Regina, punto de partida de un año político agitado

Alicia Miller.

La elección de intendente en Villa Regina, el próximo domingo 15 de abril, servirá para testear el ánimo del electorado y el comportamiento de los partidos políticos. Aun local, será la línea de partida de un raid que tendrá su cierre cuando se conozca quién será el próximo gobernador de Río Negro para el período 2019-2023.

Regina vota a quien deberá completar el período iniciado por Daniel Fioretti, quien renunció a fines de 2017 para evitar un inminente juicio político. Había sido elegido por el partido de Weretilneck, Juntos Somos Río Negro, pero se pasó a Cambiemos, y eso influyó en la pérdida de su base de sustentación local.

El 15 disputarán por ocupar la intendencia durante 18 meses Carlos Vazzana por el partido Justicialista, Carlos Rodríguez por Cambiemos, Marcela Ávila por Juntos Somos Río Negro y Norma Dardik por la izquierda.

Martín Soria confía en las encuestas que dan como ganador al peronista Vazzana, para convertir ese resultado como un anticipo de su propio triunfo en 2019. Pero funcionarios provinciales han estado muy activos allí, lo que podría mejorar las perspectivas de Ávila. Así, sería poco probable que Cambiemos consiga ganar, pero nada es imposible en materia de elecciones.

El resultado, en todo caso, influirá en la política de alianzas de cada sector. Un triunfo del PJ empujaría a Juntos Somos Río Negro a intentar aliarse con Cambiemos para tratar de retener la gobernación, considerando que ninguno de los dos ha logrado ubicar un candidato con suficientes chances.

Por ahora, se anotaron en Juntos el vicegobernador Pedro Pesatti –que representa a Viedma y al ala peronista del partido- y el presidente del bloque de legisladores –Alejandro Palmieri-, de Roca y menos definido políticamente.

Y, en Cambiemos, evalúan las mediciones del diputado Sergio Wisky, de su par Lorena Matzen, del delegado del gobierno nacional Juan Martín y de los intendentes de Cipolletti y Viedma, Aníbal Tortoriello y José Luis Foulkes. Si bien Wisky es quien se anota primero, entre todos no pasan los requisitos de conocimiento en la mayoría del electorado.

Además, a Cambiemos, una alianza con el partido de Weretilneck le implicaría quedar asociado con las sospechas de poca transparencia y de baja capacidad de gestión. Y, para Weretilneck, significaría renunciar a la perorata provincialista y federal que ha sido hasta ahora su caballito de batalla.

Pero el marco general lo empuja en esa dirección: Río Negro está en difícil situación financiera y sus principales actividades económicas arrastran problemas serios, lo que reduce al gobierno su aspiración de independencia política y toda posibilidad de gestión.

El Estado no ha parado de crecer, porque Weretilneck ha generado su base de sustentación política usando como propia la estructura pública. Esto se sumó a la mala situación que ya habían dejado los varios gobiernos radicales, y especialmente el de Miguel Saiz.

Así, hoy está tironeado: Nación le pide que reduzca el déficit, algo que difícilmente podría hacer sin recortar la planta de empleados. Pero él mismo contribuyó a incrementarla. La deuda pública sigue siendo una amenaza, y si bien el gobernador promociona que se pagó una parte, se siguen generando nuevos pasivos, porque la Provincia no tiene dinero para encarar ninguna inversión. El Plan Castello se asienta, precisamente, en una deuda en dólares que condicionará a los futuros gobiernos, sean del signo que fueran. Antes, la fuente de financiamiento que le dio aire a Weretilneck fue la renegociación de los contratos petroleros, que se vendió como la panacea y que hoy pocos recuerdan.

El gran dilema de quién será el próximo gobernador o la próxima gobernadora sigue entonces abierto.

Weretilneck duda entre fortalecer a uno de sus funcionarios o forzar una alianza con Cambiemos.

Y, en la vereda de enfrente, el peronismo busca dejar atrás divisiones y desaliento.

Curiosamente, el principal referente a nivel nacional, Miguel Pichetto, insiste en mantener en la provincia su perfil bajo.

El presidente del PJ en la provincia, Martín Soria, exhibe como méritos dos gestiones consecutivas con superávit y un buen nivel de inversiones urbanas. Pero necesita mejorar su inserción en otras ciudades. Para eso, le juega en contra el perfil crítico y de agresión verbal que mantuvo durante años.

Dos datos resultan curiosos en la forma en que busca ampliar su base política: Crítico del kirchnerismo cuando gobernaba Cristina (sólo con Florencio Randazzo mostraba relación fluida), ha estrechado lazos ahora a través de su hermana María Emilia y el Movimiento Evita. Y, al mismo tiempo, se asoció a la senadora Magdalena Odarda –ex Coalición Cívica y en proceso de crear el partido RIO-, a quien en años anteriores criticó mucho por su cercanía con el radicalismo primero y con Weretilneck después.

Mientras eso se resuelve, seguirán otras batallas con debates mediáticos, críticas y acusaciones en varios temas clave:

-La ruta 22 que atraviesa el Alto Valle sigue inconclusa y Martín Soria lidera las críticas al proyecto de Vialidad de construir puentes elevados frente a los cruces de acceso a las ciudades. Nación prometió un nuevo diseño, pero el que trasciende es peor que el anterior, ya que limitaría a dos los accesos a General Roca. La Provincia tiene que dar su aval al impacto ambiental de la obra, pero Weretilneck prefiere un perfil bajísimo en el caso.

-La deficiente infraestructura de agua, saneamiento y de energía eléctrica también es motivo de constantes críticas por parte de Soria hacia el gobierno provincial, al igual que el déficit creciente y la falta de inversión. En Roca casi todos los días hay un corte de agua, de luz o se rompe un caño de cloacas, así que nunca le falta tema. Y la contaminación del río Negro se inscribe en ese debate.

-Weretilneck le devuelve la gentileza afirmando que Soria gobierna para el centro y abandona los barrios, y que no participa del combate contra el narcotráfico, deslizando una velada acusación. Además, le atribuye inestabilidad emocional e intolerancia.

-La reciente extensión de la concesión del cerro Catedral a la empresa de los hermanos Trappa, ha causado en Bariloche un fenomenal cruce de adhesiones, acusaciones y críticas. La concesión logró mayoría de 8 a 3 en el Concejo Deliberante, con la adhesión de JSRN y el PRO. El intendente Gustavo Gennuso lo promulgará. Pero el peronismo lleva las críticas a la Justicia, buscando anular la decisión.

Éste promete ser un año agitado en debates políticos. Y resta saber si Río Negro acompañará las tendencias políticas que prevalecen en el país o si –otra vez y como tantas- irá a contramano y mostrando una ecuación propia de fuerzas.

 

 

 

 

 

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