Macri, «en el lugar de la izquierda»

Aleardo Laría.

En una nota publicada en La Nación, el conocido historiador Luis Alberto Romero juzga que “Cristina se ubica en la derecha; Macri, en el lugar de la izquierda”. En opinión del historiador, “desde la Revolución Francesa, se ha llamado derecha a la defensa del statu quo, e izquierda, a las propuestas de transformarlo”. De allí que afirme convencido de que “hoy la oferta de Cristina Kirchner se ubica en el mantenimiento del statu quo, es decir, en la derecha. Macri encarna su modificación, la modernización y el progreso. Ese es el lugar tradicionalmente asignado a la izquierda”. Hasta el momento, nadie en Argentina se había atrevido a situar a Macri “en el lugar de la izquierda”. Sorprende la audacia de este malabarismo intelectual que como en la neolengua orwelliana intenta que los deseos del poder puedan doblegar a las evidencias de la realidad.

Luis Alberto Romero -firmante junto con otros intelectuales de la solicitada de apoyo a la reelección de Mauricio Macri- opina que “detrás de Mauricio Macri están los que consideran importante robustecer las instituciones republicanas y consolidar el Estado de Derecho. Priorizan la reforma del Estado y su liberación de las constricciones de intereses. Creen que un Estado en forma puede liberar de bloqueos las fuerzas productivas y sustentarlas con un orden institucional fuerte. Son conscientes de los costos iniciales de cualquier transformación y de los muchos fracasos del Gobierno, por no poder o no saber. Pero a la vez valoran el consistente inicio del camino de transformaciones”.

No cabe duda de que Luis Alberto Romero está convencido de lo que dice. Su opinión es representativa de un grupo de pensadores liberales que han hecho del respeto a las instituciones una reivindicación permanente. Justamente por ese motivo sorprende la facilidad con que este sector intelectual ha podido ignorar las graves violaciones institucionales cometidas por el gobierno de Mauricio Macri. Violaciones que instalan a Macri en el espectro de los gobiernos autoritarios de ultraderecha, junto con sus aliados geoestratégicos Jair Bolsonaro y Benjamín Netanyahu, sin que haga falta, a los efectos de nuestra argumentación, acudir a reseñar el programa económico neoliberal desplegado ya que es suficiente la estricta referencia al marco institucional.

La política de seguridad de la ministra Patricia Bullrich es una prueba patente de la ideología de ultraderecha que la preside. La defensa a ultranza de la cultura del “gatillo fácil” instala a Argentina en las mismas coordenadas que los gobiernos de Bolsonaro y Netanyahu, donde la “seguridad” es entendida como la eliminación física del riesgo, es decir de los “enemigos”. Lo que en la práctica supone algo peor que instalar la pena de muerte, porque en los países donde se aplica, al menos los presuntos culpables tienen la posibilidad de ser declarados culpables luego de haber sido sometidos a juicio.

En materia de respeto a la división de poderes y a la esfera de autonomía del Poder Judicial, nunca, en democracia, se había llegado a los extremos de vulneración que se han alcanzado en el gobierno de Macri. Existen ya abundantes evidencias del armado de causas judiciales con la colaboración abierta de algunos jueces y fiscales federales que no han vacilado en ponerse al servicio del Poder Ejecutivo para llevar a cabo una guerra jurídica contra los dirigentes de la oposición. Una política que sigue la senda de lo acontecido en Brasil, donde la intervención de jueces amigos ha permitido sacar de la carrera electoral al ex presidente Lula da Silva.

En lo que se refiere a la cuestión del uso partidista del Estado -un tema que ha sido constantemente esgrimido como rasgo característico de los gobiernos populistas- no se registra progreso alguno. La designación de militantes políticos en la Administración pública; el uso del dinero público para alimentar las redes de “bots” políticos, es decir perfiles usados para atacar a los adversarios políticos; el uso del helicóptero presidencial para trasladarse a actos partidarios; el uso de decretos-leyes para derogar leyes como la Ley de Medios o para posibilitar que el hermano del presidente blanquee el dinero de la familia; la utilización de las facultades presidenciales para resolver los problemas de la familia presidencial, como en el caso del Correo Argentino; son evidencias incontrastables de que la cultura patrimonialista no ha sufrido variación.

Pero en donde la República ha sido gravemente afectada es en el uso escandaloso del aparato parapolicial instalado en las cloacas del Estado para llevar a cabo todo tipo de operaciones políticas dirigidas a desprestigiar a la oposición. De este modo hemos asistido a la interminable reproducción de conversaciones privadas capturadas por la Agencia Federal de Inteligencia con diversos subterfugios, para zaherir al adversario político. En casos más graves, se ha conseguido el concurso de testigos falsos para contribuir al armado de causas judiciales o se ha utilizado información confidencial para conseguir apartar a algunos integrantes y cambiar la configuración de alguna Cámara Federal.

De modo que con este breve recordatorio, resulta difícil situar al gobierno de Macri en la izquierda del espectro político. La intrepidez de esta construcción intelectual trae a la memoria la opinión de Nietzsche –“Más allá del bien y del mal”- frente a ciertos desvaríos de los intelectuales: “lo que nos incita a mirar a todos los filósofos con una mirada a medias desconfiada y a medias sarcástica, no es el hecho de darnos cuenta una y otra vez que son muy inocentes –de que se equivocan y se extravían con mucha frecuencia y con gran facilidad, en suma su infantilismo y su puerilidad- sino el hecho de que no se comporten con suficiente honestidad: siendo así que todos ellos levantan un ruido grande y virtuoso tan pronto como se toca, aunque sólo sea de lejos, la cuestión de la veracidad. Todos ellos simulan haber descubierto y alcanzado sus opiniones propias mediante el auto-desarrollo de una dialéctica fría, pura […] siendo así que en el fondo es una tesis adoptada de antemano, una ocurrencia, una inspiración, casi siempre un deseo íntimo vuelto abstracto y pasado por la criba lo que ellos defienden con razones buscadas posteriormente”. Todo humano, demasiado humano.

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