Oscar Centeno:¿ Testigo protegido o escondido?

Aleardo Laría.

Al ex suboficial del Ejército Oscar Centeno, se le atribuye la redacción de los famosos cuadernos que conforman la viga maestra que sostiene la causa que investiga el juez Claudio Bonadío. La simple mención en esos cuadernos, ha servido para ordenar la prisión de numerosos ex funcionarios del gobierno de CFK y de varios empresarios vinculados a la obra pública. De modo que con independencia de que los cuadernos originales han desaparecido y solo se conservan copias digitalizadas, es innegable el valor que el juez le otorga a esas anotaciones para justificar medidas tan extremas como las que ha adoptado. Sin embargo el punto oscuro de la construcción del juez Bonadío reside en que no ha sido aclarado el motivo que habría inducido al chofer Oscar Centeno a llevar un registro tan minucioso, casi obsesivo, consignando innumerables datos vinculados con los lugares y personas visitados en los recorridos que hacía conduciendo el auto que trasladaba al licenciado Roberto Baratta. De allí surge una duda razonable: al incluirlo a Centeno en el régimen de protección de testigos, ¿se lo ha querido proteger o solo mantenerlo aislado de las preguntas indiscretas de periodistas u otros investigadores?

En la declaración indagatoria prestada el 2 de agosto. en su condición de arrepentido, Centeno declaró lo siguiente: “Yo tomé como costumbre anotar todo, al principio los lugares donde íbamos, más que nada, por si me pedían volver al algún sitio, saber donde quedaba. Siempre llevaba las libretas al costado del asiento o en el buche de la puerta y si me indicaban concurrir al mismo lugar del día anterior, consultaba en el cuaderno”. Se trata, obviamente, de una declaración evasiva y reticente puesto que no explica el motivo por el cual hacía una descripción tan minuciosa de los vehículos de las personas con las que contactaba el licenciado Roberto Baratta, anotando inclusive el número de la matrícula de los autos, o rodando breves secuencias con su cámara de fotos.

El defensor oficial de Centeno, Gustavo Kollman, consciente de que la declaración de Centeno no desvelaba el motivo por el que chofer llevaba un detalle tan prolijo de sus servicios, intentó aclarar, pero lo hizo de un modo curioso, acusando indirectamente a su defendido de extorsionador. Dijo el abogado que (todo) “comenzó como una costumbre, tal vez originada en su pasado castrense, de llevar una especie de bitácora de novedades. Eso sumado a su trabajo de remisero, que llevan una libretita donde anotan sus viajes. Por eso tomaba nota de todo. Pero además, de alguna manera, las cosas que escuchaba y veía lo hicieron ser más minucioso aun como para tener una especie de resguardo. Aunque no lo crean, él tenía miedo de perder su trabajo y un poco también de las consecuencias ulteriores de todo esto”.

Por consiguiente, conocer de boca del propio Centeno los motivos por los cuales llevaba esas supuestas anotaciones y a quien reportaba, es un dato de enorme relevancia para la causa. Una hipótesis plausible, que manejan algunos abogados defensores, es que Centeno actuaba, como acontece con tantos suboficiales retirados, como “antena” de los servicios de información del Estado. Sus anotaciones se habrían incorporado a una de las famosas carpetas que la ex SIDE conservaba a la espera de un cambio de Gobierno para entregarlas solícitamente a las nuevas autoridades. Si este fuera el caso, toda la operación mediática, basada en la sagacidad profesional de un periodista de La Nación, se revelaría como una operación de inteligencia, dañando la legitimidad de origen de la investigación judicial. De modo que aclarar este extremo es de fundamental importancia para el resultado final del proceso.

A partir de su declaración, efectuada ante el fiscal y el juez, en presencia de un defensor oficial, se le otorgó a Oscar Centeno la condición de “testigo protegido” lo que ha permitido ponerlo fuera del alcance de los periodistas y de cualquier persona interesada en develar el misterio que rodea su intervención. Si bien la ley 25.764 que regula el Programa Nacional de Protección a Testigos e Imputados estableció que es condición inexcusable para el ingreso al Programa la aceptación de la protección por parte del supuesto beneficiario, a Centeno el juez Bonadío lo puso entre la espada y la pared. O aceptaba acogerse al sistema de Protección o quedaba preso, de modo que dado que las medidas de protección importan restricciones muy importantes a la libre movilidad del protegido, sería conveniente que organizaciones de derechos humanos pudieran entrevistarse ahora con Centeno y verificar que efectivamente ha sido su voluntad someterse al Programa ofrecido.

Cabe añadir aquí que la ley prevé que el Programa solo se aplica a testigos o imputados en causas de narcotráfico, terrorismo y delitos de lesa humanidad. De modo que en principio no cabría su aplicación en una causa por exacciones ilegales o sobornos que no puede equipararse a los delitos citados anteriormente. Sin embargo, como acontece a menudo con la legislación argentina, siempre se dejan puertas abiertas para que se las leyes se apliquen por razones de oportunidad política. En el caso de la ley 25.764 se establece que “a requerimiento de la autoridad judicial, el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos podrá incluir fundadamente otros casos no previstos en el párrafo anterior cuando se tratare de delitos vinculados con la delincuencia organizada o de violencia institucional y la trascendencia e interés político criminal de la investigación lo hagan aconsejable”.

En relación con el consentimiento prestado por Centeno debe tenerse en cuenta que en la declaración ampliatoria prestada al día siguiente de la primera, en la que revela que los cuadernos fueron pasto de las llamas, Centeno declara que “la confusión en relación al destino de los cuadernos fue par la situación que estaba viviendo, estaba detenido hacía dos días y no había podido dormir”. En efecto, las fotografías publicadas en la prensa, lo muestran a Centeno con el pelo revuelto y aspecto de zombie, de modo que la aceptación en el Programa Nacional de Protección de Testigos puede haber sido otorgada en circunstancias en las que no estaba en pleno dominio de sus facultades.
Los testigos sometidos al sistema de Protección son alojados en forma transitoria en lugares reservados, lo que supone un aislamiento total con respecto a familiares y amigos. Reciben una documentación que acredita una identidad bajo nombre supuesto y deben mantener en reserva su condición de protegido, estando obligado a actuar dentro de los límites de las medidas de protección, manteniéndose alejado de la zona de riesgo, siempre bajo las instrucciones que le impartan las autoridades. De modo que en la práctica, una medida de protección puede favorecer que las autoridades interesadas en evitar el contacto con los medios de prensa o los abogados defensores, lo mantengan en un estado de virtual secuestro.

En un reportaje publicado por la revista Noticias el pasado 17 de septiembre se brinda información sobre la “nueva vida del chofer Oscar Centeno”. Se informa que Centeno “lleva un mes escondido en un domicilio al que sólo llega su custodia y la psicóloga que lo escucha cuando está mal. No puede recibir visitas pero espera la llegada de su defensor oficial. Si quisiera visitarlo, el abogado tendría que disponer de entre 24 y 48 horas entre ida y vuelta. Y estar dispuesto a aceptar medidas extremas, como el vendado de ojos. Como en una película. El punto exacto del país donde vive el ex chofer de Roberto Baratta es reservado”. Se añade luego que “las únicas personas con las que interactúa son “Los Lobos”, los penitenciarios a cargo de su integridad. Se turnan para custodiarlo, rotan para no acostumbrarse a la rutina y se reparten en distintos anillos de seguridad”, según explicó a la revista Juan José Benítez, subsecretario de Justicia y Política Criminal.

Centeno es una persona mayor –tiene 63 años- y ha padecido varias enfermedades crónicas que pueden llevar a acortar en forma natural el período estadístico de esperanza de vida. Si esta hecho se produjera en el actual encierro, daría inmediatamente pábulo a todo tipo de especulación, por lo que debería ser de interés del propio Gobierno facilitar algún tipo de comunicación entre Centeno y organizaciones de derechos humanos que lo puedan interrogar libremente acerca de su situación y el grado de voluntariedad por el que ha ingresado en el Programa de Testigos Protegidos. Son tantas las irregularidades registradas en esta causa por la actuación arbitraria del juez Bonadío, que cualquier desenlace trágico solo contribuiría a aumentar el extendido escepticismo que rodea el caso de los cuadernos de Centeno.-

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