Río Negro, ante la crisis y la frustrante limitación de su dirigencia

Alicia Miller.

Culpa de Estados Unidos, de Sturzenegger, de Macri, de los empresarios, la oposición o de quien fuera, la Argentina ha vuelto a tener una crisis financiera, de esas que se producen cíclicamente y que paga con inflación y pérdida del poder adquisitivo la mayor parte de la ciudadanía.

En Río Negro, la devaluación del peso en relación con el dólar traerá cierto alivio a la fruticultura exportadora, aunque lamentablemente sucede cuando la mayor parte de la cosecha de este año ya se vendió. Aun cuando ayudará el año próximo, implicará un aumento en el precio de los insumos importados.

El turismo también se vería beneficiado, porque Bariloche y otros destinos serán baratos para los extranjeros y habrá más argentinos que no podrán viajar al exterior y elegirán pasear por el país. Aunque la pérdida del poder adquisitivo local le jugará en contra.

En cambio, el efecto es demoledor para la actividad comercial interna, para la industria y para el Estado, especialmente para el Plan Castello, que implosionó prácticamente antes de nacer. Aunque ya generó una importante deuda en dólares.

Así, Weretilneck parece condenado a perder uno de los principales argumentos de campaña de Juntos Somos Río Negro, justo cuando se cumple un año de su aprobación por la Legislatura. Habrá perdido la chance de reactivar la obra pública, habrá endeudado a la provincia con un dólar más caro, y todavía no se ve ninguna obra en marcha, de todas las prometidas.

  • La insólita propuesta de Marcelo Mango

En medio del estruendo por el fracaso del programa de obras, el legislador del Frente para la Victoria Marcelo Mango, presentó un proyecto de ley para “autorizar al Ministerio de Economía de la provincia de Rio Negro a realizar las gestiones necesarias para transferir al Estado Nacional la deuda de u$s300 millones contraída para financiar el Plan Castello y que posteriormente sea refinanciada al Estado Provincial a través del Programa de Asistencia Financiera a las provincias o a través de un convenio específico”.

Así, según su punto de vista, toda irresponsabilidad de una provincia debería ser absorbida y solventada por el Estado nacional. Esta posición contrapone el sentido común, además del espíritu del Consenso Fiscal que las provincias firmaron con la Nación a fines de 2017.

Detalló Mango que “los 463 millones de dólares de la devolución-deuda del Castello rondaba en diciembre un poco más de 8.330 millones de pesos. El presupuesto nacional -reflejado por la provincia – estimó el dólar para fines del 2018 en 19,3 pesos. Serían unos 8.936 millones, pero hoy ese compromiso ya está en los 11.714 millones y el impacto devaluatorio en torno a los 2.778 millones de pesos”.

Como consideró que “la actual crisis cambiaria fue motivada por las políticas ejecutadas por el gobierno nacional”, es que “solicitamos que sea absorbida por el Gobierno Nacional y posteriormente refinanciada a Río Negro”.

Así, su planteo es que “los socios Macri y Weretilneck arreglen el entuerto que nos quieren dejar”, luego de recordar su voto negativo a la ley que autorizó al gobierno rionegrino a “realizar las operaciones de crédito público que resulten necesarias para disponer de hasta la suma de u$s580 millones, con el objeto de financiar la ejecución de proyectos de inversión pública en el territorio provincial”. De ese monto, la Provincia obtuvo 300 millones de dólares con la colocación de bonos de deuda en el exterior “con una vida promedio de siete años” y “a una tasa del 7,75%”.

  • Renuncias, peleas y un audio degradante

En el aspecto político, la desazón por la pérdida del eje argumental con el cual Weretilneck pensaba gambetear el próximo fin de su gestión, se traduce en peleas, renuncias y filtraciones de la intimidad de un equipo de gobierno que se desintegra en forma anticipada.

En un audio que se conoció horas atrás y que difunde el sitio latecla.info, el secretario de Gobierno de Rio Negro, Félix San Martín, insulta al vicegobernador Pedro Pesatti y al vocal gubernamental en el Codeci, Néstor Cullumilla, con palabras tan groseras y vulgares que lo convierten a él mismo en el sujeto más degradado del suceso.

Tanto, que el gobernador Alberto Weretilneck haría bien en disponer el rápido relevo del funcionario que tan pobremente habla de la calidad de sus colaboradores.

Los dichos de Félix San Martín –argumentó él mismo en su defensa- se pronunciaron en un ámbito privado y hace cierto tiempo: “En virtud de haberse hecho públicas manifestaciones mías vertidas en una charla privada y en un contexto particular durante el año 2017, lo que es lamentable que haya sucedido, y debido a la trascendencia que las mismas han tenido y considerando el perjuicio que pueden causar tanto a la investidura del vicegobernador o a su persona como al proyecto político en el que orgullosamente milito, como hombre de bien que soy, es que he resuelto presentar al aludido y públicamente las disculpas correspondientes, en aras de reparar una situación que difundida en este momento es utilizada para perjudicar al proyecto de gobierno que estamos llevando a cabo en nuestra querida provincia”.

Aun así, el contenido es tan particular que atraparía a cualquier analista de la psiquis humana. Su jefe en Gobierno, Luis Di Giácomo, es precisamente médico psiquiatra: Lejos de una crítica política, San Martín refleja una obsesión y repite una y otra vez sus palabras, con lo cual no puede invocar un exabrupto sino que, por el contrario, se regodea de su vulgaridad una y otra vez, ante un auditorio que oscila entre lo incrédulo y lo jocoso.

Más allá de las formas, la grabación en sí misma y su filtración confirman que Juntos Somos Río Negro estalla en disputas internas y que fue un “rejunte” que nunca se homogeneizó.

La renuncia de la secretaria de Coordinación del Ministerio de Gobierno, a mediados de abril pasado, fue la primera señal de la crisis en el oficialismo, con eje en la cartera más política del Estado. Suyay Urrutia, durante años mano derecha de Di Giácomo, se fue sin hablar, pero su salida del gobierno fue estruendosa.

¿Cómo ocultar bajo la fachada de “razones personales” el portazo de una mujer que fue candidata a legisladora y que articuló la relación con innumerables municipios, entidades civiles y sectores sociales? Difícil. En especial, cuando su partida se produjo tres días después de las elecciones en las que Villa Regina eligió intendente, y en medio de las acusaciones que vinculaban a personas allegadas al ministro con presuntas cuestionables maniobras para la captación de votos.

A principios de mayo, el exministro de Desarrollo Social, Ricardo Arroyo, anunció su retiro del bloque de legisladores de Juntos Somos Río Negro. El Frente para la Victoria se apuró a abrirle la puerta para su regreso al partido.

Y Di Giácomo aportó leña al incendio, cuando minimizó a Arroyo como la “pata peronista” de Juntos aludiendo que quien durante años fue un ministro clave del gobierno que él integra es sólo “una alita pequeña y con mucha grasa y poca carne”.

Cuando queda alrededor de un año para las elecciones en que Río Negro deberá elegir gobernador, resulta frustrante advertir cómo la provincia sigue atrapada en una dirigencia incapaz de pararse por sobre sus propias limitaciones técnicas, intelectuales y políticas.

 

 

 

 

 

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