Humor y política: El partido de la muerte

Alejandro Rojo Vivot

“Los pequeños rasgos humorísticos que producimos a veces en nuestra vida cotidiana surgen realmente en nosotros a costa de irritación; los producimos en lugar de enfadarnos”.

Sigmund Freud (1856-1939) (1)

El deporte en general y el fútbol en particular, con alguna frecuencia se ven envueltos en acciones políticas que, en algún caso, buscan manipular situaciones en beneficio propio y, en otras, por caso, como herramienta de menoscabo o exaltación.

Observados con atención algunos hechos nos permite focalizarnos desde una perspectiva humorística como, por ejemplo, cuando el payaso intenta hacer una cabriola y cae estrepitosamente. Un acto frustrado generado por un poderoso personaje, casi siempre, es más cómicamente festejado que cuando le sucede a un mortal común. (2)

Los enfrentamientos armados formalmente establecidos como las guerras, son acontecimientos de la humanidad sumamente aberrantes en sí mismos; además han sido escenarios proezas humanas y de, paradójicamente, lecciones de vida.

Los alemanes ocuparon Kiev (1941-1943) como parte del avances sobre Rusia, infligiendo a su población todo tipo de vejámenes y restricciones a la libertad (3), al trabajo, etcétera, al extremo que el hambre asoló al conjunto de sobremanera.

Para sobrellevar, aunque sea en parte, el panadero Josef Kordyk, ucraniano, dio empleo en su comercio a varios perseguidos como al afamado arquero Nikolai Trusevich, contraviniendo las rigurosas disposiciones en contrario.

Poco a poco fueron reuniendo a estrellas deportivas resguardándolos de la persecución.

En ese entonces existía el Club Futbolny Drynamomo Kyiv, cuyos dirigentes eran comunistas; le cambiaron el nombre para evitarse más problemas: F.c. Star.

Comenzaron a ganar inclusive a equipos conformados por nazis.

El 6 de agosto de 1942, en el estadio Zenir, se enfrentaron con el Flakelf, integrado por militares nazis (Wehrmacht), triunfando nuevamente (4).

En 1942 se jugó un memorable partido de fútbol en el cual, si los locales triunfaban les significaría la muerte, pues una victoria sería considerada por las autoridades de ocupación una afrenta a la dignidad alemana.

Se negaron a realizar el saludo nazi (!Heil Hitler¡) (5), ganando por un muy amplio margen, por lo que los alemanes se sintieron agraviados, arrestando a los jugadores oponentes; a algunos los torturaron, a otros los llevaron a un campo de concentración mientras que a varios los asesinaron.

Desde 1981 el estadio Zenit lleva el nombre Star; en Kiev la historia se mantiene viva y quienes conservan la entrada del partido de la muerte tienen pase gratuito para las actuaciones del Dynamo.

El desprecio, a veces, es una humorada: ya finalizando el partido en el que ganaban, Klimenko quedó solo frente al arquero nazi; en vez de convertir el gol, como una gran burla se dio vuelta y arrojó la pelota bien lejos, ante los gritos victoriosos de los rusos presentes y el oprobio de los alemanes.

(1) Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo I. Página 1164. Madrid, España. 1973.
(2) Esta cuestión merece una extensa reflexión en otra oportunidad.
(3) Prohibieron el campeonato nacional de fútbol.
(4) Quedó en la historia como “El partido de la muerte”.
(5) Con una mano en el corazón a viva voz dijeron: Fizculthura, de gran raigambre soviética en las actividades deportivas.

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