El abrazo del oso

Alicia Miller.

El gobernador Alberto Weretilneck asegura que Río Negro no tiene problemas de financiamiento, pero omite que la Provincia se atrasa en los pagos. En la Tesorería hacen cola numerosos expedientes y, según la disponibilidad de recursos corrientes, avanzan con cuentagotas. Y con el alza del dólar, el Plan Castello demuestra que sólo sirve como promesa en la coyuntura actual, pero amenaza ser para el futuro provincial un salvavidas de plomo.

Con la falta de efectivo, el que gana -a río revuelto- es el Banco Patagonia, porque le financia al Estado la disponibilidad diaria y, por otro lado, recibe para descuento los cheques posdatados con los cuales la Provincia les paga a los proveedores y a los contratistas de obras.

Como suele suceder, al ministro de Economía le toca decir que no y poner límites. Agustín Domingo ya está siendo mirado con recelo en el gabinete, a pesar del respaldo que, hasta ahora, le brinda el gobernador.

Las más molestas son las empresas constructoras, que no cobran en tiempo y forma. Y se sabe que, en la antesala de una campaña electoral, la obra pública juega un papel central.

Por si fuera poco, con el plan Castello están ganando contratos empresas de afuera que ponen dirección en un estudio jurídico de la provincia, o que tienen una base de trabajo en una oficina, lo que incrementa el malestar de las locales.

El plan Castello es la esperanza de Weretilneck desde lo político. En síntesis, es un programa de inversiones que parte de la base de que no hay dinero. Por lo tanto, se financia con bonos a futuro. La Provincia coloca bonos en pesos y en dólares y con ese dinero va realizando obras propuestas por el Estado o por los municipios. Así, tiene contentos a los intendentes, sobre todo porque parte de los fondos no son reintegrables para las ciudades.

Claro que devolver el dinero recaerá sobre las próximas gestiones.

Así, es fácil hoy flexibilizar requisitos: Para desembolsos del Plan Castello ya no se les exige a los municipios –como estaba previsto- que tengan al día las rendiciones de fondos que recibieron hasta ahora.

El dinero que se recibió en dólares sigue en dólares –aseguró Weretilneck en estos días-, pero los bonos ubicados en pesos ya no rendirán lo mismo que se pensaba. Con el agravante de que la devolución se verá afectada por el valor que tenga el dólar al momento del vencimiento.

Una estimación del periodista Adrián Pecollo, del diario Río Negro, ubicó el peso de la devaluación sobre el pago de intereses previsto para este año en 1.400 millones de pesos.

Es evidente que se complicará la segunda etapa del Plan, ya que se preveía colocar otros 280 millones de dólares en bonos en la segunda mitad de este año. Pero ahora parece poco probable que se puedan ubicar, salvo que se acepten tasas de devolución altísimas.

En este contexto, el aumento en la cotización de dólar afecta especialmente al Estado provincial, aunque el gobernador apenas si se ha referido a la cuestión.

Días atrás, Weretilneck dijo que el alza del dólar es favorable para la exportación de frutas, para el turismo, la lana, la pesca y la explotación petrolera aunque, claro, empuja hacia arriba la inflación afectando el consumo y el salario.

Esto se traduce en una mayor presión sobre las cuentas públicas, porque los gremios estatales buscan anticipar la discusión de mejoras.

ATE cerró la paritaria en un nivel que a UPCN le parece insuficiente. Y como devolución de favores, Weretilneck le dio al gremio que lidera Rodolfo Aguiar un reconocimiento que era una deuda histórica del Estado provincial: un lugar en la Mesa de la Función Pública y en el reparto de fondos de capacitación y otros rubros.

Pero el alivio fue pasajero: En agosto como máximo habrá que discutir otra vez salarios y eso impactará sobre el déficit fiscal.

Las cuentas públicas, otra vez, le dan un abrazo de oso a la política y a la posibilidad de que el Estado mejore su eficiencia y la infraestructura de servicios en Río Negro.

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