Sin “calma Mundial”, la política define candidatos y estilos para el 2019

Alicia Miller.

Si para algo sirve que a la Selección Nacional no le vaya (¿todavía?) bien en el Mundial de Fútbol de Rusia es para darle aire a la política en la Argentina, y en particular en Río Negro.

Lejos estamos de la “calma chicha” que todos esperaban durante la competencia. Se suceden reuniones a nivel nacional y en la provincia. En suma, las cosas van poniéndose más claras en cuanto a candidaturas se refiere.

En  el Partido Justicialista, Martín Soria lleva la delantera para convertirse en el candidato a gobernador. El silencio de la senadora Silvina García Larraburu después de anticipar que disputaría en elección interna con el roquense permite suponer una actitud expectante y abierta a la negociación.  El gesto de la semana fue el aval que los 19 intendentes peronistas de la provincia dieron a las aspiraciones de Soria, con críticas al presidente Mauricio Macri pero con un llamativo silencio respecto del gobierno provincial. ¿Un gesto para recibir a arrepentidos de Juntos?

En otros sectores, también se han definido por estos días cuestiones que pemiten delinear el futuro político de la provincia:

-Se diluye la posibilidad de que Cambiemos y Juntos Somos Río Negro vayan en alianza por la gobernación. Cambiemos, y en especial su eje partidario, el PRO, han resuelto ya jugar las elecciones del año próximo en forma autónoma. Y esto, como veremos, permite varias lecturas.

-Sergio Wisky se afianza como el candidato a gobernador por Cambiemos. Esto deja en un segundo lugar a Aníbal Tortoriello, quien iría por la reelección como intendente de Cipolletti, a José Luis Foulkes –que no puede ser reelecto porque cumple su segundo período- y a Lorena Matzen, la diputada nacional electa en 2017.

-El gobernador dijo que el ministro de Salud Pública, Fabián Zgaib, sería un excelente candidato. Pero, como al pastorcito mentiroso de la fábula, nadie le cree. Y esto tiene una explicación: Hace un mes dijo que quien sería un excelente candidato sería su ministro de Obras Públicas, Carlos Valeri. Y, así, promovió o alentó a varios antes.

Tener cuatro o cinco candidatos es indicador de que no se posee ninguno. El gobernador tira un nombre para medir la reacción, aun cuando -al hacerlo- debilite a todos los posibles aspirantes a sucederlo. Esto incluye a Pedro Pesatti, el único que no oculta sus ganas de serlo pero del cual el gobernador no quiere ni oír hablar.

-Weretilneck sabe que, en cuanto defina candidato de Juntos, su poder tenderá a disminuir considerablemente. De allí que demora las definiciones. Eso, sin considerar que efectivamente tiene una real dificultad para encontrar a la persona indicada.

“Dime de lo que alardeas y te diré lo que te falta”, señala el dicho popular. Y, a pesar de su nombre, Juntos es todo menos una mezcla homogénea. Como en la salsa criolla, cada ingrediente conserva su forma y sabor y sólo el gobierno los mantuvo cohesionados. Hoy, los peronistas ven con expectativa la posibilidad de que un candidato de su signo vuelva al poder y, aun quienes integran el gobierno de Weretilneck, marchan hacia allí más o menos abiertamente. Los radicales oficialistas, por su parte, se mueven hacia Cambiemos en la medida en que esa coalición fortalece su estructura en la provincia y define su estrategia. La diáspora es silenciosa pero pertinaz.

-En definitiva, la única herramienta que Weretilneck tiene hoy para ofrecer es su facultad de fijar la fecha de la elección de cargos provinciales. Con ello puede favorecer a amigos y complicar a adversarios, aunque nada de eso puede darle certezas sobre el resultado del comicio.

Si convoca a votar en octubre de 2019, en simultáneo con la elección presidencial, le otorgará ventaja a las dos fuerzas nacionales: el Partido Justicialista –vaya con la conformación que fuere el año próximo- y Cambiemos. Ambos podrán conseguir un efecto arrastre y aprovechar la publicidad que circula en todo el país.

Si anticipa el comicio al menos dos meses, fortalecerá la posición de su propia fuerza provincial, pero implicará para todos los partidos -y para el suyo propio- un gasto importante y un esfuerzo suplementario de movilización y preparación, cuando el invierno todavía se haga sentir en Río Negro.

Conociendo al gobernador, nadie supone que tome la decisión en base a ideologías. Hará, con seguridad, lo que le resulte más conveniente. Y esto es aún difícil de predecir, si se considera que Juntos no ha resuelto aún aliados ni candidatos, ni ha definido un plan de transición para cuando se acerque el fin de su mandato.

Sergio Wisky se anticipó a opinar sobre la eventual resolución de la fecha, temiendo lo peor para su sector: un año con elecciones múltiples, si los municipios y la provincia convocan en fechas desdobladas, contando las PASO obligatorias y sin descartar un eventual ballotage para presidente y vice de la Nación. “Podría haber siete elecciones”, alertó. Dijo que la ciudadanía se “pudre de nosotros” (de los dirigentes), porque la somete a un esquema engorroso de acudir cada dos meses a elecciones.

Por lo pronto, Martín Soria y Sergio Wisky ya recorren la provincia, resueltos a jugar la única carta de ventaja que tienen respecto de Juntos: ya se sienten candidatos y, aunque no tengan definido aún quién los acompañará como vice, manejan encuestas que les muestran sus fortalezas y debilidades. Los dos confían en poder avanzar sin el desgaste de elecciones internas. Y, en la intimidad, elaboran discursos, propuestas y argumentos de campaña.

Muy lejos, en Rusia, la Selección Nacional lame sus heridas.

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