que llevan a una persona a adoptar una decisión extrema son complejas, pero no vienen asociadas a ningún estereotipo que permita establecer una relación de causalidad entre personalidad y suicidio.

            Enfrentadas las hipótesis del suicidio con la del asesinato, es obvio que una pieza fundamental de la investigación consiste en determinar la forma en que los supuestos autores del crimen penetraron en la vivienda del fiscal. El acceso al complejo Le Parc sólo se podía hacer por una entrada vigilada por el servicio privado del edificio que estaba acompañado por una guardia permanente de Prefectura que cubría las 24 horas. Había sistemas de vigilancia por video instalados en zonas estratégicas y los vigilantes privados recorrían permanentemente las instalaciones, de modo que no era sencillo entrar o salir del edificio sin ser detectado. De hecho, no se ha registrado  ningún indicio o rastro de que terceros desconocidos hubieran penetrado subrepticiamente en el complejo entre la noche del 17 y el día 18 de enero.

            Los choferes de la custodia Luis Miño y Armando Niz habían sido convocados por Nisman para estar el domingo 18 a las 11 horas en el complejo. Ese día llovía y se instalaron con su vehículo en el aparcamiento de cortesía, quedando a la espera, como lo hacían habitualmente, de la llamada del fiscal. Como pasaba el tiempo y el fiscal no solicitaba sus servicios tomaron la iniciativa de llamarlo a las 13.46 sin obtener respuesta. Insistieron por radio a las 14.24, luego llamaron a la secretaria, y finalmente subieron al piso a las 17 horas para tocar el timbre insistentemente sin obtener  respuesta.  A las 18 llamaron a la madre del fiscal, Sara Garfunkel para preguntarle si tenía llaves de la vivienda. Ante la respuesta afirmativa los custodios pasaron a recoger a la señora a las 18.30. A las 19 Sara Garfunkel intentó abrir la puerta de servicio acompañada de Niz y de su amiga Marta Chagas sin tener éxito. Dada la relevancia que tiene la declaración de Sara Garfunkel, transcribimos en forma textual lo que dijo según lo expone la resolución del juez: “Al respecto, Sara Garfunkel explicó que una vez que llegaron al complejo «Le Parc» su amiga se quedó sentada en el hall del edificio y la declarante ascendió por el ascensor de servicio al piso 13 junto con el custodio de nombre Armando. Que el otro custodio se quedó en la playa de cortesía junto al coche oficialuna vez arribados al piso en cuestión se acercaron a la puerta de servicio del departamento de su hijo, ingresó la llave de la cerradura superior de la puerta y logró abrirla. A su vez que cuando ingresó la llave de la cerradura «Trabex» inferior no pudo hacerlo ya que había algo en su interior. Le pidió a Armando que se fije, quien, luego de hacerlo, le dijo que había una llave introducida desde el interior del departamento. Luego de ese intento frustrado de ingresar por la puerta de servicio, Garfunkel se dirigió hacia el ascensor principal junto a Armando Niz dado que tenía el código de seguridad necesario para hacerlo funcionar. Sin perjuicio de ello, los cuatro dígitos ingresados por la madre no accionaron el elevador y eso hizo que la mujer dudara sobre si la clave era la correcta. Con respecto a esta cuestión, la progenitora del Dr. Nisman indicó que “bajamos y voy para entrar por el lado principal, llegamos al ascensor, entramos Armando y yo, mi amiga se quedó abajo; pongo la clave. Que la misma poseía cuatro número[s] más el piso; el ascensor cierra, y queda en cero, no se mueve; la puse dos o tres veces más, y me di cuenta que no iba» (ver fs. 334/336). A continuación, pese a que pudieron subir por el ascensor principal al piso de Nisman gracias a la intervención del Jefe de Mantenimiento, no consiguieron abrir la puerta del acceso principal dado que estaba cerrada desde dentro con un pasador. Sara Garfunkel lo expresa del siguiente modo al decir que “ascendió al ascensor principal junto al jefe de mantenimiento, a quien le relató lo acontecido, el que introdujo una llave en una caja que allí, se encuentra instalada y logró accionar el elevador. Que ascendió junto a esta persona y a Armando al piso 13, se acercó a la puerta principal de ingreso al departamento de su hijo, ingresó la llave en la única cerradura que posee, cuando logró abrir la cerradura, pero como la misma cuenta con un pasador no logró ingresar a la vivienda”.

            Ante la dificultad para ingresar, la madre del fiscal se negó a que se tirara la puerta abajo y prefirió contratar los servicios de un cerrajero. Luego de que el cerrajero lograra abrir la puerta de servicio, Sara Garfunkel, Marta Chagas y Armando Niz ingresaron al domicilio del fiscal. Según su relato, Sara Garfunkel “prendió las luces de la cocina, se dirigió al living, encendió las luces de dicho ambiente, se acercó hasta la pieza de sus nietas. Siempre acompañada por Armando. Mientras caminaba por el departamento buscando a su hijo iba encendiendo las luces que estaban todas apagadas. Los aires acondicionados estaban apagados y las cortinas corridas. La puerta del dormitorio de su hijo estaba cerrada, la abrió, le pidió a Armando que mirara en su interior, y luego éste le dijo que no había nadie. Que las sábanas estaban en posición similar a cuando una persona se encuentra durmiendo. Que el aparato de televisión estaba encendido, se encendía y apagaba en todo momento, similar a cuando se activa el timer. Siguió su relato diciendo que “que ingresó a la habitación junto a Armando. Que en su interior del lado izquierdo se encuentra el vestidor y contiguo el baño. Que miró hacia el lado del vestidor y advirtió que había luz en el interior del baño. Que le pidió a Armando que abra la puerta del baño, que se encontraba cerrada completamente. Que Armando abrió la puerta asomó la cabeza y dijo «Ahí está». Inmediatamente se acercó la deponente, asomó su cabeza al interior y vio a su hijo tirado en el piso junto a la bañadera y su cabeza media torcida. Vio un charco de sangre, por lo que salió del lugar y llamó por teléfono al servicio de emergencias de «Swiss Medical».

            Del relato anterior, extraído de la resolución del juez, surge un dato sumamente revelador. La vivienda, situada en el piso 13 del edificio –lo que no es un detalle menor-  estaba cerrada por dentro, con un pasador la puerta principal y con una llave trábex instalada en la puerta de servicio que impedía la apertura desde el exterior. Frente a estos datos, era obvio que si habían penetrado personas en el domicilio no habían salido por las puertas, dado que estaban cerradas desde el interior. La minuciosa inspección ocular no había detectado ni fracturas ni otras formas de acceso a la vivienda. Por consiguiente, el juez estaba obligado a sugerir o señalar la forma probable en que habían ingresado y salido los dos sicarios que supuestamente perpetraron el crimen. ¿Cuál es la explicación del juez Ercolini a esta circunstancia tan relevante? Ninguna. El juez no hace la menor mención al tema y elude la dificultad al modo que lo hacen los mediocres novelistas policiales que simulan ignorar hechos relevantes y dejan a los lectores con la sensación de que les están tomado el pelo.

Horarios y uso de la computadora 

A efectos de valorar otro indicio relevante, se debe hacer previamente un breve resumen de los datos registrados entre la tarde noche del sábado 17 y las 22.30 del domingo 18 de enero de 2015 cuando se logró finalmente penetrar en la vivienda. La última persona que habló con  Nisman el día sábado fue el policía Néstor Durán a las 21 horas, al dejar su turno. Las cámaras del estacionamiento de cortesía habían registrado poco antes que Lagomarsino había abandonado el complejo a las 20.30. Luego, a las 21.17 se registra un mensaje de whatsapp en el teléfono de Nisman en respuesta a otro enviado por la periodista de Clarín Natasha Niebieskikwiat. No hay más registros de actividad de Nisman hasta las 7.01 del domingo 18 de enero en que se verifica el ingreso del IP de Nisman en Página 12. A las 12.15 del domingo su secretaria le envía un whatsapp que no fue contestado y un minuto después un amigo le envía otro whatsapp que tampoco es contestado. A las 15 otro enviado por su colaborador Claudio Rabinovich tampoco recibe respuesta.

El relevante dato de que la computadora de Nisman fue operada a las 7.01 del domingo es también eludido por el juez que no lo valora en absoluto y lo ignora olímpicamente. El trabajo de los informáticos demostró que alguien abrió la computadora de Nisman el domingo a la mañana, leyó algunas notas de Página 12 y de La Nación referidas a su denuncia,- entre ellas la entrevista del periodista Rául Kollman al secretario de Interpol, Roland Noble- revisó su correo electrónico de Yahoo, miró las fotos en Instagram de una modelo con la que había salido hacía dos días y finalmente leyó un post de Claudio María Domínguez,  sobre el regreso de la muerte. El diario Página 12 confirmó el registro en su edición online del ingreso de la IP de Nisman. El diario La Nación en cambio, no respondió al requerimiento del juzgado. Todos estos indicios apuntan a que fue Nisman el que operó en su máquina. La hipótesis de que terceros hubieron podido  manipular la computadora desde el propio domicilio es poco consistente porque sería muy improbable que conocieran la relación de Nisman con la modelo o que después de cometido el “crimen” se entretuvieran en navegar por Internet cerca de una hora. Por otra parte, la posibilidad de que fuera Lagomarsino quien manipulara esa computadora a distancia también debe descartarse. Si bien Lagomarsino había instalado en esa computadora el programa “teamviewer” para operar a distancia y satisfacer en tiempo real las demandas del fiscal, ese programa sólo puede operar cuando la computadora ha sido encendida y el programa ha sido abierto. De modo que la hipótesis más razonable, de acuerdo con la Ley de Occam, es que fuera el propio fiscal el que operara en su computadora a partir de las 7.01 del 18 de enero.

Por otra parte, ese dato es coincidente con el rango de hora probable de muerte al que arribó la pericia del Cuerpo Médico Forense (CMF) de la Corte Suprema, que estableció que  la muerte se produjo el domingo 18 de enero entre la mañana y la media tarde, en base a la autopsia que realizó a la 8 horas del día 19 de enero de 2015. La Junta Médica Interdisciplinaria de Gendarmería, que realizó una pericia más de dos años y medio después de la muerte, trabajando sobre algunas muestras preservadas de vísceras,   consideró que  “la muerte debería haberse producido aproximadamente a las 02.46 horas del día 18 de enero de 2015”. Es llamativa tanta exactitud. En esta cuestión como en otras, es evidente la diferencia que media entre la conclusión del Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema y lo establecido por la Junta Interdisciplinaria de Gendarmería. Ambas pericias están agregadas al sumario y compiten en igualdad de armas, de modo que deben ser valoradas con el resto de evidencias para determinar su real valor. En el caso del establecimiento de la hora de la muerte,  parece más consistente la conclusión del Cuerpo Médico Forense porque la pericia se hizo al día siguiente de la muerte y es compatible con el resultado de la evaluación realizada por la  médica de la Unidad Criminalística Móvil de la Policía Federal Argentina que arribó al domicilio de Nisman a la 1.05 del 19 de enero y concluyó que la hora de muerte “se estima…en un período de tiempo entre 12-15 horas previas a mi arribo al lugar del hecho”. Esto es, entre las 10.05 y las 13.05 horas del día 18 de enero de 2015.

El suicidio simulado y el arma amiga 

Uno de los mayores desafíos al que han tenido que responder los partidarios del crimen es que toda la escena era la propia de un suicidio al punto que hasta 16 reconocidos expertos en criminalista de la Corte Suprema habrían sido “engañados” al  considerar que en la muerte de Nisman no había habido intervención de terceros. Para superar este obstáculo, los partidarios del crimen han tenido que lanzar la teoría de un “suicidio simulado”. Aquí se observa una primera debilidad en el razonamiento que suscribe Ercolini para defender esta singular idea. Considera que los supuestos asesinos debían introducir un “arma amiga” para darle consistencia al relato del suicidio. Atendamos, en primer lugar, al razonamiento del juez: “Esta pistola -relacionada directamente con el nombre y apellido de su titular-, además de ser importante para llevar a cabo la ejecución de Nisman, tuvo gran trascendencia dentro del desarrollo de la acción criminal bajo estudio ya que, al pertenecer a una persona del círculo íntimo de Nisman, ayudó a robustecer la hipótesis del suicidio. En efecto, la presencia de un arma de fuego ajena a alguna de las personas con las que Nisman tenía cierta familiaridad habría dificultado o imposibilitado presentar una escena que aparentara un suicidio y que ocultara las verdaderas circunstancias de su muerte”. Convengamos que es una tesis un tanto alambicada, dado que sugiere la idea de que los conspiradores, para robustecer la hipótesis del suicidio, esperan pacientemente el momento en que una “arma amiga” entra en el domicilio de Nisman.

Esta tesis tiene muchos puntos débiles. En primer lugar, no es cierto que para simular un suicidio haga falta un “arma amiga”. En los pocos casos en que se han intentado simular suicidios, los criminales se han limitado a colocar el arma del disparo en las proximidades del cuerpo de la víctima, sin que tenga relevancia alguna, a los efectos de la simulación, que el arma fuera “amiga” o de origen indeterminado. En segundo lugar,  los sicarios que van a actuar sobre una persona muy custodiada, estudian el objetivo durante un tiempo y luego eligen el momento que consideran más oportuno para realizar la operación con el menor riesgo posible.  Entran portando sus propias armas, cometen el crimen y se marchan. Con esfuerzo y mucha imaginación se podría también suponer que si los sicarios seguían directivas o pertenecían a los servicios secretos del Gobierno, debían simular un suicidio para eludir las sospechas que inmediatamente se abatirían sobre ese gobierno. Pero lo que ya resulta más difícil de aceptar es que supeditaran semejante operativo a la presencia de un “arma amiga”, cuando para la simulación de un suicidio era un dato irrelevante. Por consiguiente cabe formular las siguientes preguntas: ¿Es verosímil suponer que unos sicarios estaban esperando que Nisman pidiera un arma para recién tomar la iniciativa de acudir a asesinarlo? ¿Es verosímil suponer que podían imaginar que Nisman iba a solicitar un arma? ¿Es verosímil suponer que una acción de tanto riesgo y complejidad estuviera supeditada a la posibilidad de contar con  un “arma amiga”? ¿Era tan relevante para simular un suicidio que contaran con un “arma amiga”?

Por último, y no por ello menos importante,  todos los indicios indican que fue el fiscal quien  solicitó el arma que provocó el disparo que puso fin a su vida y parece innecesario señalar que seguramente era el que menos interés tenía en colaborar con los supuestos asesinos. Aquí conviene detenerse un momento y hacer un breve resumen de los pasos dados por Lagomarsino, luego que el sábado 17 de enero de 2015, después de las 16, recibiera dos llamadas del fiscal Nisman que le cambiaron la vida. Cuando devolvió esas llamadas, Nisman le pidió que se dirigiera urgentemente a la torre Le Parc. Lagomarsino llegó al domicilio de Nisman a las 17.18 y subió al piso 13 acompañado de un custodio. Allí, según su versión, el fiscal le hizo pasar y le preguntó si tenía un arma y al responder afirmativamente, el fiscal le dijo que la necesitaba para proteger a sus hijas. Está acreditado que Nisman había hecho, en la tarde del día anterior, un pedido similar a Rubén Benítez, uno de los policías de la  custodia. Lagomarsino volvió a su domicilio en busca del arma y regresó cerca de las 20 horas al edificio de Le Parc, subió nuevamente al piso 13, le entregó el arma al fiscal envuelta en un paño verde, tomó una café que le ofreció Nisman y se retiró a las 20.30 para entrar en el complejo en el que vivía  a las 21 horas. Todos los movimientos que realizó Lagomarsino están registrados en las cámaras del edificio Le Parc, en las cámaras de la autopista que recorrió con su vehículo y del edificio en el que residía, de modo que son datos incuestionables. En este sentido son significativas las declaraciones que hacen los encargados de seguridad del edificio que franquearon el acceso a Lagomarsino. Según lo relata la resolución del juez, “a fs. 612/614 obra el testimonio de Jonatan Jesús Brito Villanueva, quien recibió a Diego Ángel Lagomarsino en su primera visita al complejo Le Parc Puerto Madero alrededor de las 17.18 hs. Al respecto, expresó que ese día yo estaba como adicional de pileta…me ausento del puesto para ir al baño…y lo cubro a mi compañero que estaba en el puesto n° 1. En un momento el señor Lagomarsino se acerca, le pregunto el número de documento y en la computadora me salen sus datos porque ya estaba registrado previamente de otras ocasiones que concurrió. Que procedí a llamar al señor Nisman anunciándole que había llegado el señor Lagomarsino, por lo que Nisman me dijo «bueno, está bien, acércalo a mi custodia«. Por otro lado, en lo que concierne a la segunda asistencia, Maximiliano Ángel Gallardo puntualizó “yo fui el que lo anunció al Sr. Nisman. Eran las 19.50 aproximadamente cuando Lagomarsino ingresó al complejo…me comuniqué con el Dr. Nisman y éste me dijo textualmente ´que pase directamente y no lo retengas´, eso quiere decir que no lo ingresé en ninguna ocasión al sistema informático, lo hice pasar directo”.

Cuando el juez utiliza la expresión “arma amiga” pareciera que está aceptando implícitamente el relato de Lagomarsino, señalando que el arma entró en forma amistosa por el pedido formulado por Nisman. Sin embargo, el juez en la parte final de su resolución descree del relato de Lagomarsino, y afirma que “debe descartarse por inverosímil la versión de que el arma por la que finalizó muerto Nisman fue pedida a Lagomarsino y prestada por éste. Con ello, tampoco es creíble la versión acerca de los motivos por los que el imputado estuvo dos veces a solas con Nisman en su departamento”. Sin embargo el juez no ofrece una explicación alternativa de los extraños viajes que Lagomarsino realizó con pleno conocimiento del fiscal Nisman y se contradice cuando tiene que explicar el ingreso del arma. Afirma que asimismo, a efectos de su consumación, al ser un hombre de extrema confianza de Natalio Alberto Nisman -situación que le franqueó el acceso tanto a la vivienda del Fiscal como a sobrepasar a su custodia-, en virtud de un plan previamente acordado -que consistía, precisamente, en que Lagomarsino proveyera un ―arma amiga que permitiera posteriormente una simulación de un suicidio-, facilitó el ingreso al domicilio de la víctima de la pistola marca Bersa de su propiedad, con el objeto de que luego fuera utilizada por las personas que ingresaron a la vivienda y le quitaron la vida al Fiscal Nisman”. Es decir que primero afirma la existencia de “un plan previamente acordado” como si Lagomarsino pudiera haber adivinado que el fiscal iba a llamarle para pedirle un arma, y a continuación le imputa a Lagomarsino haber facilitado “el ingreso al domicilio de la víctima de la pistola marca Bersa de su propiedad”, como si el arma hubiera entrado subrepticiamente al domicilio de Nisman sin conocimiento del fiscal, lo cual es contradictorio con la tesis previa del “arma amiga”. Como hay sobradas evidencias de que Nisman fue el que habilitó la presencia de Lagomarsino dos veces en el mismo día en su domicilio, no hay otro modo de entender que el arma hubiera penetrado en la vivienda si no hubiera sido con el consentimiento de Nisman.

            Vale la pena detenerse en la curiosa interpretación que hace el juez de las visitas de Lagomarsino. Dice Ercolini que “la información privilegiada antes citada conocida en forma directa por Lagomarsino, habría sido de utilidad para quienes llevaron a cabo el homicidio de Nisman -desconocidos hasta el momento-, en tanto les posibilitó diseñar la logística propia del plan llevado a cabo que incluyó ingresar al edificio, dar muerte al titular de la UFI AMIA, dejar el arma de titularidad del imputado y egresar del complejo. Todo ello, sin ser vistos ni filmados”. Añade que “para diseñar el plan que tenía como objetivo quitarle la vida a Nisman, era necesario que alguna persona de su confianza concurriera a visitarlo, lograra ingresar y recolectara información de importancia sin despertar sospechas, ya que Nisman se encontraba hasta con las cortinas de su departamento cerradas en esos días; posiblemente para restringir el acceso a las labores que se encontraba realizando. Por ello, debido al hermetismo con el que se manejó el Fiscal durante ese fin de semana, la colecta de información en cuestión solo podía conseguirla alguien que fuese de su más cercano entorno. Así, la relación que Nisman y Lagomarsino mantenían lo habilitó a ingresar el 17 de enero de 2015 a la vivienda del Fiscal en dos oportunidades, que cuanto menos habría servido para el reconocimiento del sitio y de la situación en la que se encontraba en Fiscal, sin despertar sospechas”. Es decir que el juez razona en todo momento como si Lagomarsino hubiera entrado al complejo como un intruso, ignorando la invitación formulada por Nisman.

Sólo resta señalar que la tesis de la simulación del suicidio conduce, casi de modo natural, ha asignarle la responsabilidad última del “magnicidio” al gobierno de Cristina Fernández, único actor que, por razones obvias, tendría interés aparente en disimular un asesinato bajo la forma de un suicidio. Esta es la causa que explica que haya tantos entusiastas partidarios de la tesis del asesinato. A esta tesis también se suma sin disimulos  el juez al señalar que “por diversas razones habría existido una intencionalidad, cuanto menos desde algún sector oficial, de instalar la idea de una muerte voluntaria, privada y en soledad de Nisman, y el primer paso habría sido precisamente encorsetar la investigación a la suposición de una decisión unilateral de Nisman de quitarse la vida”.

El arma de fuego  titularidad de Lagomarsino

Según el juez, “Lagomarsino aparte de lo dicho habría brindado un aporte aún más importante con miras a la ejecución del plan homicida: la pistola calibre 22, largo rifle, marca Bersa, modelo 62, n° 35099 registrada en el RENAR a su nombre, que les permitió enmascarar lo realmente acontecido -un homicidio- y que fue encontrada en la escena del hecho, detrás del cuerpo de la víctima”. Ya hemos señalado que para el juez “esta pistola -relacionada directamente con el nombre y apellido de su titular-, además de ser importante para llevar a cabo la ejecución de Nisman, tuvo gran trascendencia dentro del desarrollo de la acción criminal bajo estudio ya que, al pertenecer a una persona del círculo íntimo de Nisman, ayudó a robustecer la hipótesis del suicidio”. Sin embargo, la hipótesis del juez suena inverosímil. Parece que Lagomarsino era una especie de idiota útil, dispuesto a brindar a los sicarios su arma registrada para que simularan el suicidio, arriesgándose de este modo a quedar vinculado con el crimen. Por otra parte, debe consignarse que fue Lagomarsino el que en la mañana del 19 de enero,  cuando tomó conocimiento del hecho, se presentó espontáneamente en el Juzgado Criminal N° 5 para exponer que el arma del disparo que acabó con la vida de Nisman había sido suministrada por él a pedido del fiscal.

El pedido de un arma al custodio Benítez 

Conforme los dichos del policía Rubén Benítez,  el fiscal Alberto Nisman le había pedido que le entregara un arma y/o le gestionara la adquisición de una. Específicamente, el custodio refirió lo siguiente:El viernes 16 “después de almorzar, Nisman lo llamó y le pidió que subiera, lo que hizo por la puerta de servicio. Al llegar, el Fiscal abrió con la llave, tras lo cual ingresó al departamento y se quedó esperando en la cocina ―pero él siguió y me dijo que pasara y que fuera hasta donde estaba él, por lo que se dirigió hasta el living donde Nisman lo invitó a ―tomar algo, a lo que respondí que no. En esa oportunidad, le ―llamó la atención…él me dijo necesito comprar un arma…un revólver, a lo que contestó que una pistola era mejor ya que tenía mayor capacidad de tiro y hay ―calibres buenos. Al respecto, también explicó que me pareció que no tenía conocimientos de armas; de hecho nunca lo oí hablando de ellas. Él me dijo que necesitaba comprarla para cuidar a sus hijas porque por ahí a nosotros nos chocaban o nos distraían y él se vería en un aprieto; por lo que sería para repeler”.

El juez señala que  esa versión difiere ligeramente de la que le hizo saber al Jefe de la División Seguridad y Custodia de la Policía Federal, un tal Soto, puesto que en el marco de su testimonio al ser preguntado por la Dra. Fein sobre si Benítez le hizo mención de un pedido expreso del Dr. Nisman, éste dijo ―sí que el día en que se encontró en la Torre Le Parc, Benítez le dijo que quería comprar un arma sin papeles, un «perro”. Pero además, Benítez no sólo le dio esa versión a Soto, sino que también se la comunicó a Soledad Castro, una de las secretarias de Nisman, el lunes 19 de enero de 2015. Al respecto, la Secretaria Letrada de la UFI AMIA refirió en su declaración de fs. 348/354 que: “Mientras yo estaba con Walter en mi despacho se presentó el custodio Benítez…Me dijo que el Dr. le había consultado modelos para comprar armas y que el lunes se iban a encargar de eso”.

            El juez interpreta que Benítez, junto con Lagomarsino, también formaba parte del club de los complotados para simular un suicidio.  En su opinión, “al alinearse las versiones de Benítez y Lagomarsino, por el contenido de sus discursos, es claro que tenían como finalidad colaborar con la instalación de la teoría del suicidio del fiscal. Ello, a través de la utilización en el hecho de un arma de fuego que supuestamente habría sido previamente solicitada por la víctima ―so pretexto de la preocupación que tenía por su integridad física y la de sus hijas, y que, al comprobarse que ésta había sido provista por una persona del círculo de confianza de aquél -un ―arma amiga-, permitiría disfrazar lo que en realidad sucedió”. Aquí el único comentario que cabe hacer al lector inteligente es la notable  facilidad que demuestra el juez para sacarse de encima los hechos incómodos que no encajan con su hipótesis.

La participación de Lagomarsino en el crimen 

            El fiscal supone  que Lagomarsino estaba complotado con los dos sicarios asesinos que según el relato de Gendarmería llevaron a cabo la siniestra misión. “Sus visitas fueron esenciales para conocer cómo se encontraba el Fiscal esa noche y así ser de utilidad al diseño de la logística del plan, ya que los autores materiales del hecho en base a ella pudieron ingresar y egresar del edificio, sin ser advertidos”. Según lo expresado por Ercolini  “para diseñar el plan que tenía como objetivo quitarle la vida a Nisman, era necesario que alguna persona de su confianza concurriera a visitarlo, lograra ingresar y recolectara información de importancia sin despertar sospechas, ya que Nisman se encontraba hasta con las cortinas de su departamento cerradas en esos días; posiblemente para restringir el acceso a las labores que se encontraba realizando. Por ello, debido al hermetismo con el que se manejó el Fiscal durante ese fin de semana, la colecta de información en cuestión solo podía conseguirla alguien que fuese de su más cercano entorno. Así, la relación que Nisman y Lagomarsino mantenían lo habilitó a ingresar el 17 de enero de 2015 a la vivienda del Fiscal en dos oportunidades, que cuanto menos habría servido para el reconocimiento del sitio y de la situación en la que se encontraba en Fiscal, sin despertar sospechas”.

            Esta inferencia del juez carece de toda consistencia. Lagomarsino conocía de sobra el departamento de Nisman en donde había estado tiempo atrás para instalar el wi-fi y había acudido en múltiples ocasiones para resolver problemas de la computadora, de modo que no tenía ninguna necesidad de hacer un nuevo viaje para obtener información que ya conocía. En cualquier caso, son numerosas las evidencias de que fue el fiscal quien requirió su presencia. Esto queda de sobra acreditado con los testimonios de las personas que lo recibieron en el complejo Le Parc. Por otra parte, para aceptar la tesis de Ercolini hay que pensar que Lagomarsino se comunicó con los sicarios para darles la  noticia que les permitiría simular luego la escena del suicidio y en ese breve lapso pusieron en marcha el operativo para penetrar en el domicilio del fiscal y asesinarlo. La forma por la que Lagomarsino pudo comunicarse con los sicarios es un dato que el juez no ha aclarado. Luego que se marchó del complejo Le Parc, Lagomarsino se dirigió a su domicilio donde pasó la noche con su mujer. Las únicas llamadas que registra su teléfono fueron efectuadas a un ejecutivo de la empresa a la que prestaba servicios, de modo que no hay ninguna prueba de que se pusiera en contacto con terceros.

La instalación de la versión del suicidio

      Según el juez, “a la participación de Lagomarsino en el hecho relativa a la provisión de datos privilegiados para la logística y al aporte del arma de fuego utilizada, debe agregarse que éste, luego de conocido el deceso del Fiscal, realizó muchos actos orientados a la instalación pública de la creencia de un suicidio”. Considera relevante la opinión subjetiva que se hizo el secretario del Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción n° 5, Daniel González,  que fue quien atendió a Lagomarsino cuando declaró que era el titular la pistola Bersa. Para el juez, “Lagomarsino con sus dichos a periodistas y con su presencia del 19 de enero de 2015 ante el Juzgado cuyo Juez creía que se encontraba a cargo de la investigación intentó colaborar activamente en la instalación de la idea del suicidio por parte de Nisman, versiones que según sus interlocutores aparecen como frases guionadas y hasta actuadas que, frente a los restantes elementos de prueba, carecen de toda credibilidad”. Es decir que el juez, alejándose del sentido común, en vez de interpretar la espontánea declaración de Lagomarsino como un indicio de su inocencia, la considera una evidencia de la participación activa en la vasta conspiración que pretendía la instalación pública de la creencia en un suicidio.

La colaboración de los custodios en la versión del suicidio

            Para el juez “un dato significativo, es que desde el descubrimiento del cuerpo sin vida de Nisman, los custodios también buscaron instalar la versión del presunto suicidio del magistrado, lo que se vio alineado con el accionar que Benítez y Lagomarsino ejecutarían al día siguiente. Sobre este aspecto se deben destacar los dichos del chofer de la ambulancia de ―Swiss Medical, Facundo Martín Cardozo, por cuanto refirió que ―cuando Jésica dice que había un arma…y el custodió le dijo al dicente que se suicidó. En este sentido, también agregó que uno de los custodios le dijo al dicente que Nisman se suicidó porque no tenía pruebas para lo del otro día”. Para el juez “esto es demostrativo que a pesar de que habían transcurrido pocos minutos desde que advirtieron la existencia del cuerpo sin vida de Natalio Alberto Nisman y la presencia de un arma de fuego en el lugar, Miño y Niz divulgaron la versión de que el Fiscal había decidido quitarse la vida, a pesar de que no contaban con ningún otro dato con rigor científico para materializar esa afirmación. Incluso ello lo sostuvo ante el personal médico de emergencias, agregando que el motivo de Nisman para suicidarse era que no contaba con pruebas para sostener la denuncia realizada el 14 de enero de 2015, lo que curiosamente fue una explicación que circuló en los medios de comunicación y en la opinión pública días después de la muerte”.

Añade que “en resumen, dentro del contexto en el que Miño y Niz llevaron adelante omisiones y/o acciones que dilataron injustificadamente el hallazgo del cuerpo del titular de la UFI AMIA, el haber realizado manifestaciones con relación a que el deceso de Nisman fue una decisión suya, se traduce en un claro intento por darle credibilidad a la versión del suicidio que al día siguiente Lagomarsino y Benítez también harían publica ante diferentes personas”.

Todas las inferencias que hace el juez carecen de rigor. Las opiniones que transmiten los policías son fruto de las impresiones subjetivas que obtienen al observar un hecho que tenía todas las trazas de ser un suicidio, muy bien simulado según la propia opinión del juez. Lo notable, lo sorprendente y  escandaloso, es que estas primeras opiniones vertidas por los policías de custodia son las que llevan al juez de acusarlos de un delito de ¡encubrimiento agravado!

La falta de móvil                       

            En nuestra opinión, la hipótesis más verosímil en el caso Nisman sigue siendo la que surge de la mayoría de las evidencias reunidas, es decir que el fiscal se suicidó, lo que descarta de plano la posibilidad de adjudicar a alguien la responsabilidad de su muerte.  Pero aun aceptando, a modo de mera especulación dialéctica, que Nisman hubiera sido asesinado, es muy difícil pensar en que Lagomarsino hubiera estado implicado en el supuesto crimen. Son numerosas las evidencias que prueban que fue el fiscal quien solicitó el arma que acabó con su vida. Fue el propio Lagomarsino quien al día siguiente de la muerte del fiscal se presentó ante la juez para informar que el arma utilizada era la suya. ¿Qué sentido tenía ofrecer el arma registrada a su nombre cuando no era nada complicado para los supuestos sicarios utilizar un arma no registrada obtenida en el mercado negro? Por otra parte, ¿tenía algún incentivo Lagomarsino para facilitar la muerte del fiscal que era la persona de la que dependía su puesto de trabajo?  Ni siquiera el juez, que formula una acusación tan grave, se atreve a sugerir un móvil para explicar la participación del informático en el crimen. Inclusive cabría también contemplar otra hipótesis más amigable con el principio de presunción de inocencia: que los supuestos sicarios  encontraron casualmente un arma en la vivienda de Nisman que aprovecharon para el propósito de simular un suicidio. Consideraciones que avalan la impresión de un cierto apresuramiento por parte del juez en procesar a Lagomarsino sin tener reunidas más evidencias que permitan relacionarlo con los hipotéticos autores.  

A modo de conclusión 

La trama más clásica del relato policial es el misterio del “cuarto cerrado”: un crimen que no se puede resolver porque el cadáver aparece en una habitación o un entorno completamente cerrado y en el que no ha podido entrar nadie para cometer el crimen. El caso más alegórico lo expuso Edgar Allan Poe en Los crímenes de calle Morgue. La historia gira en torno al brutal asesinato en un departamento de la rue Morgue de París, de Madame l’Espanaye y su hija Mademoiselle Camilla. Un detective aficionado, Monsieur Auguste Dupin, comienza a buscar indicios y relacionar datos para develar el misterio que tiene a Adolphe Lebon encarcelado por ser la última persona que vio con vida a las víctimas. La deducción de Dupin es que el responsable del crimen no puede ser, bajo ninguna circunstancia, un ser humano. Finalmente, luego de atender múltiples indicios y utilizando una lógica convincente, llega a la conclusión de que el autor del crimen es un orangután. Dupin pone un falso aviso en un periódico anunciando que un orangután había sido encontrado. Acude un pirata maltés a reclamarlo y entonces confiesa ante Dupin que el orangután que busca se le escapó  y entró por la ventana de la casa de madame L’Espanaye cometiendo el doble asesinato. Gracias a esta declaración, el encarcelado injustamente pudo ser liberado.

El juez Ercolini se ha encontrado con un caso de “cuarto cerrado”, pero en vez de abordar el problema y ofrecer una solución, opta por ignorarlo. Como es obvio, un juez no puede usar el recurso de la fantasía como hizo Edgar Allan Poe . Pero sin resolver ese enigma resulta temerario lanzar hipótesis investigativas que no guardan coherencia con los hechos hasta ahora conocidos. Por otra parte, como se ha podido apreciar a lo largo de la lectura de este texto, el juez Ercolini en todos sus  razonamientos opta siempre por las tesis más rocambolescas, rechazando la explicación más sencilla, como lo sugiere la Ley de Occam. Se tiene la impresión de que el juez se ha inclinado por una hipótesis inconsistente para dar satisfacción a un poderoso grupo mediático  y político que viene sosteniendo la tesis del magnicidio, vinculando esta causa a la acusación de encubrimiento por la firma del Memorándum con Irán. Ambos casos aparecen estrechamente vinculados y son alentados por los mismos actores políticos. En nuestra opinión, es muy difícil que en una sociedad democrática se pueda conseguir convertir, por razones políticas, un suicidio en un crimen. Pero si los impulsores de semejante desatino obtuvieran éxito, el desprestigio del Poder Judicial en Argentina sería mayúsculo y superaría el listón alcanzado por el inefable juez Juan José Galeano. –

AFL, 3/1/2018.

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