En Río Negro, todos se muestran los dientes

Alicia Miller.

Es éste un tiempo particular en Río Negro: la transición ya ha comenzado, aunque todavía no se conozca quiénes serán los protagonistas del tiempo futuro y tampoco cuáles serán las reglas con que se disputará el juego.

Enemigos íntimos

La frase que resume el momento actual en la cúpula de los partidos políticos podría ser: “No hay peor enemigo que el que fue tu amigo”.

Ese ánimo define la tensión entre el gobernador Alberto Weretilneck y el vicegobernador Pedro Pesatti –por un lado- y los cruces verbales entre el senador Miguel Pichetto y el presidente del Partido Justicialista rionegrino, Martín Soria, por el otro.

Pesatti insiste en querer ser candidato a la gobernación y el gobernador, que le decía “de ningún modo” ahora le palmea la espalda con un “puede ser, pero…”.

Los acercamientos a Juan Manuel Urutubey y luego la reunión en la Casa de Gobierno que sumó a Juan Manuel Pichetto -hijo del senador, alientan al viedmense en la misma medida en que irritan a Martín Soria.

Si la relación del intendente de Roca no es fácil con Pichetto desde aquellos días posteriores a la trágica muerte de Carlos Soria, ahora toda esperanza de un diálogo sereno y franco entre ellos parece dinamitada.

Para el senador, Soria cruzó los límites cuando se convirtió al kirchnerismo –aun después de que ese sector dejara el gobierno- y en el momento en que resolvió sumar a Magdalena Odarda a su estrategia electoral. Varios temas los separan diametralmente hoy: Pichetto está a favor de que se instale en la provincia una central nuclear. Y deplora los embates contra la usina hidroeléctrica de Joe Lewis -a quien, a su juicio, se cuestiona por ser extranjero y no porque incumpla la ley- y contra la renegociación de la concesión del cerro Catedral a los hermanos Trappa, dueños también de Vía Bariloche.

Para Soria, pesan estos temas políticos en el sentido opuesto pero –sobre todo- la falta de empatía que lo distancia de Pichetto.

Entre uno y otro han quedado encerrados los militantes y dirigentes intermedios del peronismo en Río Negro, muchos con responsabilidades institucionales como intendentes o legisladores. Algunos prefieren el silencio, otros se han definido ya con claridad por uno u otro sector. Y todos sopesan los efectos de la lealtad, los alineamientos nacionales y hacia dónde girará el poder en la provincia.

¿Tan Juntos?

En el sector de Juntos Somos Río Negro las cosas no están más tranquilas. Ya pasó la mitad del año, el partido está lejos de definir candidaturas y no tiene claro siquiera quiénes serán sus aliados. La estrategia de Weretilneck de “dejar fluir” le conviene a él mismo –porque demora su salida del centro de la escena- pero complica las posibilidades de su partido, ya oscuras por la lógica “nacionalización” de las elecciones del año próximo, dominadas por la definición de la fórmula presidencial.

Después de coquetear con Cambiemos, Weretilneck se acerca ahora al Peronismo Federal, pero sigue con las encuestas en la mano, por si algún cambio de humor político le recomienda un nuevo viraje que mejore las perspectivas. Su pragmatismo sigue muy por delante de sus convicciones políticas.

¿Puede Pesatti ser candidato?

Con aliados o sin ellos, en Juntos sigue vacío el casillero principal: el de candidato a gobernador. Sonaron alternativamente Mónica Silva, Carlos Valeri y Fabián Zgaib, y ahora Pedro Pesatti sonríe para las cámaras aun cuando –desde lo jurídico- podrían regir para el viedmense las mismas incompatibilidades que le impiden ser candidato al gobernador Alberto Weretilneck.

El Artículo 175 de la Constitución de Río Negro señala que “el gobernador y el vicegobernador pueden ser reelectos o sucederse recíprocamente por un nuevo período y por una sola vez. Si han sido reelectos o se han sucedido recíprocamente, no pueden ser elegidos para ninguno de ambos cargos sino con un período de intervalo”.

La cuestión es si el término “reelecto” cabe para Pesatti, teniendo en cuenta que desde agosto de 2014 hasta el final de ese mandato en diciembre de 2015, fue elegido vicegobernador por la Legislatura, tras el fallecimiento de Carlos Peralta. ¿Tiene esa designación los mismos efectos? Ese es el punto.

La elección por la Legislatura está prevista en el artículo 180 de la Constitución, que habla de cómo se resuelven los casos de acefalía por muerte, destitución, renuncia o inhabilidad definitiva del gobernador y del vice. Allí se prevé que en caso de fallecimiento, destitución, renuncia o inhabilidad definitiva del vicegobernador, lo designa la Legislatura entre sus miembros, a propuesta del Poder Ejecutivo, por mayoría absoluta de votos en la primera votación y por simple mayoría en la segunda.

El vicegobernador así electo tiene facultades plenas. No le cabe ninguna limitación en sus funciones como sí prevé la Constitución para el caso de que el presidente del STJ debiera asumir temporariamente desde el fin de un mandato hasta la proclamación de los sucesores.

Además, es evidente que Pesatti se sucedió a sí mismo en 2015, ya que antes y después del 10 de diciembre ocupó el cargo de vicegobernador.

Así, es válido considerar que, aunque parcial en el tiempo, Pesatti ocupó el cargo de vicegobernador en dos períodos y, por lo tanto, no puede aspirar a integrar la fórmula como candidato a gobernador o a vice si no es con el intervalo de cuatro años.

La posibilidad de dejar avanzar más el tiempo para arriesgar a todo o nada una resolución del tema en manos de la Cámara Electoral o el Superior Tribunal de Justicia está siendo debatida entre los asesores del oficialismo. Pero ¿hay tiempo para esperar y, en todo caso, para buscar un Plan B?

¿PASO, elección general y segunda vuelta?

Weretilneck es el dueño de la pelota y, como tal, demora en definir las reglas que regirán los comicios provinciales del año próximo, hasta ver qué convenga más a sus fines.

A Juan Manuel Urtubey –proyectado como candidato por el Peronismo Federal- le conviene sumar comicios provinciales simultáneos con la elección presidencial, para traccionar a favor de la fórmula. Aun cuando algunas –como Río Negro- tengan un caudal electoral más que modesto frente a gigantes como Córdoba, Santa Fe o el Conurbano bonaerense.

Pero hoy todo es materia de negociación. Weretilneck ya sabe lo que puede pasar en elecciones con sesgo nacional. En 2017, su partido salió tercero en la provincia en las PASO para diputados nacionales, lo que llevó al gobernador a retirar la candidatura de Fabián Gatti para el comicio general.

Ahora, diseña el modo de que, en caso de que el electorado se dividiera en tres para la elección presidencial, una segunda vuelta desdoblada favorezca las posibilidades de su partido para la gobernación rionegrina. El “detalle” de que esa opción no esté contemplada en la Constitución ni en el Código Electoral rionegrino fue minimizado ayer por el ministro de Gobierno, Luis Di Giácomo, en diálogo con el periodista viedmense Miguel Roa. “La segunda vuelta es válida, porque plantea sólo la pluralidad de sufragios, no plantea nada que no sea la voluntad popular”, dijo.

Hizo caso omiso de que el Código Electoral rionegrino dice en su artículo 125 que gobernador y vice son elegidos “a simple pluralidad de sufragios”, lo que implica que la fórmula que obtiene más votos resulta electa, sin importar qué porcentaje de votos obtenga y cuál sea la diferencia con la que obtiene el segundo lugar.

En fin, podría decirse que la campaña recién empieza, que será larguísima y que, a juzgar por cómo arranca, el clima político será subido de tono y con gruñidos en el horizonte.

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